En una sociedad propensa ala homogenización y a la objetivación como
una respuesta a aquello que no puede soportar y contener, surge el hospital
como depósito donde irán a parar los indeseables, aquellos “anormales”que no pueden responder a su propia existencia.
La segregación será la única respuesta
socialy el manicomio elLugar que vaa remplazar al asilo leprosario. Con las paredes ennegrecidas trasuna combinación de lágrimas, sangre y
suciedad. Sobresale el olor fétido resultado dela mezcla de sudor, excrementoy
creolina. Transcurre la vida de los pacientes en el hospital conlo queaparece como una amarga calmacontenida en unaestructura
asilar compuesta por barrotes, cadenas, argollasyataduras. Camina aprisa la maquinariacapitalistasin detenerse a
escuchar el murmullo o el silencio del alienado. Aislado o agitado con las
ropas rasgadas, la mirada extraviada y el semblante doliente deambulan por los
pasillos húmedos y obscuros cargando pecado, sinrazón y culpa.
Así se organizaráuncampo de batalla en la que el loco no puede ni ganar ni del que podrá
escapar. En primer lugar, porque debe reconocer su locura, en segundo lugar
porque ese reconocimiento lo hace víctima de una situación de disparidad ante
el orden médico.
De lado de la institución se
encontraráel psiquiatra, rígido
representante del poder,del cual
dependerá sostener el orden asilar, que se ejerce a través de relevos. El
exceso decontrol sobre los cuerpos, en
una arquitectura de encierro con medidas administrativascruelesydiscursos disciplinariospresentaal hospital psiquiátrico como un dispositivo de control social.
Las enfermeras serán las esclavas sumisas del orden psiquiátrico a través de sus actos que les posicionan como
representantes del poder yla ley
médica. Es una disciplina severadonde
oscilarán las amenazas, el control, y la vigilancia extrema, propias de una madre
castrante.
El horario del hospital ordena que la
medicina en la boca les sea vaciada por el pecho malo kleiniano que es la
institución, imponerlelos temas
terapéuticos a abordar, obligarlos a hablar o callar. Sostener horarios
inamovibles seránmedidasde tratamientosque llevaran aeliminarla individualidad.
La enfermera se complementará con un
cuerpo instrumentado compuesto por cuidadores y vigilantes, que refuerzan la
imagen carcelaria del encierro. Serán capaces de someter y suprimir a los
alienados. Ejercerán el control de los cuerpos tras métodos crueles de
sujeción, sedación, las terapias de electroshock que aún llegan a usarse, a fin
de que el enfermo se doblegue y vaya perdiendo ímpetu y emotividad.
Pinel logró liberara los insensatos de las cadenas y la
animalidad en el siglo XVIII, lo que quizá no contempló Pinel,es que losliberaría de las cadenas pero no los sacaría fuera de la prisiónllamadamanicomio. Junto con un grupo de pensadores médicos del siglo XIX entre
los que se cuenta su alumno Esquirol, constituye un pensamiento radicalque marcalos principios metodológicos de una tradición de la que no nos hemos
desprendido, los locos siguieron atados de otras maneras más sutiles y más
difíciles de detectar, porque supuestamente todas las medidas se hacen en
beneficio de ellos.
Heredero de una tradición nominalista,
consideraba que el conocimiento es un proceso que se asienta en la observación
empírica, la cualda cuenta dela realidad, más que constituirla. Por lo que
deberáagrupar, y clasificar en función
de analogías y diferencias los fenómenos observables. Así,constituirá clases, géneros y especies. Ese
gesto de observar y clasificar síntomas, desembocaráen una nosografía.Un saber supuestamente preciso, pero a final
de cuentas, limitado sobre los fenómenos observables. Condición que dará a la
locura una consideración histórica de un “espíritu de orden” empírico y
aplicado al desorden de la insanía mental. Donde la observación puraserála finalidad última del conocimiento y a veces, de la cura misma.
El tratamiento moral de la locuraserá el
legado dePinel, por lo queel locose encontrará siempre en deuda con el psiquiatray desde la primera mirada, veremos queel médico siempretendrá una
posición privilegiada de poder. Así vamos a percibir a un psiquiatra distante
que soloobservará al pacientecomo un objeto de estudio.
El médico tendrá su oficina aparte. Jamás
entrará a los pabellones y desde su torre en alto, observará la vida de los
pacientes e impondrá su autoridad paternal proponiéndose como imago
superyoica,que se impondrá al loco –
debe ser “modelo” así lo refiere Pinel en su Tratado medico filosófico – para evaluar su inclusión o
exclusiónsocial. Pero el resultado
final debe ser hacer un sujeto conforme a las reglas, apartir del ejercicio de normalizar.
Así el legado de Pinel será el tratamiento
moral que privilegiará la mirada ante la escucha; aquél que obliga a los
colaboradores del hospital a tratar al enfermo como un niño, que será
favorecido con horas elaborando piñatas o manualidades, haciendo rompecabezas, viendo películas
infantiles o la serie completa de Cantinflas, suministrándole las horas de
televisión, poniéndolo a hacer calistenia, condicionándoles las visitas o salidas del
hospital; imponiéndoleuna conciencia
de enfermedad que no es otra cosa que de inferioridad y sumisión. Cuando el
loco asume que está enfermo yque el manicomio
es su espacio de pertenencia que no puede evitar,cuando sabe que debe cargar con una
enfermedad que trae consigo como estigma de por vida, se asume que ha llegado
la cura y es ahí cuando podrá ser dado de alta. El sistema ha triunfado
doblegando la voluntad humana y la particularidad del internado.
Tras un interrogatorio inútil donde a
través de diferentes pruebas, se va a evaluar objetivamente la memoria a corto
plazo, el transcurso del pensamiento, las semejanzas y diferencias en refranes
u objetos, así como el nivel de insight, el tan previsible carácter iatrogénico
y supresivode la psiquiatría se hace
manifiesto.
Elalienado no será considerado más que un desecho social o un infectado,
como antes lo era el leproso. El hospital es una cárcel y los profesionales
de “salud mental” (psicólogos, camilleros, trabajadores sociales, talleristas, psiquiatras, enfermeros, cuidadores y vigilantes), son más que alienistas:
custodiosjudiciales.El empleado más valorado, será aquel, que
como en el circo, sea el mejor adiestrador y el que más animales amaestrados
acumule; aquellos que cómo la haría la enfermera Ratched (One flew over the Cokoo’s
nest, 1975), vendan su vida al hospital y como perros fieles se convierta en
los ojos de la mirada de la institución. La locura y la cordura será una línea gruesa, trazada con gis borroso entre
empleados e internados. Pues: ¿Cómo pensar que el médico, la enfermera o el
policía, no posean una patología que les permite ignorar, desdeñary aplastar al otro? Conozco el caso del un
reputado psiquiatra de cierto hospital psiquiátrico que abofeteó a un paciente por las cosas que le decía.
La respuesta no es fácil y la insumisión
al poder no puede ser el único criterio de salud, tampoco lo puede ser el
dañarse a sí mismo o los otros. Respuestas acabadas no hay éstos hechos
complejos, pues la locura “es un acontecimiento social y no de individuos
aislados” como nos lo dijo alguna vez,Juan Carlos Plá.
Durante mi experiencia profesional en
hospitales psiquiátricos, fui testigo de los abusos que sevive en ese encierro, observé que la salud
mental en nuestro país es un tema que no ocupa ni interesa a nuestras
autoridades, que la mayoría del presupuesto va encaminado a otras áreas como la
epidemiología, las adicciones,la
llamada “salud pública” oprogramas que
ni siquiera estánvigentes pero que
suenan bien en términos políticos.
Asimismo, que nuestra profesión de
psicólogos, se basa en convertirnos en fieles auxiliares de la psiquiatría,
reduciéndonos a la clinimetría, psicometría y estadigrafía que conceden al
número un valor de verdad mágica, de hecho fehaciente sin cuestionamiento. La
cura se basa en una terapia sintomática donde se privilegiara a la cantidad y
no la cualidad, dónde importara cubrir connúmeros una cuota asalariada similar a la de producción en una fábrica
de zapatos o chocolates,en lugar de
responder a necesidades de una comunidad y un sujeto sufriente donde su
padecimiento pediría más bien la comprensión y la búsqueda de un sentido.
Me tocó ver cómo los pacientes sacan
comida de la basura,Que su dignidad y
voluntad es pisoteada. Vi pacientes deambular descalzos, sin ropa interior o
toallas sanitarias. Observé su vida transcurrir entre el hacinamiento y la
pobreza social en reclusión. La imposición es la que rige siempre la cura
yaquellos que reniegan de la
autoridad,deberán de ser sometidos a un
dominio de poder que poco a poco irá desgastando su físico, su integridad moral
y mental. La locura será sinónimo de pecado y el encierro es el Infierno
merecido para vivir el resto de su vida como si fuese la eternidad después de
la muerte. Los pacientes seránabandonados por la familia y la sociedad, en unsistema carcelario que poco a poco lograraasesinar, desintegrarsu alma.
La tarea delmanicomio enajena al sujeto sufriente,
haciéndolo inútil y seriado, perteneciente a una empresa cara e improductiva
que lo conduce a la cronicidad.La
relación saber-poder estará íntimamente ligada entre el aparato judicial y el
manicomio. Es un mundo desolado, dónde el enfermo mental yace en el encierro,
expuesto a toda suerte de abusos, sometido al poder de un saber médico
omnipotente, que se ha dado en llamar psiquiatría. La institución reglada
requiere de un individuo disciplinado por lo que será necesario normalizarlo,
evaluarlo, codificarlo,yobservarlo
Todos los instrumentosson armas para la opresión del loco ysu historia, la locura estará, por otro lado,
ligada a un horizonte de pobreza, la improductividad, la inadaptación social,
se ha convertidoen un problema moral,
de dimensiones éticas. Confinado bajo una actitud distintiva de indiferencia
que solo será reglada por etiquetas, el loco desfallece.
El psicoanálisis ha tenido avances
importantes a la fecha, pues desde el inicio Freud ha dado un papel
importantea la infancia, la
imaginación, la historia y palabra del sujeto, lo que ha venido a abrir una
esperanza a aquellos que solo han sido abordados desde una perspectiva
organicista. La clínica psiquiátrica ha olvidado que el fin de la cura es
restituir al hombre sufriente a su cualidad de sujeto: dueño de su palabra y de
su historia. El interés que tiene Freud desde los inicios ysu ruptura que tienecon la simpleanatomía enel Proyecto de una
psicología para neurólogos nos invita amirar a cada caso como producto de una historia particular, familiar, de
un entretejido de tres o más generaciones. Cómo un sujeto dueño de su historia
y su decir, con plenos derechos que se encuentra agobiado por el sufrimiento
pero también puede acceder a la palabra.El delirio, en el cual vemos el producto de la enfermedad, es en
realidad una tentativa de curación;la
locura seria una reconstrucción fallida. Una alternativa sufriente a una
realidad a la cual, el loco ha intentado escapar. La tarea del los terapeutas
debería ser escuchar y atender ese dolor añejo que no debiera causar, miedo,
angustia, asco, desesperación oansias
de imposición.
El asilo reduce las diferencias, reprime
los vicios y borra las irregularidades. Castigará todo aquello que se oponga a
las virtudes esenciales de la sociedad: la inmoralidad, la extrema perversidad
de las costumbres, la ebriedad o la galantería indiscriminada, la incoherencia,
la pereza, el satirismo, y la masturbación excesiva. A estos males, se agregará
posteriormente, el intento de suicidio, la prostitución y la homosexualidad.
Estas son las figuras por excelencia de la sin razón y se relacionan con la
figura de la decadencia social que más tarde será substituida por la
depravación.
Con Foucault entendemos que “enfermedad
mental” y “locura”, son dos configuraciones diferentes que, desde el siglo XVII
hasta ahora, se han reunido y confundido una con otra.
Aunque la medicina y en concreto la
psiquiatría, intente quitar las aristas más aterradoras a la insania mental
reduciéndola a una trastorno biológico, genético, neurológico, a desequilibrios
electroquímicos del sistema nervioso, el halo poético lírico en torno a la
enfermedad persistirá, porque en ella hay también algo irreducible al dominio
de la razón y que anticipa el vacío de la muerte.
Ciertos procedimientos médicos radicales
como la lobotomía de Freeman, la hidroterapia con agua fría, y hasta los
electroshocks, están más cerca de la terrible Inquisición que de un verdadero
sentido terapéutico.
Michel Foucault en particular, es muy
severo en su análisis del poder psiquiátrico, nos referimos a su curso de 1973
– 74 y al seminario de 1974 – 75 sobre Los Anormales en el contexto de sus
obligaciones del Collège du France, allí hace patente la relación entre espacio
asilar y orden disciplinario. La internación y la asistencia, los informes
sobre el alienado son modos de control social que no disimulan su relación con
una matriz jurídico - política específica surgida de la razón occidental, y no
sólo del capitalismo. Debemos recordar, en este sentido, que la disidencia
política y la homosexualidad fueron motivos de encierro psiquiátrico y persecución
en la, hasta hace poco desaparecida, Unión Soviética.
En el mundo médico, la hipnosis, el
tratamiento moral, la sugestión, han sido substituidos por los antidepresivos,
los antipsicóticos (no se trata de negar la importancia de medicar adecuadamente a los pacientes, pero se hace hasta el exceso) y toda la farmacopea mágica que intenta borrar la
incoherencia y el afecto desordenado del sujeto, a esto se le llama progreso. El paso del psicoanálisis por la psiquiatría ha querido ser borrado en nuestro
país, y en otros contextos culturales, vivimos en la época del café
instantáneo, de la fast food y de la prét a porter. Por tanto se esperan
resultados rápidos: ¿Me aqueja el insomnio? Pues tengo a mano el Lozopil ¿Me
abandona la mujer que quiero? Para no deprimirme ingiero Prozac ¿Mi hijo tiene
el tan mentado y cuestionado Déficit de atención e hiperactividad? Debe tomar
Catapres. Las causas de todos éstos síndromes no se cuestionan para nada. El
resultado triste es la creación de zombies dependientes de su medicación, el
tratamiento en este caso se convierte en rito sacrificial y expiación de la
culpa de terceros.
En este sentido, establecer los límites claros entre cordura y locura es un intento finalmente destinado al fracaso, puesto
que el loco y el cuerdo nunca terminan por separarse. La locura forma parte del
mundo moderno y consiste en un núcleo irreducible, el corazón de la naturaleza
humana.
Después de todo, muchossomos juzgados, condenados, clasificados,
obligados a competir, destinados a vivir de un cierto modo o a morir en función
de unos discursos verdaderos que conllevan efectos específicos de poder, y
quizádeberíamos intentar, como el loco
lo intenta, rasgar nuestras ataduras y sujeciones; emanciparnos, ser autónomos,
soberanos de nuestra propia existencia, son sueños que no siempre cumplimos,
nos gusta lamer la coyunda cuando estamos acomodados a las circunstancias.
Les pedimos paciencia para la publicación del último número... con el deseo de entregar un número de calidad que sea el inicio de las conmemoraciones de los diez años de existencia, nos reunimos casi todos los miembros del comité para dicutir algunas cuestiones relacionadas con la mecánica de la revista.
El puente de fin de semana correspondiente a las tradicionales fechas de celebración de los muertos en México estuve en el Distrito Federal, paseando por las calles de la ciudad, reuniéndome con los colegas del comité editorial de la revista Carta Psicoanalítica (que ahora tiene Twiteer), y recorriendo museos. Una visita obligada fue la del Museo de la Fotografía que cómo había anunciado en un post anterior, dedicó una exposición al Manicomio de La Castañeda. Se trata de imágenes del archivo Casasola que muestran escenas tristes y a la vez sublimes del dolor humano. En esas figuras esquizofrénicas vemos el terror, la repulsión y el miedo del hombre normal a la locura, el descuido y abandono que allí sufrieron esos enfermos parece calcado del texto sobre la Historia de la locura de Michel Foucault. El gobierno de Porfirio Díaz que construyó este hospital a principios del siglo XX, buscaba simbolizar la entrada a la modernidad del país con la inauguración de un maricomio que igualara los estándares de instituciones psiquiátricas europeas, en especial los del manicomio Charenton de París, donde vivió sus últimos años el famoso Marqués de Sade. La construcción del manicomio mexicano, diseñado por el ingeniero militar Salvador Echegaray, fue encargada al ingeniero Porfirio Díaz hijo, quien contó con el apoyo de Luis León de la Barra para inspeccionar la obra. El complejo fue planeado para funcionar como un hospital que propiciara un ejercicio profesional de la psiquiatría. En esa concepción del hospital influyó de manera determinante el doctor Eduardo Liceaga, precursor de la psiquiatría moderna en México. El manicomio La Castañeda, inspirado en los principios de Jean-Étiene Dominique Esquirol (1772-1840), quien reformó a la llamada arquitectura psiquiátrica en Francia, fue inaugurado por el presidente Porfirio Díaz, el 1 de septiembre de 1910. La construcción de este hospital psiquiátrico tuvo un costo de un millón 783 mil 337 pesos y se edificó en los terrenos de una Hacienda Pulquera, posteriormente Centro Recreativo Campestre, en Mixcoac, que actualmente es la colonia Lomas de Plateros. Mixcoac, hace 100 años, era todavía campo y el río que corría por ahí era natural y no estaba entubado. En ese hermoso paisaje resaltaba, como una amenaza a la que todos temían, el manicomio de La Castañeda, que de acuerdo con el historiador Andrés Ríos Molina, investigador del Instituto de Investigaciones Históricas de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), fue el establecimiento psiquiátrico más importante del siglo pasado en nuestro país. La Castañeda cumplió 100 años este 1 de septiembre. Si bien es cierto que fue derrumbado hace cuatro décadas y en su lugar fueron construidas las Torres de Mixcoac y una tienda departamental, la leyenda del manicomio sigue viva en historias fantásticas, algunas reales otras inventadas. Según una nota del Universal (30/08/10), fue derruido en 1968 por orden presidencial. Pero no todo desapareció de aquel hospital que para miles de personas significó una vida en el infierno; sobrevivió la fachada majestuosa de estilo francés, que piedra por piedra fue trasladada de la ciudad de México a Amecameca dónde se puede admirar la fachada original del complejo arquitectónico que volvió a estar, como en su origen, en un ambiente campirano, cerca de una cascada y a lo lejos el volcán Iztaccíhuatl. La labor de salvamento la realizó el ingeniero Arturo Quintana Arioja, quien era dueño de AQ Industrial, empresa dedicada a la construcción en la rama de la carpintería. Fue él quien compró, en 1968, la fachada del manicomio y, con un ejército de hombres, se hizo a la tarea de numerar cada piedra para después hacer la reconstrucción del frontispicio en un terreno al pie de los volcanes. Arturo Quintana Arioja murió en 1986. Su viuda, Mercedes Peñafiel de Quintana, decidió donar la propiedad a Los legionarios de Cristo. “No es que la familia tuviera una cercanía muy intensa con los religiosos, pero los conocíamos bien porque nosotros asistimos a colegios de legionarios”, dijo Ana Paula, quien es hija de Paz Quintana Peñafiel. En la actualidad, la fachada es parte de “la casa grande”, como le dicen los lugareños a la hoy mansión conventual de Los Legionarios de Cristo y el acceso está restringido. Las imágenes no son muy buenas, están tomadas con un celular, pero quiero compartirlas con ustedes, porque sé que les interesarán. Al parecer no existe un catálogo completo de ésta exposición.
No sé por qué, pero tuve problemas para conectar mi Omnia con la PC. (quizá luego lo cambie por un Iphone)... sin embargo, finalmente lo logré y pude sacar algunas imágenes tomadas con la cámara del celular durante mi estancia en Buenos Aires en marzo. Las comparto con ustedes, en ellas está documentada una magnífica noche de tango a la que me arrastraron mis amigos Michel Sauval (el director de ACHERONTA) y Guillermo Pietra, y también fotos de mi queridísima Silvia Fendrik, "el psicoanalista lector": Herr Pablo Peusner. Por último, agrego fotos con Iván Hernández España, y Lorenita Castro, Jazmín Ramírez;Adrían Ortiz y otros colegas tomadas con la Lumix.
La exposición La Castañeda: imágenes de locura 100 años después, que se inauguró hace unos días en el Museo Archivo de la Fotografía, exhibe 83 imágenes con rostros, momentos, circunstancias, ambientes, habitaciones, pabellones, patios y narraciones visuales que carcomen y muestran la delirante realidad de los internos que vivieron y murieron en ese manicomio.
La exposición aborda significativos contrastes, como la ostentosa fachada del edificio mientras dentro predominaban condiciones de miseria desagarradora.
La muestra fotográfica se puede visitar en el Museo Archivo de la Fotografía, ubicado en la calle República de Guatemala 34, Centro Histórico, con horarios de martes a domingo de 10 a 18 horas. Entrada libre.
Comparto con ustedes algunas imágenes que tomé paseando por las calles de esta ciudad. Lo mejor de todo, el encuentro y el reencuentro con amigos, los paseos por la ciudad y por supuesto: El Tango.
Muy grata e interesante, la visita que realizé a Monterrey N.L. - por primera vez - invitado por el grupo interdisciplinario ReDes y la Facultad de Psicología de la UANL. Tuve oportunidad de conocer esa gran ciudad de aproximadamente 6 millones de habitantes y mis amigos Ara Franco y Rodolfo Álvarez del Castillo (toda una institución en el psicoanálisis) me llevaron a conocer algunos puntos importantes de la ciudad. Fue gratísimo para mí encontrarme con Rodolfo después de tantas "cartas apasionadas", y compartir con él noticias, chismes, impresiones y demás. Monterrey es "la más norteamericana de las ciudades mexicanas", llena de centros comerciales, amplísimas calles, impresionantes museos, y mucha actividad industrial, cultural. Me llamó la atención, eso sí, que en el noticiero se diese el clima en grados farenheit... Se ve que circula dinero... visite "la colonia", así nomás se dice por allá. Me impresionó el gran interés de los estudiantes por el psicoanálisis dentro de la Universidad y las ganas de trabajar del subdirector de Investigaciones el Dr. Manuel Muñiz, con quien compartimos, a pesar de la distancia, muchos maestros. El seminario sobre Clínica del Acting Out, parece que interesó. Les agradezco a todos los amigos allá, que hicieron posible mi visita.
Mi amigo el Dr. Eleazar Correa, ahora en Alemania y reciente padre... me cedió con generosidad y sin mezquindades en un congreso, algunas fotos que encontró por ahí en libros. Ésta formidable, corresponde al Congreso de Psicoanálisis de 1929 en Oxford... los nombres están abajo... ¡Increíble foto! Saludos Eleazar... ojala te esté yendo de maravilla.
Interesante y muy exitosa la intervención de la Dra. Rosario Herrera (Poética del psicoanálisis. Siglo XXI. México 2009) en el II Encuentro Internacional de Psicoanálisis para conmemorar los 100 años del caso Juanito. Los organizadores muy jóvenes y activos Carlos Alberto Vargas y Fabiola Chávez, reunieron un grupo interesante de ponentes, todos hablamos del mismo tema, con muchas coincidencias de algunos de los ponentes del DF y contrastes de aquellos pocos que veníamos de otros lugares. Raro ver la Facultad de Psicología de la UNAM, antes escuela de ratólogos, albergando un evento así... más extraño que pronto allí se celebre otro similar, el: PRIMER COLOQUIO INTERNACIONAL DE PSICOLOGÍA CLÍNICA Y PSICOANÁLISIS en fechas Lunes 13, Martes 14 y Jueves 16 de Abril de 2009. Información en: http://www.cartapsi.org/phpBB2/viewtopic.php?f=2&t=101
¿Es una paradoja de la vida que se vuelva uno más infantil a medida que se va haciendo más viejo? He observado que amigos de mi generación se convierten en verdaderos necios, otros tardan más en entender las cosas o se vuelven timoratos, a mí personalmente se me olvidan nombres que resultaban antes completamente familiares.
En cualquier caso, mi sobrino Santiago cumplió dos años y en compañía de su papá nos fuimos al circo Solaris (pequeño magnífico espectáculo), creo que lo disfrutamos tanto como el chico y nos sentimos como niños a su lado. Fue genial verlo atento sin perder un movimiento de los artistas de la única pista.
Aunque entiende todo apenas habla, pero no paraba de murmurar y comentar en voz alta. Le asombraron los tigres que se le explicó son - más o menos - como nuestro gato Boris. Le fascinó la equilibrista rusa, pero cuando se le preguntó qué era lo que más le había llamado la atención, contestó sin dudar: Yasos.
Del payaso, no tengo fotos (singular: sólo era uno. El plural viene de su deseo y del sobresalto que le causó). Puedo asegurarles que no era lo mejor del espectáculo. Pero a los niños es siempre lo que más les llama la atención. Quizá por lo grotesco y pintarrajeado de su porte, pero más bien, porque es una manera de burlarse de la vida seria de los adultos, de su prudencia, juicio y madurez, de su erotismo fijado y de sus modos serios.
¡Qué gran espectáculo sigue siendo el circo! Nos recuerda que nuestra civilización no está tan lejos de los romanos imperiales.
Alí Gómez, Iván Hernández España, Julio Ortega, Jesús Ramírez Escobar.
Con motivo de la visita a Xalapa de Alí, el paso por México de Chucho que está haciendo su doctorado en Argentina, el fin de año, y el próximo viaje de Iván a Buenos Aires a fin de cursar su maestría en psicoanálisis, tuve oportunidad de reunirme con éstos tres queridos ex alumnos y colegas jóvenes que ya están trabajando en la clínica. Representan parte de lo que he sembrado de psicoanálisis en este territorio un poco árido a esa semilla, fuera de las fascinaciones transferenciales, los caminos institucionales y también - ¿por qué no decirlo? - la impostura maliciosa. Platicamos de la situación del psicoanálisis en Argentina, de las vidas de cada quien, y del futuro de ellos en relación a esta disciplina. No es fácil haber decidido jugarse por este oficio y dirigirse hacia esta forma de vida... fue agradable para mí... grato para todos nosotros, comer hasta hartarnos en un restaurante brasileiro de ésta ciudad.
Ayer 31 de diciembre de 2008, celebró su cumpleaños mi tía Irene. Hoy tiene 86 años. Es una mujer que fue muy bella y lúcida (la primera foto es de 1944), hoy una anciana hermosa, de magnífico humor, que todo se le olvida, pero que se conserva bromista frente al mundo, a pesar de que uno pensaría que no tiene o tendría muchas razones para estar así después de todo lo que vivió.
Sin embargo, se mantiene sana, optimista y contenta... sin por cierto, haber necesitado de un Dios para vivir tranquila con los demás y consigo misma. Pienso en mi futuro, en los años que vendrán... ¡¿Cuánto es lo que una persona llega a vivir?! ¿Cuánto es lo que vale también la pena vivir? Antes de que que las enfermedades, el deterioro del cerebro y del cuerpo en general le afecten a uno hasta que se olvide uno de quien es, de lo que fue y deje de importarle lo que será... Freud en el Malestar en la Cultura decía que uno de los tres motivos que se oponen para que uno alcance por completo la felicidad es precisamente el propio cuerpo (los otros dos son: la naturaleza y ¡el prójimo!).
Quizá son preguntas que ella nunca se hizo, y no necesitó hacerse... tuvo una carrera tan profesional como la pudo tener en su momento, fue como enfermera directora hasta de un hospital en la montaña allá por Naolinco, también construyó más de dos casas hasta dónde yo tengo memoria, tuvo una vida afectiva rica... fue querida y amada por muchas personas. Su único hijo tuvo una carrera universitaria que le llevó hasta el doctorado en musicología y ser concertista de Bellas Artes. Hoy vive cuidada... cerca de familiares... sin más preocupaciones que escoger entre cenar pan dulce o atole con tamales. ¿Es esto la vida? ¿Acaso no es más compleja o más simple? Ella parece bastante feliz... esperemos que yo llegue la mitad de bien a esa edad, si es que llego. Me parecen éstas, gratas imágenes para comenzar un incierto año...
Imagen de la galería Flickr de Yves Le Bail: Lacan et Freud dos à dos... et pourtant complémentaires. Dónde también encontrarán algunas imágenes sobre Freud... mmmh... curiosas.