domingo, 20 de abril de 2008

Sin lugar para los débiles…

Yo ya era sheriff de este condado cuando tenía veinticinco años. Difícil de creer. Mi abuelo fue un hombre de la Ley, mi padre también. Fuimos comisarios al mismo tiempo, él en Plano y yo aquí. Pienso que estaba muy orgulloso de que así fuera. Sé que lo estaba.
Ed Tom Bell (Tommy Lee Jones).

No existe Dios, ni el universo, ni la raza humana, ni la vida terrenal, ni el cielo, ni el infierno. Todo es un sueño, un sueño grotesco y disparatado.
El forastero misterioso. Mark Twain (1916).











No Country for Old Men (Estados Unidos, 2007). Dir. Joel y Ethan Coen. Con Tommy Lee Jones, Javier Bardem, Josh Brolin, Woody Harrelson, Kelly Macdonald.









La película de los hermanos Coen es la más reciente de una docena de filmes que han escrito, producido y dirigido los hermanos Ethan y Joel. Ganó cuatro Oscares en la reciente entrega, obtuvo otros 83 premios y sinnúmero de nominaciones en diferentes lugares. De hecho, ganó los premios de la Academia de las Artes y Ciencias Cinematográficas en las categorías de dirección, mejor película, mejor guión sobre material previamente publicado y mejor actuación por un actor en un rol suplementario.
Esos premios son un reconocimiento merecido a un equipo que ha revolucionado de más de una manera la historia del cine. Desde Blood Simple (1984); un thriller con más tensión y suspenso que los que carga el género habitual, cercano a las novelas de Chandler en sus planteos amorales y atípicamente éticos, era claro que su intención no era hacer películas simplemente divertidas ó violentas, sino explorar el camino que va del sueño a la realidad y viceversa, no demostrando ser muy diferente en cierto nivel, dónde la ley es quebrada sin mayor recelo y las palabras civilidad, democracia, gobernabilidad ó participación ciudadana son simples necedades.
Luego vinieron otras películas igualmente atípicas como Crimewave (1985), Educando a Arizona (1987) y Miller’s Crossing (1990) que seguían la línea de indagar el margen dudoso entre la realidad y la locura, haciendo uso de un sentido del humor realmente mórbido que no era bien tolerado por todos. Todas estas películas – tanto como Blood Simple -- giraban en torno al tema de la Ley, su carácter paradójico, y un poco absurdo de regla general, que intenta rasar con el mismo filo a todos sin hacer excepciones. Son películas también sobre el deseo y su espíritu de fuego, que no puede detenerse pese a las consecuencias ó el castigo y que sigue siempre un derrotero fuera de esa Ley, motivado por la prohibición misma, pues cómo lo ha subrayado Lacan, es precisamente ese carácter de proscripción e ilegitimidad lo que lo hace más atractivo (por ello uno de los nombres del Mal es precisamente: deseo).
Entonces llegó Barton Fink (1991) dónde era clara su deuda con la obra póstuma de Twain que aparece en la cita de esta crónica y que llevó a un extremo imaginativo sin rival los planteos de sus películas anteriores, haciendo entrar lo mismísimo sobrenatural en la lucha del hombre por su supervivencia en un mundo inverosímil. En ésta película también aparecía una reflexión sobre el trabajo de un autor, la creatividad y las exigencias absurdas del mundo hollywoodense hacia sus negros literarios y directores cinematográficos, a fin de vender un artículo que se convirtiese en un éxito en el mercado. Meditación que podría abarcar, en general, lo que sucede en el mundo intelectual académico, industrial, y artístico en nuestra sociedad hipercapitalista, dónde el hambre de consumo y la sed del grosero materialismo induce a productos disformes ó monstruosos bien cuestionables.
No cabía después de esta película, lugar para hacerse atrás y repetir fórmulas que comercializaran una receta, como en el caso del cine que Tarantino hoy nos ofrece, para miseria de su reputación, malgasto de su talento y éxito de taquilla.
Así vinieron otras películas como Fargo (1996) que demostró su éxito en la sociedad norteamericana que tan ácidamente retrataban, y El gran Lebowski (1998) que podría ser la última gran película de Jeff Bridges, para poder recordarlo con cierta dignidad.
No intento hacer un recuento completo de sus logros y éxitos que son muchos. Simplemente, quería establecer la ruta que han seguido, en la que recorren el surrealismo contemporáneo de nuestra sociedad occidental con un desparpajo asombroso que combina el trabajo actoral perfecto de sus artistas -- seleccionados cuidadosamente -- , con un ojo siempre innovador de la cámara que cuál reptil se escurre rápida y sigilosamente en el mundo imaginario de los creadores, haciéndonos olvidar que se trata de una ficción, y llevándonos a pensar que enfrentamos una realidad desmedida en todos sus aspectos, que sobrepasa fácilmente, el mundo de leyes que hemos construido, demostrándonos la fragilidad de las barreras ante el deseo y la agresividad que ha impuesto la sociedad al hombre.
La película que ha sido traducida de manera particular al español, habla de que no hay lugar para los viejos, lo que a los intereses comerciales pareció sinónimo de débiles. No estando del todo alejada su apreciación en esta ocasión, porque Ed Tom enfrenta un panorama criminal que ha variado completamente en sus reglas, usos y costumbres a través del tiempo.
Empezando por el arma misma que usa Bardem tan elásticamente para violar puertas y perforar cabezas. Parecería ser que sus actos, nos dicen que no es necesario ir a la armería para ser peligroso, que cualquier herramienta industrial (no casualmente) puede servir para fines criminales, simplemente hay que proponerse una meta homicida. Siguiendo porque el país que fue el de su abuelo y padre no es ya el mismo, las leyes operan sólo para un sector de la población y la regla es la violencia desenfrenada, el abuso y el crimen. América no sólo ha llevado la guerra a Oriente, armado las más despreciables dictaduras, sino integrado esa violencia a su propio país.
Quizá porque la sociedad norteamericana está tan basada en el respeto a su Constitución, como en la ruptura de sus principios. La ley es respetada cuándo y cómo conviene sin que medie más lógica que el azar, el capricho y la conveniencia de quienes ejercen verdaderamente el poder. Los Kennedy (una de los apellidos más típicamente norteamericanos), su fortuna y su genealogía, son un producto evidente de esta afirmación. Su poder se origina en la violación de la ley seca, el crimen y el atropello de los más elementales derechos, aquí es fundamental la ausencia de ley y el plano psicótico implicado, como origen reprimido de un orden social aparentemente riguroso y sin tacha.
Es probable que el aparejo más elemental con el que se impone siempre la cultura sea la violencia, pero este proceso no es claro, ni está a vistas todo el tiempo, en éste escenario, el hecho resulta incontrovertible. La película en cuestión nos muestra como el asesino que interpreta Bardem, se toma en serio su trabajo como un abogado diligente ó un ejecutivo de cuenta celoso. No se perdona cabos sueltos ó hilos desmadejados, y cumple con sus promesas, aunque éstas hayan sido formuladas como amenaza a una de sus víctimas. En la lógica del esclavo capitalista, importa más el deber que la recompensa a alcanzar. Si por un momento parece que mata por matar, sin razón alguna, la trama rectifica la compulsión necesaria que rige el mínimo de sus actos. El dispositivo de la violencia que él representa es perfecto y excede a los individuos particulares que intentan sobrevivir a una tendencia a la desaparición del hombre que no parece detenerse en ningún punto.
Uno se pregunta: ¿Para qué quiere el dinero alguien así? ¿Qué deleite hay en obtener dos millones de dólares para este sujeto superyoico? Parecería que lo más importante para él es cumplir con sus deberes perversos y asumir sus tareas infaustas. De hecho, hay cierta inexpresividad en sus actos asesinos – excepto el primero, que goza bien por tratarse de burlarse de la Ley misma – que habla de una carencia de goce en las tareas que cumple. Él está para matar, no por placer sino por deber, su tarea criminal busca ser eficiente y es completamente racional, austera, él mismo no busca el premio del dinero, el reconocimiento ó el miedo del otro. Lo que le importa fundamentalmente es el ejercicio de su profesión de la manera más sobria y honesta, la maleta de dinero quizá nunca se la gastará, es el pretexto para echar a andar la ética protestante de la que hablaba Weber.
Llama la atención el choque de los valores del comisario con los de este asesino. Ed Tom Bell, comprende que no vale la pena dejarse matar por cumplir con el deber e intenta rehacer su vida junto a una mujer con la que mantiene cierta relación de afecto, pero es ella misma le hace ver que ya no sirve para esposo, que pasó el tiempo de las promesas, el proyecto de pareja y el amor mismo. La vejez es algo terrible comprendida así, y uno siente compasión por este hombre.
Un sujeto enmohecido que no puede enfrentar con la razón del honor, el entendimiento, la empatía y la justicia, esta nueva manera de comportarse de un criminal a la que no lleva el deseo de la sangre, sino las reglas del deber, trabaja para sí mismo, pero podría estar en algún servicio de inteligencia ó espionaje. Su capacidad rebasa la del cazador Llewelyn Moss, el perito asesino Carson Wells ó los matones mexicanos, porque es ó pretende ser una máquina.
Llewelyn Moss es un solitario a pesar de su vida de pareja, sobreviviente de Vietnam, antihéroe por excelencia, básico en sus instintos y demasiado humano, cede a la compasión y al deseo, yéndosele en sus fallas la vida, pues serán esos errores los que le arrastren hacia abajo.
De Carson Wells sabemos menos, pero su profesionalismo no está en duda. Su error es juzgar que puede controlar ó predecir los pasos de Chigurh, pensando en que actuará con una lógica humana, pero él es una autómata más que un animal ó un delincuente.
Los mexicanos y los chicanos están por todas partes. Hemos recuperado Texas y la Alta California a base de inmigración ilegal, contrabando y narcotráfico. Este último está más allá de todo control para Ed Tom, pues forma parte de un terrorismo consentido por las fuerzas de inteligencia y espionaje norteamericanas. En el tiempo de los CSI televisivos que no dejan escapar a sus métodos científicos a ningún criminal, ellos atan y desatan, la droga se mueve por doquier y las mafias alrededor de ella son autónomas y libres. La infracción de la ley cursa sin más por las calles, nada parece detener a los empresarios del crimen. Ed Tom es un simple observador fastidiado que se mantiene al margen, va comprendiendo, poco a poco, que es tiempo de retirarse, es por cierto, el único al que Chigurh perdona, como si respetase en él, su sentido del deber, y apreciara las coincidencias de sus caracteres aparentemente encontrados, probablemente sea una muestra de respeto que habla de un resto de humanidad en el asesino implacable.
La última escena es inquietante. Chigurh sale de liquidar a la mujer de Llewelyn, muerte sin más sentido que cumplir con su extraño sentido ético. Entra al auto y se aleja despacio. Unos chicos circulan por la calle, y la tensión crece pues uno piensa que en cualquier momento los atropellará. Él permanece tranquilo y llega al entrecruce de calles, espera que el semáforo cambien a verde para alejarse de ahí como cualquier ciudadano decente. Avanza al cambio de luz y entonces es atropellado violentamente por un auto que no siguió la más elemental de las reglas de tránsito. Parecen mostrarnos los Cohen que cuando alguien se decide a seguir las reglas, terminará irremediablemente mal.
Su estado es deplorable, patético pero en ningún momento llama a la compasión del espectador, un hueso sale de su brazo roto. Los niños se acercan y hablan sorprendidos con él de su situación. Podría simplemente pedirles ayuda ó callarlos, pero escoge prostituirlos pues es la manera en que concibe las relaciones humanas, todo se puede arreglar con dinero, los seres humanos ceden ante la ambición o al deseo fácilmente. Le compra su camisa por 100 dólares y con ella se hace un cabestrillo. Luego se aleja de ahí como puede, a seguir adelante con su trabajo de Terminator. Nada ha pasado y nada pasará sobre lo que ya pasó. No hay castigo de la Ley ni de Dios, simplemente estúpida violencia en un mundo cada vez más absurdo.

6 comentarios:

David Martínez De Juan dijo...

Me parece muy acertado tu análisis y espero leerte en alguna otra ocasión si dejas algun blog donde seguir.

"Hoy en día, ya la gente no respeta nada. Antes, poníamos en un pedestal la virtud, el honor, la verdad y la ley... La corrupción campea en la vida americana de nuestros días, Donde no se obedece otra ley, la corrupción está minando este país. La virtud, el honor y la ley se han esfumado de nuestras vidas.

(Declaraciones de Al Capone al periodista Cornelius Vanderbilt Jr. Entrevista publicada en la revista Liberty el 17 de octubre de 1931, unos días antes de que Al Capone marchara preso)

sofia martínez dijo...

Al principio aburre pero poco a poco logra atraparte. En lo personal creo que los hermanos Coen han logrado una adaptación muy fiel, sin embargo con esta película hay una paradoja en su construcción, en esa relación entre forma y fondo lo que provoca que parezca una cinta aparente muy simple por su trama, que pareciera que no dice nada e incluso que su historia es poco confusa pero no es así pues se convierte en una obra cumbre que maneja el lenguaje cinematográfico a la perfección. Además el elenco está de lujo, Tommy Lee Jones, Javier Bardem y Kelly Macdonald quien fue merecedora del premio de sindicato de actores por su gran desepemeño en este film.

Fermín Peláez García dijo...

Me gustaría leerte en otra ocasión de algún otro film como este , a mí me ha parecido increíble , aunque no con el final que esperaba pero claro , todo nos indica a lo que reflejas en este análisis, que no todos pagan por sus actos por más feos que sean , algo que no entendí y me gustaría que me sacaras la duda como sabes que la esposa de el que encontró el dinero, Antón si la mata , es una escena que no deja ver mucho más que a la suerte de lo que sería el volado , solo que no se ve , cómo supiste que si la mato ?
Gracias espero que me puedas responder y quitarme de la duda

Juan Jose Castellanos dijo...

este film me atrapo, soy bueno para este tipo de películas, sin embargo no le entendí, tu sinopsis es excelente, pero como saber si mato a la mujer de Moss? y el dinero???

Guillermo Guzman dijo...

Te das cuenta que mata a la mujer porque al salir revisa su calzado para verificar que no tenga sangre, además cumple la promesa que le había dado a su esposo, el mata, el cumple
El dinero pasa a segundo término, es simbolismo
De hecho el personaje principal es el de Tommy lee Jones, el es el "old men" por eso se retira, no hay cabida para personas como el, el mal sobrepasa muchas veces al bien

Fernanda dijo...

Al mirarse en la puerta si las botas tenian sangre

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