lunes, 21 de abril de 2008

La importancia de poner ó no, siempre los puntos sobre las ies…

Lean esta noticia, para quienes piensan que el inconsciente no se puede leer a la letra…


El punto de la letra "i" causa una tragedia familiar en Ankara

Lunes 21 de abril, 05:00 AM

Ankara, 21 abr (EFE).- La falta de caracteres apropiados para el alfabeto turco en el teclado del teléfono móvil provocó una serie de malentendidos entre una pareja separada en Ankara y terminó con un asesinato y un suicidio, informó hoy el diario turco 'Hürriyet'.

La historia comenzó con la separación de Emine y Ramazan Çalçoban, un matrimonio turco que decidió romper su relación tras pelearse.

Emine, una joven de 20 años, retornó entonces a la casa de su padre, Hamdi Pulas, pero la pareja no dejó de reñir tras la separación, sino que continuaron las disputas a través sus teléfonos móviles con mensajes SMS.

En una ocasión, Ramazan, de 24 años, le dijo a su ex mujer que siempre cambiaba de tema cuando se quedaba sin argumentos.

Pero en muchos teclados de teléfono móvil no existe el carácter para la "I" turca (i cerrada, que se escribe sin punto), por lo que en lugar de escribir "sIkIsInca" (cuando te quedas sin argumentos), el hombre escribió "sikisince" (cuando te follan).

En el informe de la investigación judicial, el fiscal explicó que Emine se tomó el mensaje como un insulto y se lo mostró a su padre.

El padre, Hamdi Pulas, se enfureció e increpó a su ex yerno, Ramazan: "Nos has insultado, has mancillado nuestro honor. Estás tratando a mi hija como si fuese una prostituta".

Cuando Ramazan fue a casa de su ex mujer y su antiguo suegro para explicarse, toda la familia Pulas se le echó encima y le hirieron con un cuchillo.

Como venganza, Ramazan acuchilló a Emine hasta matarla y fue encarcelado por ello, pero se suicidó en la prisión.

Ahora el fiscal exige una condena de 15 años de cárcel para Hamdi Pulas y otras dos hijas suyas, por el "intento de asesinato" a Ramazan.

"Un pequeño punto destruyó las vidas de cinco personas", publicó el diario 'Hürriyet' en portada y añadió que el punto de la 'i' en ciertas palabras delicadas de la lengua turca está causando "serios problemas".


Por cierto, poner "los puntos sobre las ies" en México significa: "aclarar las cosas", "precisar".


domingo, 20 de abril de 2008

Sin lugar para los débiles…

Yo ya era sheriff de este condado cuando tenía veinticinco años. Difícil de creer. Mi abuelo fue un hombre de la Ley, mi padre también. Fuimos comisarios al mismo tiempo, él en Plano y yo aquí. Pienso que estaba muy orgulloso de que así fuera. Sé que lo estaba.
Ed Tom Bell (Tommy Lee Jones).

No existe Dios, ni el universo, ni la raza humana, ni la vida terrenal, ni el cielo, ni el infierno. Todo es un sueño, un sueño grotesco y disparatado.
El forastero misterioso. Mark Twain (1916).











No Country for Old Men (Estados Unidos, 2007). Dir. Joel y Ethan Coen. Con Tommy Lee Jones, Javier Bardem, Josh Brolin, Woody Harrelson, Kelly Macdonald.









La película de los hermanos Coen es la más reciente de una docena de filmes que han escrito, producido y dirigido los hermanos Ethan y Joel. Ganó cuatro Oscares en la reciente entrega, obtuvo otros 83 premios y sinnúmero de nominaciones en diferentes lugares. De hecho, ganó los premios de la Academia de las Artes y Ciencias Cinematográficas en las categorías de dirección, mejor película, mejor guión sobre material previamente publicado y mejor actuación por un actor en un rol suplementario.
Esos premios son un reconocimiento merecido a un equipo que ha revolucionado de más de una manera la historia del cine. Desde Blood Simple (1984); un thriller con más tensión y suspenso que los que carga el género habitual, cercano a las novelas de Chandler en sus planteos amorales y atípicamente éticos, era claro que su intención no era hacer películas simplemente divertidas ó violentas, sino explorar el camino que va del sueño a la realidad y viceversa, no demostrando ser muy diferente en cierto nivel, dónde la ley es quebrada sin mayor recelo y las palabras civilidad, democracia, gobernabilidad ó participación ciudadana son simples necedades.
Luego vinieron otras películas igualmente atípicas como Crimewave (1985), Educando a Arizona (1987) y Miller’s Crossing (1990) que seguían la línea de indagar el margen dudoso entre la realidad y la locura, haciendo uso de un sentido del humor realmente mórbido que no era bien tolerado por todos. Todas estas películas – tanto como Blood Simple -- giraban en torno al tema de la Ley, su carácter paradójico, y un poco absurdo de regla general, que intenta rasar con el mismo filo a todos sin hacer excepciones. Son películas también sobre el deseo y su espíritu de fuego, que no puede detenerse pese a las consecuencias ó el castigo y que sigue siempre un derrotero fuera de esa Ley, motivado por la prohibición misma, pues cómo lo ha subrayado Lacan, es precisamente ese carácter de proscripción e ilegitimidad lo que lo hace más atractivo (por ello uno de los nombres del Mal es precisamente: deseo).
Entonces llegó Barton Fink (1991) dónde era clara su deuda con la obra póstuma de Twain que aparece en la cita de esta crónica y que llevó a un extremo imaginativo sin rival los planteos de sus películas anteriores, haciendo entrar lo mismísimo sobrenatural en la lucha del hombre por su supervivencia en un mundo inverosímil. En ésta película también aparecía una reflexión sobre el trabajo de un autor, la creatividad y las exigencias absurdas del mundo hollywoodense hacia sus negros literarios y directores cinematográficos, a fin de vender un artículo que se convirtiese en un éxito en el mercado. Meditación que podría abarcar, en general, lo que sucede en el mundo intelectual académico, industrial, y artístico en nuestra sociedad hipercapitalista, dónde el hambre de consumo y la sed del grosero materialismo induce a productos disformes ó monstruosos bien cuestionables.
No cabía después de esta película, lugar para hacerse atrás y repetir fórmulas que comercializaran una receta, como en el caso del cine que Tarantino hoy nos ofrece, para miseria de su reputación, malgasto de su talento y éxito de taquilla.
Así vinieron otras películas como Fargo (1996) que demostró su éxito en la sociedad norteamericana que tan ácidamente retrataban, y El gran Lebowski (1998) que podría ser la última gran película de Jeff Bridges, para poder recordarlo con cierta dignidad.
No intento hacer un recuento completo de sus logros y éxitos que son muchos. Simplemente, quería establecer la ruta que han seguido, en la que recorren el surrealismo contemporáneo de nuestra sociedad occidental con un desparpajo asombroso que combina el trabajo actoral perfecto de sus artistas -- seleccionados cuidadosamente -- , con un ojo siempre innovador de la cámara que cuál reptil se escurre rápida y sigilosamente en el mundo imaginario de los creadores, haciéndonos olvidar que se trata de una ficción, y llevándonos a pensar que enfrentamos una realidad desmedida en todos sus aspectos, que sobrepasa fácilmente, el mundo de leyes que hemos construido, demostrándonos la fragilidad de las barreras ante el deseo y la agresividad que ha impuesto la sociedad al hombre.
La película que ha sido traducida de manera particular al español, habla de que no hay lugar para los viejos, lo que a los intereses comerciales pareció sinónimo de débiles. No estando del todo alejada su apreciación en esta ocasión, porque Ed Tom enfrenta un panorama criminal que ha variado completamente en sus reglas, usos y costumbres a través del tiempo.
Empezando por el arma misma que usa Bardem tan elásticamente para violar puertas y perforar cabezas. Parecería ser que sus actos, nos dicen que no es necesario ir a la armería para ser peligroso, que cualquier herramienta industrial (no casualmente) puede servir para fines criminales, simplemente hay que proponerse una meta homicida. Siguiendo porque el país que fue el de su abuelo y padre no es ya el mismo, las leyes operan sólo para un sector de la población y la regla es la violencia desenfrenada, el abuso y el crimen. América no sólo ha llevado la guerra a Oriente, armado las más despreciables dictaduras, sino integrado esa violencia a su propio país.
Quizá porque la sociedad norteamericana está tan basada en el respeto a su Constitución, como en la ruptura de sus principios. La ley es respetada cuándo y cómo conviene sin que medie más lógica que el azar, el capricho y la conveniencia de quienes ejercen verdaderamente el poder. Los Kennedy (una de los apellidos más típicamente norteamericanos), su fortuna y su genealogía, son un producto evidente de esta afirmación. Su poder se origina en la violación de la ley seca, el crimen y el atropello de los más elementales derechos, aquí es fundamental la ausencia de ley y el plano psicótico implicado, como origen reprimido de un orden social aparentemente riguroso y sin tacha.
Es probable que el aparejo más elemental con el que se impone siempre la cultura sea la violencia, pero este proceso no es claro, ni está a vistas todo el tiempo, en éste escenario, el hecho resulta incontrovertible. La película en cuestión nos muestra como el asesino que interpreta Bardem, se toma en serio su trabajo como un abogado diligente ó un ejecutivo de cuenta celoso. No se perdona cabos sueltos ó hilos desmadejados, y cumple con sus promesas, aunque éstas hayan sido formuladas como amenaza a una de sus víctimas. En la lógica del esclavo capitalista, importa más el deber que la recompensa a alcanzar. Si por un momento parece que mata por matar, sin razón alguna, la trama rectifica la compulsión necesaria que rige el mínimo de sus actos. El dispositivo de la violencia que él representa es perfecto y excede a los individuos particulares que intentan sobrevivir a una tendencia a la desaparición del hombre que no parece detenerse en ningún punto.
Uno se pregunta: ¿Para qué quiere el dinero alguien así? ¿Qué deleite hay en obtener dos millones de dólares para este sujeto superyoico? Parecería que lo más importante para él es cumplir con sus deberes perversos y asumir sus tareas infaustas. De hecho, hay cierta inexpresividad en sus actos asesinos – excepto el primero, que goza bien por tratarse de burlarse de la Ley misma – que habla de una carencia de goce en las tareas que cumple. Él está para matar, no por placer sino por deber, su tarea criminal busca ser eficiente y es completamente racional, austera, él mismo no busca el premio del dinero, el reconocimiento ó el miedo del otro. Lo que le importa fundamentalmente es el ejercicio de su profesión de la manera más sobria y honesta, la maleta de dinero quizá nunca se la gastará, es el pretexto para echar a andar la ética protestante de la que hablaba Weber.
Llama la atención el choque de los valores del comisario con los de este asesino. Ed Tom Bell, comprende que no vale la pena dejarse matar por cumplir con el deber e intenta rehacer su vida junto a una mujer con la que mantiene cierta relación de afecto, pero es ella misma le hace ver que ya no sirve para esposo, que pasó el tiempo de las promesas, el proyecto de pareja y el amor mismo. La vejez es algo terrible comprendida así, y uno siente compasión por este hombre.
Un sujeto enmohecido que no puede enfrentar con la razón del honor, el entendimiento, la empatía y la justicia, esta nueva manera de comportarse de un criminal a la que no lleva el deseo de la sangre, sino las reglas del deber, trabaja para sí mismo, pero podría estar en algún servicio de inteligencia ó espionaje. Su capacidad rebasa la del cazador Llewelyn Moss, el perito asesino Carson Wells ó los matones mexicanos, porque es ó pretende ser una máquina.
Llewelyn Moss es un solitario a pesar de su vida de pareja, sobreviviente de Vietnam, antihéroe por excelencia, básico en sus instintos y demasiado humano, cede a la compasión y al deseo, yéndosele en sus fallas la vida, pues serán esos errores los que le arrastren hacia abajo.
De Carson Wells sabemos menos, pero su profesionalismo no está en duda. Su error es juzgar que puede controlar ó predecir los pasos de Chigurh, pensando en que actuará con una lógica humana, pero él es una autómata más que un animal ó un delincuente.
Los mexicanos y los chicanos están por todas partes. Hemos recuperado Texas y la Alta California a base de inmigración ilegal, contrabando y narcotráfico. Este último está más allá de todo control para Ed Tom, pues forma parte de un terrorismo consentido por las fuerzas de inteligencia y espionaje norteamericanas. En el tiempo de los CSI televisivos que no dejan escapar a sus métodos científicos a ningún criminal, ellos atan y desatan, la droga se mueve por doquier y las mafias alrededor de ella son autónomas y libres. La infracción de la ley cursa sin más por las calles, nada parece detener a los empresarios del crimen. Ed Tom es un simple observador fastidiado que se mantiene al margen, va comprendiendo, poco a poco, que es tiempo de retirarse, es por cierto, el único al que Chigurh perdona, como si respetase en él, su sentido del deber, y apreciara las coincidencias de sus caracteres aparentemente encontrados, probablemente sea una muestra de respeto que habla de un resto de humanidad en el asesino implacable.
La última escena es inquietante. Chigurh sale de liquidar a la mujer de Llewelyn, muerte sin más sentido que cumplir con su extraño sentido ético. Entra al auto y se aleja despacio. Unos chicos circulan por la calle, y la tensión crece pues uno piensa que en cualquier momento los atropellará. Él permanece tranquilo y llega al entrecruce de calles, espera que el semáforo cambien a verde para alejarse de ahí como cualquier ciudadano decente. Avanza al cambio de luz y entonces es atropellado violentamente por un auto que no siguió la más elemental de las reglas de tránsito. Parecen mostrarnos los Cohen que cuando alguien se decide a seguir las reglas, terminará irremediablemente mal.
Su estado es deplorable, patético pero en ningún momento llama a la compasión del espectador, un hueso sale de su brazo roto. Los niños se acercan y hablan sorprendidos con él de su situación. Podría simplemente pedirles ayuda ó callarlos, pero escoge prostituirlos pues es la manera en que concibe las relaciones humanas, todo se puede arreglar con dinero, los seres humanos ceden ante la ambición o al deseo fácilmente. Le compra su camisa por 100 dólares y con ella se hace un cabestrillo. Luego se aleja de ahí como puede, a seguir adelante con su trabajo de Terminator. Nada ha pasado y nada pasará sobre lo que ya pasó. No hay castigo de la Ley ni de Dios, simplemente estúpida violencia en un mundo cada vez más absurdo.

domingo, 13 de abril de 2008

Amazon Kindle!

Este nuevo artefacto apunta a la dirección que van a tomar los libros en un poquito más de tiempo. Tiene una gran cantidad de innovaciones sobre las PC pockets y los lectores anteriores de libros.
No es el substituto de una Lap Top, ni pretende serlo. Simplemente sirve para cargar libros, revistas y entradas de Blog's en formato digital.
No necesita Hot spots... y la conexión está pagada de por vida con el aparato. Los costos de los libros disminuyen y se puede publicar directamente como autor a través de una cuenta de Amazon.
Supongo que aún habrá que evaluar, cómo siempre sucede, el desempeño en la práctica de estos primeros aparatitos. Por lo pronto, ya no hay existencias... toda la primera generación está vendida.
¿Qué tal?

jueves, 10 de abril de 2008

Sleepingrich.com...

Vean esta noticia: un proyecto así de radical no puede ser sino encomiable en todos los sentidos ;-)





Ganar dinero durmiendo
Un joven holandés crea un sitio web para hacerse rico por estar todo el día en su habitación


Gracias a internet, claro. El muchacho, de 22 años, ha creado una web en la que muestra que es capaz de estar acostado durante todo el día, y pide expresamente que los internautas le recompensen por ello. La página Sleepingrich.com, de la que existen ya tres versiones con diferentes dominios (.nl y .be además del .com), publica la imagen fija de la webcam que ha instalado en su habitación y en la que Yde aparece tumbado en la cama, envuelto en una manta o edredón, durante prácticamente las 24 horas.Y es que el negocio requiere dedicación completa. El mismo protagonista de tan amena secuencia aclara que sólo se levanta media hora al día para hacer sus necesidades, comer y ducharse. Aunque los internautas que participan en diferentes idiomas en el chat que acompaña la imagen de la webcam dudan de su estado de soñolencia permanente. "¿Duerme con la luz encendida?", se pregunta uno. "Se mueve", comenta otro, mientras un tercero le increpa para que se "levante y busque trabajo". Entretanto la página gana adeptos y, de paso, patrocinadores y anunciantes. Después de aproximadamente un mes de sueño, Yde ha conseguido más de un millón de visitas en las diferentes versiones del site y algo más de 7.000 euros. En el espacio blog de la web, el joven holandés asegura que utilizará el dinero para independizarse y tal vez para "viajar por el mundo". Confiesa que no tiene novia, pero las interesadas, dice, pueden añadirle como contacto en la red social Facebook.


Tomado de La Vanguardia, España. 26 de marzo de 2008.

miércoles, 9 de abril de 2008

Visitante...


Grillo en la cocina, originalmente cargada por juliusjob.

He aquí el más reciente invitado a comer a mi casa... revisando la cocina... supervisando el menú.

El Otro. Un cuento.

EL OTRO.


¿Por qué una mujer acepta a un hombre como suyo? ¿Su consentimiento depende de esa sensación ácida, dulce y picante llamada amor? ¿Eso que llamamos amor, no perdura? ¿Por qué los hombres y las mujeres necesitan a un otro, que no acaban de comprender nunca? ¿Qué quiere una mujer?

Estas preguntas le habían acompañado como una picazón ardiente toda su vida. No eran grandes interrogantes y lo sabía muy bien. El carnicero de la esquina y el portero del edificio se preguntaban lo mismo y seguramente tenían alguna respuesta que les satisfacía. Pablo se quedaba absorto y petrificado ante esas preguntas, tratando de olvidarlas y deseando que éstas se resolvieran solas con el paso del tiempo.

Las respuestas no vinieron y las interrogantes parecían tener la intención de quedarse a fastidiarlo. Atravesaron la vida de su cuerpo adolescente que tiraba hacia delante y buscaba llenar un vacío que se antojaba insondable. La neblina del tiempo, sepultó su juventud y se despreció a sí mismo por ocuparse de esas necedades amargas.

Se decía que el amor inextinguible no era más que una mentira que nos contamos. La amarga realidad consistía en que la gente se olvida de cualquier cosa al darse la vuelta, no importa lo mucho que suceda entre dos amantes: las vueltas y sudores en la cama, las promesas hechas en la oscuridad. Pero, quería en el fondo: encontrar un amor ideal. Una mujer que le tratara con cariño y admiración, que lo mimase en las mañanas al despertar, discutiese con él sobre cine, literatura ó filosofía, y pudiera también, volverse una niña traviesa dispuesta a gritar de alegría ante las cosas más simples.

Tratando de olvidar esta búsqueda y no querer saber más de asuntos que sólo le generaban angustia, se había casado con una esposa sin dobleces que le había hecho padre de dos hijos y había sellado – pensó – el sobre con esas interrogantes. Quería conformarse con una felicidad con minúscula, al fin y al cabo, la única posible. Pero en su corazón, siempre permaneció ese espacio interno de soledad que él identificaba a un paraje sombrío y horrendo, un Maelstrom que le sorbía siempre hacia la tristeza. Aún así, convirtió a su consorte, en la razón que modulaba sus emociones y la madre limitante de sus locuras, que afortunadamente él llevaba a cabo a escondidas.

Y la felicidad poquita que había encontrado: cómo vino, se fue. Su compañera desapareció del mundo, después de casi tres lustros, dejándolo más desamparado que nunca frente a un universo de relaciones humanas ininteligible.

Cuando desapareció el luto, los hijos fueron creciendo como tercas yerbas silvestres, sin necesitarle demasiado y más rápidamente de lo que esperaba. Le asombraba que tuvieran más seguridad y más decisión para vivir, que su padre con toda una carrera académica.

Vino de nuevo la tormenta. Siguieron en su vida encuentros fortuitos con mujeres que nunca amó demasiado por no comprenderlas o porque de plano, rechazaron su egoísmo y el lastimero extravío que le amargaba. Una mujer atinó a decirle: "No sabes escuchar a las personas... sólo te oyes a ti mismo" Otra le dijo: "Las personas son juguetes para ti y además acabas por romperlas". Su vida siguió más sola que nunca. Sus hijos crecieron, siempre más fuertes y mejor preparados para afrontar, cualquier tipo de dificultades. Si tan sólo hubiese tenido una hija, quizá eso le hubiese aproximado con la naturaleza femenina, con el cosmos, en el fondo con su propia alma. Pero su destino había sido diferente y había permanecido fuera de cualquier reconciliación posible con el otro sexo.

Decidió no volver a casarse y dedicar su vida a la Universidad, a ser el maestro de la voz monocorde y sabía, que dice todo sobre nada. Se había convertido en el puntual maniquí que las jóvenes alumnas admiraban, sin distinguir al hombre que les miraba con hambre insaciable desde dentro.

Aprendió con los años el arte de parecer un buen padre, un triste solitario, de los que dicen haber atravesado cualquier tipo de experiencias, hasta alcanzar eso que llaman madurez. A pesar de su máscara, despertó la compasión de Ella, brillante estudiante de la maestría, que empezó a escucharle como mujer y terminó arrimándose como enfermera dispuesta a ofrecer sus cuidados al animal herido.

Se resistió con todas sus fuerzas a ese amor, trabajo le había costado alcanzar su torre inexpugnable, para tirarse de rodillas ante una fémina a la que llevaba, nada más y nada menos, que 23 años. Sus hijos "felizmente" casados y aproximadamente de la misma edad que ella, vieron con recelo el interés de esa mujer animosa y con aire adolescente – mucho más bella que sus esposas – que aleteaba alrededor de ese viejo, a quien habían terminado por despreciar, cada vez más, desde la muerte de su madre. Les molestaba que fuera guapa, inteligente, elegante y despierta, dulce y sensual. La miraban con positiva rabia y en el fondo con deseo.

La boda se produjo a los pocos meses con desencanto, pocos invitados asistieron y hubo que regalar al jefe de meseros, gran parte del banquete dispuesto para la ocasión. Para él, empezó una nauseabunda sensación de humillación frente a esa espléndida mujer. Mientras más convivía con Ella, más se daba cuenta de que se había ganado la lotería, pero empezó a sospechar que había de por medio una trampa, ó un precio que pagar por su fortuna. Se percibía a sí mismo frágil, viejo y cansado, imaginaba que para los que los veían juntos resultaba inexplicable que un árbol añoso se apoyara en una rosa floreciente. Empezó a sospechar burlas y comentarios que darían cuenta de la fragilidad de la relación. No aguantaría el paso de una joven, un viejo que usaba – desde hace años – dentadura postiza.

El viaje de bodas logró atemperar un poco la cascada de dudas y reproches que él mismo se hacía. Después de todo – el argumento recurrente que hace la infelicidad de otros – tenía derecho a la felicidad. Esta vez, estaba ante sí, la oportunidad de consumar sus sueños y llenar ese horrendo vacío que le había acompañado toda su vida. Quería interrogar a esa niña que resumía todas las mujeres del mundo y encontrar por primera vez respuestas. Se decía en una broma algo patética, que por fin había encontrado la mujer de su vida – y por esos años que les separaban –, la de su muerte.

La admiración casi infantil que tenía por él, le proporcionaba una sensación de afinada seguridad, de relajante sosiego que recordaba un baño caliente y perezoso de tina en un día vacacional. Su confianza flaqueaba cuando pensaba con angustia que el tiempo corre aunque se cierren los ojos y quizás un día se despertase impotente. Más aún, con alguna enfermedad terminal dispuesta a truncar su paraíso. Se imaginaba que cuando estuviese moribundo en el lecho de enfermo, Ella sería un fruto maduro y jugoso en el cual se habrían afinado más, todos los rasgos sutiles y bellos que hoy la hacían brillar entre otras mujeres. Entonces venían las peores inquietudes que lo atacaban, cómo los pájaros del filme de Hitchcock.

Su morbo depravado le empujaba a pronosticar que no se mantendría casta y fiel ante la basura de hombre en que se convertiría, y que no estaría allí esperando con paciencia, cerrar amorosamente, sus ojos sin vida. La imaginaba entonces, revolcándose con otros hombres: siempre mejor parecidos que él, más atrevidos, más salvajes, y sobre todo, más jóvenes.

El regreso a la cotidianeidad revolvió de manera extraña sus turbios pensamientos. ¿Por qué había aceptado su amor? Un destello de rencor empezó a crecer en él y las que habían aparecido como razones de su fortuna se transformaron en el material de su desdicha. Se decía que Ella no le había tenido amor, sino lástima y que ese sentimiento es más propio hacia un perro que conveniente a un amante. Empezó a sospechar de todos sus movimientos y salidas, imaginó que empezaría a engañarlo pronto, si no es que ya estaba saliendo con algún imbécil diplomado en arte, ciencias administrativas ó comunicación. Luego empezó la sospecha de que no tendría por qué ser sólo un amante. Una hembra a su edad, está en el punto más crecido de su apetito sexual.

Lo más importante era la sensación de humillación, de sentirse traicionado por alguien en quien había depositado toda su confianza y fortuna. Nunca pudo probar que todo fuese sólo una sospecha con fundamentos y algo más que su imaginación, pero aún así, no dejaba de atormentarse. Una de las cosas que más le molestaron desde el principio de la relación hizo crisis: él la precisaba y no podía tolerar esa necesidad. Se sentía un crío desvalido ante ese sentimiento de dependencia que había abominado y, paradójicamente, deseado por tanto tiempo.

Al cabo de unos meses de mortificarle con sus celos, notó los signos obscuros del desamor. La dulzura y paciencia que le había conocido cedieron su lugar a un enfado e irritación constantes que él no se daba cuenta, había provocado con sus amargores y desconfianzas. Sucedió que dejaron de hacer el amor y buscar el antes cálido y complementario cuerpo del otro. Empezaron a echar a un lado, invitaciones y salidas con amigos, las excursiones de los dos, antes deseadas con entusiasmo, terminaban en reproches: Ella había sido demasiado amable con el mesero ó volteado a ver coquetamente algún comensal en otra mesa.

Su mundo empezó a volverse negro como el abismo que se retorcía en su dentro y Ella parecía moverse a la discordia que a él siempre lo embargó. Empezaron a encerrarse en sí mismos: el odio, la tristeza y la miseria, los iban consumiendo sin más.

Los pocos amigos que les rodeaban empezaron a retirarse sin que esto les importase. ¿Cómo podrían hacerse cargo de alguien más? ¿Debía importarles el mundo exterior cuando su intimidad se hallaba rota en pedazos?

Un amigo médico con las mejores intenciones, les recomendó tomar una terapia de pareja. La idea escurrió de su cabeza como baba de caracol, pues siempre fue impermeable a todo psicologismo. Se repetía – cada vez que podía – que la psicología no era otra cosa sino "filosofía sin rigor, ética sin exigencia, medicina sin control". Para salir de cualquier atolladero, estaba la razón y la inteligencia, no artificios ni supercherías.

En un momento de verdad, Ella entrevió que quizás esa posibilidad fuese su última esperanza. Tras una amarga discusión comprendió cuán inútil era tratar de hacerle entender tal cosa, al señor en su torre inexpugnable. Él parloteaba que quería tirar dinero a charlatanes sin autoridad moral, ni conocimientos suficientes para dar un buen consejo. Remataba gritando: "¡La psicología y sobre todo el psicoanálisis son para pendejos!" ¡"Los psicoanalistas creen tener la verdad y no son más que usufructuarios del confesionario!". Se decidió entonces a dar un paso adelante en la dirección que él más detestaba. Tomó el directorio telefónico y buscó una referencia. Si quería salvarse – pensó – sería sola, y quería encontrar la claridad necesaria para tomar los pasos hacia su liberación. Llamó al primer nombre de la lista y se animó a solicitar entrevista con un psicoanalista.

Los celos de Pablo, se acrecentaron. Y, de pronto, en su torcida mente empezó a pensar que tal vez esa terapia podría cambiarla no sólo a Ella, sino toda la situación. Especuló que, después de todo, la labor de un buen curandero consiste en hacer que el paciente se adapte a su realidad de la manera mejor posible. Comprendería que la elección que tomó con él era juiciosa, quién sino él, podría ofrecerle una vida segura y estable. Con suerte la dejaría soltera pronto, para que buscase otro amante más a su medida. Si en verdad lo quería, debía comprender sus inseguridades y aceptar con paciencia sus exabruptos, por absurdos e irracionales que fuesen. El verdadero amor – se repetía mentalmente – está en el sacrificio por los otros y en el cumplimiento con la sociedad del compromiso contraído, no había hijos de por medio pero así sería más sublime su entrega.

Al principio las cosas empezaron a caminar de manera diferente, la veía regresar de sus sesiones liberada y para tomar a broma sus reclamos. Parecía más jovial y más fresca que antes, era cómo si el análisis la hubiese entonado en una clave diferente. Sus bromas tenían un aire sarcástico que lo desarmaba completamente y le hacían soltar la carcajada para acabar riéndose de sí mismo. Le empezó a mimar de nuevo con un cariño agigantado que prácticamente lo asfixiaba, de pronto había sucedido el cambio que él codiciaba y aún así, se sentía mal. Se había acomodado en el tren desdicha y no podía salir de ese riel.

Conforme pasaba el tiempo, las cosas volvieron a estancarse en la medida que la terapia progresaba. A pesar de que tenían nuevamente relaciones sexuales, empezó a notar, paulatinamente, un aire de pasmo ante todo y alejamiento del mundo.

Se preguntó que le estaba ocurriendo con desesperación. Tal vez se estaba culpando del mal rumbo de su relación, cuando no era su culpa lo que había estado pasando. Quizá esa vuelta del cariño inicial era solamente una actuación ó período ciclotímico en su carácter variable, a lo mejor necesitaba medicación y no palabras ó simple escucha.

Pensó en la famosa transferencia de amor y empezó a sospechar que se estaba chiflando por su psicoanalista. Le horrorizó sobremanera pensar en la posibilidad de que un profesional no ético se aprovechase de su confianza. Cada día que transcurría, se hallaba más extraña, como fuera de este mundo.

El extraño misterio que en Ella ocurría siguió avanzando.

Sus sesiones nocturnas de análisis se incrementaron de dos a cuatro veces a la semana. De pronto, empezó a mirar a través de él. Su vista iba siempre más allá de donde él estaba, incluso hacia ninguna parte. Una furia se empezó a desatar en su dentro ante su conducta, él había dejado de existir y no lo esperaba para comer ni para acostarse. Parecía que hacía su vida de soltera y que no le importaba en absoluto seguir compartiendo el mismo espacio. Más pronto que tarde, llegó un momento en que cada quien ocupó una habitación diferente.

La indiferencia, cuál virus silencioso, fue destruyendo toda desconfianza y reproche. Empezó a reconsiderar su miserable actitud, a cortejarla de nuevo. Comprendió que su estupidez la había arrastrado a esa indolencia insoportable. Lo más que lograba es que Ella se limitara a echarle una ojeada con unos ojos tristes y sin vida, pero, escasamente le hablaba.

Y de nuevo vinieron los celos. Se preguntó si su cambio de actitud, no sería producto de esos supuestos nuevos amores. Decidió observarla a escondidas y la sorpresa que se llevó es que prácticamente ella dormía todo el día y había dejado de comer. Sólo tomaba lácteos y, cada vez, en menores cantidades ¿Se trataba de anorexia nerviosa?

Eso sí, parecía que se reanimaba para sus sesiones de análisis y salía al ocaso del sol a pasear un poco por las calles y las tiendas antes de llegar a su sesión. Cuidadosamente la siguió y reconoció que las noches que no iba a su terapia, se dedicaba a vagar por ahí al amparo de la oscuridad. Luego, se le perdía misteriosamente en las calles sin que pudiera explicarse, qué senda había tomado.

Habló con un psiquiatra amigo suyo para exponerle el caso. El médico psicoanalista le preguntó el nombre de su terapeuta, pero no lo reconoció entre los colegas que frecuentaba ó conocía. ¡Había tantos psicoanalistas ahora! Algunos – provenidos del legendario exilio sudamericano – se habían formado prodigiosamente en el vuelo de camino a México. Aún así, le indicó que no interfiriera. Ese alejamiento, advertía un fenómeno normal y esperable en todo tratamiento psicoanalítico, le oyó decir:



– Durante el proceso terapéutico es normal que un paciente se apegue emocionalmente a su terapeuta. Sólo existe en este momento su analista en mente. Es absolutamente normal, te digo. Vas a ver cómo en un poco de tiempo, empezará a tomar las cosas con más calma. Es un período difícil, porque quienes sufren son las parejas. Tiene que revivir sus vínculos y dependencias infantiles en ese escenario. Se irá desprendiendo, poco a poco, de eso que técnicamente se llama transferencia, pero que es amor al fin y al cabo. Estoy seguro volverá a ti para rehacer sus vidas. Si no fuese así: ya se habría ido hace tiempo. Algo importante la retiene junto a ti.



La bondad de sus palabras le asustó más que tranquilizarlo. Le dolió y molestó, el tono pedagógico del sermón. Podía considerarse a sí mismo un hombre de criterio, pero eso de que su joven y vulnerable esposa, fuese a contar sus intimidades a un desconocido que podría aprovechar de esa información para – ¿por qué no? – seducirla, era algo que él no podría permitir.

¡Cuántos casos no había oído sobre el particular! Los dedos de sus manos no alcanzaban para contar los chismes sobre terapeutas que empujaban en abismos de amor y dependencia sin fondo a sus pacientes.

Fuera lo que estuviese pasando, se veía cada vez más perturbada. Ese interés perdido por la comida hizo crisis. Empezó a beber solamente agua natural y a bajar de peso aceleradamente. Su delgadez extrema y su color pálido comenzaron a asustarle.

Su mujer parecía víctima de un estado de depresión severo. Si una etapa del tratamiento producía esto: ¿Sobreviviría al resto?

La historia de que volvería anhelante, le sonaba a patraña. Se podía ver – objetivamente –, que se estaba alejando para siempre y además, su salud estaba en peligro.

Decidió tomar cartas en el asunto y hablar personalmente con su terapeuta para indagar qué estaba pasando. Llamó al consultorio identificándose con la secretaria y solicitó una cita para hablar con el analista. Cortésmente la secretaria indicó – tras de consultar con el doctor – que dicho encuentro no procedía, que con gusto le daría un par de referencias de otros colegas. Iba a gritar algo obsceno en el teléfono, pero, colgó sin discutir.

Una idea – devoradora como sus celos – empezó a invadirle. Tomaría por asalto el consultorio de ese charlatán y lo confrontaría. O quizás sería mejor confrontarlos a los dos, sorprenderlos si era preciso en el acto, y ver con sus propios ojos qué clase de terapia consumía la vida de su amada.

Esa noche, acudió al edificio del consultorio a la hora de la consulta. Desde la calle, esperó hasta que la vio entrar al edificio. Antes de que la puerta cerrase, pudo colarse detrás, sin ser advertido. Una vez que se percató del piso dónde Ella se dirigía, marcó el botón del ascensor y esperó a que llegara para alcanzarla.

Salió a un pasillo y buscó el despacho. La puerta estaba entreabierta, distinguió un pequeño escritorio custodiado por una secretaria madura de gafas. Entró y demandó por el doctor en cuestión. Se hallaba ocupado. Le preguntaron si tenía cita con él. Respondió que no, pero que tenía sumo interés en verle. Entonces – dijo la doña –, el doctor no podría atenderle. Pero si dejaba su nombre, quizás se podría arreglar una entrevista. Escupió un alias y dijo, que esperaría para hablar personalmente con él. La secretaria contestó molesta que tomara asiento. Obedeció, fingiendo contrariedad.

Ahora se hallaba más confuso que nunca. Estar ahí era una locura. Iba a levantarse para largarse, cuando sucedió algo inesperado. La mujer abrió el escritorio y sacó con discreción su bolsa, saliendo del despacho para dirigirse al baño en el pasillo.

Permaneció inmóvil unos momentos, sin saber qué hacer.

En aquel momento, su amor, sus celos y rabia volvieron mezclados en un remolino caudaloso de emociones. Sintió que la cabeza le iba a reventar.

Algo en su dentro, comenzó a encenderse hasta que las llamas inflamaron todo su cuerpo.

Violentamente se precipitó hacia la puerta, haciéndola crujir primero, para vencerla después con el peso de su cuerpo.

Ante su mirada apareció entonces un cuadro de horror perverso inimaginable.

Las tenues luces del lujoso consultorio no impidieron que sus ojos se clavasen en el diván. Ella se encontraba yerta, mientras un cuerpo de hombre la cubría parcialmente. El rostro del desconocido se borraba, ocupado en una caricia sobrecogedora.

Él se adelantó sin furia, con paso tembloroso, para atestiguar cómo el OTRO giraba su rostro, y mostraba cómo: de sus labios manaba la vida roja, que también fluía tibia del cuello del cisne.

Este cuento lo escribí en 1989. Ha sido publicado previamente en Carta Psicoanalítica No. 11.


martes, 1 de abril de 2008

LA PASIÓN POR EL HORROR.


La idea para la elaboración de este trabajo, surgió después de haber visto la película de Takashi Shimizu "La maldición", filmada en 2004, adaptación al cine norteamericano de la japonesa Ju On realizada cuatro años antes y seguida de varias secuelas. Por supuesto, entre las versiones orientales y la occidental hay diferencias, y la última aparece con actores occidentales conocidos, amén de ser un resumen de varias situaciones presentadas en la serie japonesa, pero la idea fundamental se conserva.

Hoy día se ha repetido la fórmula de esta película hasta la saciedad en producciones orientales y occidentales, hasta quedar sin efecto la sorpresa al espectador. Pero, debo confesarles, que pocas películas me han intimidado tanto como ésta en los últimos años, me costó una noche de vela e impaciencia que me obligó a regresar un par de días más tarde, al cine junto con mi amigo Renato (perfecto acompañante fóbico) para verificar qué me había ocurrido.



La segunda vista del filme me hizo reflexionar algunas cosas que quiero compartir con ustedes, para algunos será extraño que hable hoy tanto de cine, pero lo hago en conciencia de saber que el psicoanálisis y el cine son hermanos de un mismo padre: el sueño. De hecho, pocos autores dentro de la filosofía y también el psicoanálisis han tomado en serio su proximidad como una característica que va más allá de lo casual, pese a que comúnmente se repite una y otra vez la frase que indica que: "El cine es la fábrica de los sueños". Psicoanálisis y cine nacen casi a un tiempo, a principios del siglo XIX y no han dejado de influirse mutuamente, sólo a través de la teoría y la crítica, sino del intercambio de imaginerías.


También, el cine también es filosofía, así lo ha demostrado con bastante éxito, un texto curioso y excelente del filósofo argentino Julio Cabrera llamado: Cine: 100 años de filosofía. Así que, una recomendación a los futuros filósofos y también a los psicoanalistas: vean más cine.


La película pone en escena un juego de espacios realmente espectacular (estilo Alain Resnais, David Lynch ó Tykwler) que no se comprende bien al principio, porque la sucesión temporal está completamente trastornada. Me importa usar este ejemplo para ilustrar algunas ideas sobre lo que subyace en la tragedia del horror.



El filme inicia con un acontecimiento realmente espeluznante: María, esposa de Bill Pullman se desembaraza de su sueño matinal apenas a tiempo para ser testigo de cómo su compañero – presa de una angustia irrefrenable– se rinde al vacío desde lo alto del balcón de su apartamento, destripándose en el piso de manera grotesca. Éste es el primer golpe dramático de la película que cae como una guillotina en el espectador.


De allí, vamos a una historia aparentemente inconexa. Karen (Sara Michelle Gellar, la cazavampiros de la televisión), visita en calidad de enfermera en intercambio, una casa embrujada habitada por una anciana casi catatónica que reconoceremos luego, como la única sobreviviente de la familia Williams, atacada por los fantasmas que habitan esa casa. Asiste substituyendo a Yoko, compañera que no se ha presentado a trabajar. Cómo sabremos después, a través del armado narrativo, también ha sufrido el ataque de los espíritus malignos que habitan esa casa y de ella sólo queda una quijada sanguinolenta y desprendida. A través de un hilo de sangre, reconoceremos après coup la historia fundamental: Kayako Saeki, casada con un celoso loco, se trastorna más que enamorarse por un extranjero y lo sigue a todas partes con obsesión. Su marido descubre con rabia la ignominiosa pasión y en un ataque de rabiosa cólera, mata a su esposa e hijo Toshio, antes de liquidarse él mismo.



Peter Kirk, llega justo después de la masacre y se encuentra con el escenario teñido de rojo. En una escena magistral, el director Shimizu cruza el presente y el pasado sin que éstos puedan tocarse o influirse de alguna manera, en un momento dado, Karen asiste desde otro plano temporal al descubrimiento de la escena sanguinaria de amok que sufre el padre humillado, eso llevará a Peter al suicidio. Me parece que la explicación de esa decisión fatal está en el hecho de que después de esa visita al lugar del crimen, éste queda marcado por un trauma inasimilable en el que lo absurdo de un hecho golpea toda lógica. El personaje que encarna Bill Pullman se horroriza de sí mismo, de saber que ha provocado tanta pasión y tanta muerte sin haber movido un solo dedo, la pesadilla ha sucedido porque él ha sido jugado en lugar insoportable de objeto causa del deseo.



Deseo trágico en el que ha sido involucrado sin saberlo, sin motivarlo, sin quererlo. Me parece que en la versión occidental es todavía más dramática esta escena porque él es un extranjero, alguien que irrumpe de fuera, que no espera nada y sin embargo se encuentra con una fuerza arrolladora que le arrastra a él mismo.


El detective a cargo de la investigación, descubre la maldición y el imperio de ésta, en su hija, diez años más tarde. Pretende – en un intento fallido que le cuesta su vida – contenerla, destruyendo la casa antes de que su hija sufra la maldición. Muchos de los ataques en el filme, son antecedidos por la presencia del niño fantasma que murmura su nombre apenas y que parece identificarse con un animal felino.


El novio de Karen perece tratando de rescatar a su chica y ella al final parece salvarse relativamente, a través de la comprensión de la tragedia. Empero, ya en el nosocomio psiquiátrico, es atacada nuevamente por el fantasma de Kayako quien surge de ninguna parte para completar la maldición.


Lo que más me desconcertó del filme es la violencia que hace a los lugares comunes del horror romántico y gótico. En todo el cine de horror y en general la literatura occidental de este género hay ciertas constantes, una razón de causa y efecto terrorífica, pero que corre a través de vertientes lógicas en los que hay una motivación precisa para la maldición ó el contagio y una forma posible de combatirla. El hombre lobo no es inmune a la balas de plata, el vampiro se mata con una estaca de madera, a los zombies hay que dispararles a la cabeza, los poseídos hay que exorcizarlos.


En lo que podríamos llamar el horror ancestral, nada es totalmente aniquilante, es un terror contenido que si bien no siempre desemboca en un final feliz, no elimina del todo la ilusión de un retorno al paraíso. El mito del vampiro, por ejemplo, está habitado de la sensualidad desbocada de la pulsión oral que caracteriza al niño pequeño y es a un mismo tiempo una interpretación delirante de la pasión amorosa. Drácula y sus sucedáneos muerden a sus víctimas pero no sólo quieren beber su sangre ó desgarrar su carne, convierten al sacrificado no sólo en su cómplice, sino en su semejante. El vampiro busca contagiar su sed a otros, es a final de cuentas un romántico incurable que lo que intenta es sobrevivir más allá de la muerte y vencer la soledad de ésta.


Cabe aquí distinguir ciertas expresiones asociadas a la búsqueda de lo siniestro, específicamente: la angustia, el horror y el terror.


La angustia podríamos definirla como un sentimiento vago de aflicción que fue observado por Freud en sus primeras pacientes histéricas y que producía a nivel corporal una serie de síntomas que llegaban a ser invalidantes. No voy a hacer un recuento minucioso de la elaboración que llevó a Freud a constituir una primera y una segunda teoría de la angustia. Diré tan sólo que en la primera teoría: la angustia surge de una trasformación de tensión acumulada, es libido estacionada que se oxida, vino que se transmuta en vinagre. En la segunda teoría, establece más definidamente que la angustia proviene del Yo y que éste la usa como una defensa ante situaciones desfavorables, una especie de señal. Freud le da entonces a la angustia dos fuentes diferentes: una, involuntaria, automática, inconciente, explicable cuando se instaura una situación de peligro análoga a la del nacimiento y que pone en riesgo la vida misma del sujeto; otra, voluntaria, conciente, que sería producida por el yo cuando una situación de peligro real lo amenaza. Así, la angustia tendría allí como función intentar evitar esos peligros. Lacan es más específico en lo que se refiere a la angustia, diciéndonos que NO HAY ANGUSTIA SIN OBJETO... pero ese mismo objeto puede ser la nada.


El horror viene del término latín Horrens (participio presente de horrĕo), algo espantoso nos pone los pelos de punta, nos excita y nos encrespa. Recuerdo aquí una vieja película llamada "El aguijón de la Muerte" (The Tingler 1959), película de serie B de terror protagonizada por Vincent Price, dónde desde la pantalla corre por el piso una especie de falo que se introduce en los espectadores paralizándolos, petrificándolos hasta su muerte. El director aparece al principio de la película en un prólogo ante los espectadores advirtiendo que aquellos que piensen que no van a soportar la película salgan enseguida, porque el aguijón es atraído por el miedo.


El horror para distinguirlo del terror, lo pondremos del lado de los productos más fantásticos, los monstruos y situaciones, aparecen aquí como un fenómeno traumático, brutal e inhumano, que rompe con la realidad del mundo. Hay en este género una suerte de violación al receptor, al espectador, al lector. Parecería como si el convidado de piedra se apareciese a Don Juan para arrastrarlo al lado oscuro. Dentro del cine se han realizado clasificaciones diversas para los géneros de horror, ensayemos enunciar una:



Psiqué. Todo lo relacionado con la mente (sueños, premoniciones, hipnosis, visiones, etc.), verbigracia: El gabinete del doctor Caligari de Weine (derivado genial del psicoanálisis y encarnación expresionista del brumoso Dr. Charcot) Pesadilla en la Calle del Infierno de Wes Craven y Carrie de Brian de Palma.


Tekné. Máquinas ó inventos fabricados por el hombre que producen desastres: La mosca protagonizada por Vincent Price primero y luego por Jeff Goldblum, Videodrome de Cronemberg, Terminator de James Cameron, Re-Animator de Stuart Gordon, las innumerables adaptaciones de la obra de H. G. Wells, La máquina del tiempo.


Fantasmas/espíritus/entes. Intervención de seres que vienen de otra dimensión inexplicable para matar ó violentar a los humanos: El Ente de Sydney J. Furie, Hallowen de John Carpenter, Suspiria ó Infierno de Darío Argento, El jinete sin cabeza de Tim Burton.



Posesiones demoníacas. Arribo de fuerzas oscuras y el propio demonio quienes, se centran, en este caso sobre una víctima: El Exorcista de William Friedkin, Posesión de Zulawski, Puppetmaster de David Schmoller, Chuky y sus horrendas secuelas, Beetlejuice de Tim Burton.



Transmutaciones y fusiones:
Modificaciones parciales ó totales del cuerpo, generalmente de carácter no voluntario. El hombre invisible, Incredible Shrinking Man de Jack Arnold , Virus de , Sexto sentido de Shyalaman ,


Extraterrestres. Seres del espacio exterior nos atacan: El día que se paralizó la tierra de Robert Wise, La guerra de los mundos de Spielberg, Solaris de Andrei Tarkovsky, Alien de Ridley Scott.


Ataque de Seres bizarros: Entidades siniestras de sesgo ecológico ó lovcraftiano que despiertan para hacer valer sus derechos: King Kong de Cooper y Schoedsack, La gente debajo de las Escaleras de Wes Craven, todas las secuelas de la Momia originalmente protagonizada por Karloff, también el monstruo
posnuclear Godzilla de Inoshiro Honda,
los subproductos a que dio lugar, y Los niños del maíz desdichado film y magnífica historia de Stephen King.


Criaturas inhumanas. Seres sensuales, vivos – muertos que sufren la vida eterna como los vampiros y hombres lobos: Nosferatu de Murnau, El hombre lobo protagonizado por Lon Chaney, por supuesto Drácula de Tod Browning y los retoños ingleses del mito producidos por la firma Hammer, Cat People primero de Jacques Tourneur y luego de Paul Schrader, y Hellriser y Candyman de Clive Barker.

¿Qué hay de común en todos estos monstruos? El retorno de lo más profundo de lo reprimido. La experiencia de ser inundados por la locura desbocada, por la imaginación al vuelo, por el delirio que crece por causa de una cierta forclusión originaria que deniega el lugar de un hecho traumático grave, provocando que en el lugar del hueco surja la alucinación. Estaríamos en el género de horror, explorando la caverna de lo imaginario sin límite, plantados de lleno en el terreno de la psicosis, en contraste con el terror que estaría del lado del retorno de lo reprimido. Aquí en el horror estamos ante una presentificación ó un subproducto de de lo precluído, en el terreno de la locura propiamente dicha.


Por supuesto, los márgenes no son nunca precisos, las clasificaciones de la lógica y lo Real son siempre un matrimonio mal llevado, las categorías no son absolutas, el gusto por lo universal tan propio de muchos filósofos antes de la posmodernidad debe ceder siempre ante lo particular de la aparición de un caso.


Esto lo vamos a ver siempre muy claramente en la obra freudiana, un rechazo a los sistemas en Freud, que podría entenderse como un anticipo de las visiones contextuadas, frágiles de la filosofía de los últimos 30 años. Las "tesis fuertes" pretenden de alguna manera, alcanzar lo Absoluto, el sentido de las cosas: el Ser y la Verdad. Visión que sigue presa de una tendencia que entiende que hay un dominio del objeto sobre el sujeto, que deriva en una aspiración vana a dar cuenta de todo discurso, gracias a un reducido número de elementos básicos y universales.


Freud comprendió visionariamente este asunto y de ahí su rechazo a lo que se denominaba como filosofía en su tiempo. El rechazo a la filosofía como Weltanschauung de Freud es un repudio a tesis monolíticas y totalizadoras.



Terror viene de terrĕo en latín, que a su vez viene de ταράσσω y significa remover, agitar, revolver, alborotar, inquietar, estar en anarquía. El terror tendría una base más asentada en lo racional si es que lo podemos llamar así, aunque la esencia de la fobia misma es que se trata de un fenómeno de exceso sin aparente sentido. Los peligros que nos acechan son: repetición de situaciones desagradables, desastres naturales, rebeliones de esclavos ó niños, asesinos en serie, animales ó insectos, y por supuesto fenómenos naturales. Dos películas de Alfred Hitchcock ilustran esta vertiente: Psicosis y Los pájaros. No voy a aburrirlos con más ejemplos sobre esta clasificación, porque éste sería objeto de un trabajo diferente. Pero la base de los temores que se mueven aquí, está de manera mucho más clara vinculada a la amenaza de castración, a la impotencia y a la frustración, más que al ataque de seres fantásticos. Uno se paraliza de miedo al presenciar el espectáculo de terror, porque uno sabe que todo eso es posible en nuestro mundo. El mecanismo en juego sería aquí para nosotros la evidencia de aquello que intenta sofocar y ocultar el juicio de desestimación en Freud, aquí estamos del lado de la lo que podríamos llamar neurosis. Recordemos aquí que en el artículo "Neurosis y Psicosis" de 1924 propone una fórmula simple e ingeniosa para distinguir un concepto del otro: La neurosis es el resultado de un conflicto entre el yo y su ello, en tanto que la psicosis es el desenlace análogo de una similar perturbación en los vínculos entre el yo y el mundo exterior.




Freud empieza su artículo sobre lo Ominoso (Unheimlich, 1919), indicándonos que poco importan al psicoanalista los espectáculos estéticos definidos como bellos y de sentimientos positivos que sí interesan al amante del arte, es curioso leer una aseveración de esta naturaleza en nuestro actual mundo caligaresco, dicha afirmación nos puede parecer ingenua hoy y hasta de una simpleza enorme. Nos pasa una vez y otra con el profesor que nos encontramos con frases que nos hablan de cómo aún tiene puesto Sigmund, un pie en los valores decimonónicos. De hecho, como buen burgués de su tiempo, se mantuvo aislado de las vanguardias estéticas, los aparatos eléctricos y desgraciadamente también del cine. No conoció ó no quiso conocer el camino siniestro que tomaría el arte contemporáneo que hace según Trías, de la repugnancia, la saliva, el vómito y el excremento, lo macabro y lo demoníaco, las teclas de un dispositivo que enfrenta las amenazas a la vida que surgen de todas partes – del interior y el exterior – y que nos acosan, intentando aniquilarnos. Así el arte de hoy, convierte en placer el dolor, produciendo una aporía curiosa, su efecto final es siempre benéfico, liberador y en la exploración de los límites de lo soportable produce intensificación de la vida, catarsis y cura.



Sin embargo, si nos portamos generosos con el creador del psicoanálisis, podemos decir a su favor que aún faltaba que se asentaran e incluso se creasen los grandes movimientos estéticos que marcaron al siglo XX – dadaísmo, cubismo, expresionismo, surrealismo, expresionismo abstracto etc. – y que instituyeron una nueva estética en la que la noción de lo bello aparece completamente transfigurada.


En el artículo en cuestión, cita Freud a Schelling, considerando que puede llamarse unheimlich a todo lo que estando destinado a permanecer en el secreto, en lo oculto, y que por alguna razón, ha salido a la luz.


Desde las primeras líneas define sin problemas y eliminando el suspense, la raíz de lo ominoso como un variedad de lo terrorífico que se remonta a lo consabido de antiguo, a lo familiar desde hace largo tiempo.


El trabajo de Freud, al tratar de desentrañar el origen de lo ominoso, escoge guiarse por una vertiente hermenéutica no simbólica simple, es decir substitución de una representación consciente por una inconsciente (en el caso del Rattenman lo hará así al sustituir un significante por otro: ratas à el pene, los niños, la escena sexual, sífilis.). Parte del análisis lingüístico y formal de la palabra Unheimlich, nos dice que la palabra alemana es, evidentemente, lo opuesto de lo heimlich (íntimo), doméstico, y puede inferirse que es algo terrorífico justamente porque no es consabido, ni familiar.


Siguiendo una sugerencia de Reik, hurga en el desván de los diccionarios francés, español, inglés, griego y latín. Desde luego, no todo lo nuevo y no familiar es terrorífico, sino que a lo ominoso debe agregársele el elemento de que eso nuevo en realidad se trata de algo viejo que había sido reprimido y sorprende. Unheimlich es el negativo de Heimlich que alude a lo familiar, lo no ajeno, lo doméstico, lo de confianza e íntimo.


Las largas citas en el trabajo, nos revelan que la palabra heimlich, entre los múltiples matices de su significado, muestra también uno en que coincide con su opuesta unheimlich. Para Freud es la prueba lingüística de que en la praxis, lo heimlich puede devenir unheimlich. Nos dice de manera concluyente: "De algún modo, unheimlich es una variedad de heimlich".



El análisis del cuento "El hombre de Arena" de Hoffman le servirá a Freud de ejemplo, para servirnos sus interpretaciones y tesis, yo no he tratado más que de seguir su método con todos los ejemplos que he traído anteriormente. Las conclusiones del análisis de la pequeña historia de terror conducen a revelarnos que la historia está repleta de personajes y situaciones pavorosas que reaparecen una y otra vez, merced a una compulsión de repetición. Concepto de nueva aparición en la teoría freudiana, que es indispensable para armar el rompecabezas final. La repetición no voluntaria, no controlada de lo mismo es lo que vuelve ominoso un acontecimiento. El análisis de Freud hace una clasificación de las situaciones más frecuentes dónde se encontraría un individuo con esta sensación de lo siniestro:


Individuos portadores de maleficios o infortunios. A partir de este punto proporcionaré más ejemplos que facilitarán la comprensión de cada dispositivo poético de lo siniestro. (Éride en las bodas de Tetis y Peleo en La Ilíada de Homero, Coppola en el cuento El hombre de arena de Hoffmann, la bruja en La Bella Durmiente de Perrault).

El tema del doble (el Sosías de Plauto, William Wilson de Poe, El estudiante de Praga de Stellan Rye, Dr. Jeckyll y Mr. Hide de Stevenson, el escritor y su doble en la novela Escándalo de Shuzaku Endo).

La duda de que un ser animado sea en efecto viviente o viceversa (El mito del Golem magistralmente plasmado en la literatura por Gustav Meyrinck y en el cine por Paul Wegener, Frankenstein de Mary W. Shelley, Blade Runner de Ridley Scott).



El retorno de lo mismo (la recursividad del castigo de Prometeo, La llamada de Cthulu de Lovecraft; en su bis cómica –porque lo cómico y lo siniestro son expresiones de un mismo dispositivo– la película El día de la Marmota de Harold Ramis con Bill Murray).

Las imágenes de amputaciones ó deformidades (Freaks de Tod Browning, la historia verdadera del Elephant Man, pero sobre todo el cine gore).

La aparición de lo fantástico soñado en lo real (el mito de Midas rey de Frigia, Solaris de Stanlislaw Lem, pero también: Lost Highway y Mulholland Drive, sendas películas de David Lynch).


Esta clasificación de Freud y la de filmes de horror que antes mencionamos se suponen. En ambas listas nos encontramos con el retorno de lo reprimido vía la obra de arte. La compulsión a la repetición ilustra como lo reprimido intenta «retornar» al presente, en forma de sueños, síntomas, o acciones. La metáfora freudiana alude al regreso de un fantasma: «lo que ha permanecido incomprendido retorna; como alma en pena, no descansa hasta encontrar solución y liberación». Esta hipótesis de un principio de tal naturaleza, nos hace pensar que bajo el sufrimiento aparente, como por ejemplo el del síntoma, se busca la realización de un deseo y la tramitación de un empuje, el síntoma es una tentativa de curación.
En ese sentido, el horror y la búsqueda del horror es la repetición del trauma y su búsqueda de elaboración. El espectador fanático de este género pretende dominar sus horribles temores y reconfortar su alma golpeada y acongojada. Al leer ó ver en pantalla los espectáculos horribles que presencia, se libera de sí mismo y se convierte en espectador, expulsando de sí, por un momento, sus propios fantasmas. Asiste al cine, como antes acudían los campesinos a la hoguera de brujas ó a las ejecuciones públicas. Su sed de sangre es una sed de liberación. Tal parecería que los monstruos son un fenómeno brutal e inhumano, que rompe con la cotidianeidad, con lo común. En realidad, por la puerta del horror, entra una metáfora sobre nuestro propio deseo.

Pero también hay otros sentidos posibles para entender este fenómeno. La compulsión a la repetición que caracterizaría al horror, pone en juego el hecho de que lo que puede ser displacer para un sistema (conciente), puede ser placer para otro (inconsciente). Y más todavía, quizá esta repetición debe relacionarse con el aspecto más real y corporal demoníaco que habita toda pulsión, la tendencia a la descarga absoluta que llamamos pulsión de muerte. Lo diré de otra manera: el espectáculo del horror, por espantoso que sea, cumple la función de sublimar nuestras pulsiones asesinas ó suicidas. Me parece que una lectura detenida de Personajes psicopáticos en el teatro del mismo Freud, apoya completamente nuestra tesis.

Estoy conciente de que las nociones de compulsión a la repetición y pulsión de muerte son afirmaciones que tienen la forma de una pregunta compleja y necesitamos de un análisis más acabado para elucidar sus ramificaciones y corolarios. Se ha dicho que estos conceptos ponen en duda el imperio de la búsqueda del placer y empujan la teoría freudiana hacia una deriva ideológica de corte pesimista. Para mí es más o menos claro, por la experiencia práctica de muchos años, que se trata de tendencias que encontramos en la práctica analítica cotidiana y negar el valor práctico de asumir estas afirmaciones nos vedaría el camino a una clínica funcional, performativa.


¿En qué momento pierde el horror su efecto de sentido? ¿Cómo pasa a ser algo que fue espantoso, a ser considerado un espectáculo cómico? ¿En que momento el pavor se vuelve kitsch ó camp? Todos hemos visto viejas películas de ciencia ficción ó de terror volverse objetos de risa. Nos carcajeamos de las situaciones burdas, de la ingenuidad del realizador ó los espectadores de antaño, de los efectos especiales caducos (Godzilla aniquila ciudades de cartón, mientras los habitantes de Tokio gritan: – "¡Oh no! ¡Destruyó la maqueta!").



Una vez cumplida la función de la sábana, ésta cae. Detrás del fantasma no hay absolutamente nada. Esta verdad que tanto temíamos se vuelve insípida ó despreciable. Las viejas películas de miedo dan risa porque en ellas nos vemos a nosotros mismos liberados de los temores que asolaban, no hace mucho, a nuestros padres.


Pero aún queda pendiente la cuestión que nos movió a la elaboración de este trabajo: ¿Qué pasa con el cine del nuevo horror japonés? ¿Qué es lo que desconcierta tanto en este tipo de fantastique?


A partir de la revolución copernicana del siglo XVI, la locura y otras formas de sin razón, quedan reducidas a una forma de error. Se desprecia todo aquello a lo que no puede hallársele sentido o lógica, privilegiándose el encuentro de una estructura o un sistema que siempre dará como resultado variaciones explicables. Hume cuestionó en su momento ese modelo, al poner de manifiesto la inferencia injustificada que se encuentra en la relación causa — efecto, su voz fue oída por unos cuantos: Kant el primero y más importante. Ante el noúmeno, el hombre se revela como ávido de sentido, buscando regularidades, identidades, semejanzas y hasta diferencias que dan lugar a una conciencia ansiosa de buscar marcas de progreso y continuidad en las cosas: una estructura esencial. Nietzsche lamentaba que la filosofía —y más específicamente: la ciencia— intentase exterminar la visión mito-poética y caótica de la realidad, propia de la sabiduría trágica de los griegos.


¿Será acaso que el hombre no tolera el caos de lo Real? ¿Su constitución subjetiva le empuja al sentido aunque éste no sea evidente ó no esté presente? Cultura en el hombre significa ordenación, organización, rechazo a la locura del azar. El mismo psicoanálisis a través de la asociación libre y la ley del determinismo psíquico, tiende a negar este fenómeno y jugarse por un determinismo absoluto que el lenguaje científico ha desechado como un fardo estorboso.


Vivimos una época en la que nos encontramos saturados de información, acontecimientos y eventos culturales. El hedonismo parece ser la única moneda visible y corriente para el intercambio humano. Los ideales de progreso de la modernidad han sido substituidos por un vago camino hacia la nada. Atrás quedaron las profecías históricas marxistas y los héroes sociales del siglo XX. La lucha individual y la autorrealización parece ser el único ideal posible en el universo hipercapitalista. La información de todas partes, nos proporciona datos efímeros, no hay saberes fiables, todo es incertidumbre e inseguridad psicológica y social.



Por la puerta del horror japonés, entra el demonio del azar, enemigo de la Moira y opositor de las leyes de ananké. El caso Ringu (1997), de la pluma de Koji Susuki (llamado el Stephen King japonés) es el antecedente previo a la película que me inquietó tanto. Si hay un filme importante en los últimos años dentro del cine japonés es precisamente éste, del que se vendieron derechos para hacer versiones en otros países, se hizo serie de televisión y varias secuelas. Al respecto, Pier Maria Bochi señala: "El aire y la atmósfera quedan paralizados, absorben la lógica y anulan la sonoridad del lenguaje. Los personajes – y el espectador – fluctúan en un mundo dónde las cosas que deben comprenderse, las cosas que deben descubrirse no pueden descubrirse, porque todo es al mismo tiempo negro-transparente-invisible (…) la banalidad de una acción o de un gesto, que la atención humana no capta porque es insignificante, adquiere una connotación terrorífica que no puede explicarse en términos de lenguaje (…) no conseguimos entender la razón, en un mundo dónde la razón ya no existe".



En el caso de Ju On, lo que nos asusta y turba, es precisamente la falta de lógica de ciertas escenas: los fantasmas actúan a capricho, no se circunscriben a la casa embrujada persiguiendo a sus víctimas hasta sus casas y refugios. Sus transformaciones no siguen ningún patrón que se produzca de acuerdo a una ley. Mortifican a los humanos que quieren ayudarlos, despedazándolos y condenándolos a vagar. Se entremeten en el pelo de los indefensos protagonistas ó nacen de su espalda. Llaman por teléfono y tocan puertas, encarnan a los familiares. Más todavía, en escena, aparecen en contrapunto y confundidos, desconcertando al espectador: pasado, presente y futuro.


Este nuevo cine japonés, refleja una crítica a lo que podríamos llamar "cierto orden lógico del mundo" y nos hace patente a través del horror nuestra estupidez. Con él, somos víctimas de un horror vacui psicológico, que alude a la falta de lógica, estructura y razón de los hechos. Estamos ante un nuevo caso de terror, que no deja de tener los elementos tradicionales que mencionaba Freud, pero al que se le agrega un plus. Lo que aterra de este género, es que la pesadilla no pueda tener final, que no haya redención posible, protección, amuleto ó vacuna y que el absurdo sea la regla. Lo que más nos parece acongojar, es que precisamente éste pueda ser la condición de nuestro mundo hoy día y en adelante, una maldición para nosotros y las próximas generaciones. Esta nueva manifestación del arte, nos dice por la vía de la sublimación: nada puede comprenderse, no hay ley en el mundo, todo es vacío, no existe Dios. El resultado es precisamente el horror, como una manifestación de espanto ante un mundo imprevisible e impenetrable.


Hay en el horizonte social elementos que coadyuvan a que este tipo de manifestación artística florezca. No es casual que este nuevo terror, provenga precisamente de Japón, país que representa un caso paradigmático, y que atrajo la atención de los científicos sociales, debido a que fue el primer país asiático que ingresó, por vía de la industrialización, al mercado capitalista y que, a pesar de haber perdido una guerra mundial, se convirtió en una de las mayores potencias. Japón sufre actualmente de una baja drástica en su productividad, una crisis monetaria y deflacionaria de corto plazo. No hay más empleo vitalicio, problema que tiende a agravarse con el envejecimiento de la población. Deuda interna cercana al billón de dólares, escasez de crédito, este es el mundo que nos espera vivir dentro de poco en todo Occidente y es por eso que el terror nipón se puede universalizar. No es sólo horror metafísico lo que hay en juego, sino un miedo a que los estudios no sirvan para obtener empleo, que los empleos no puedan conservarse, que los títulos nobiliarios académicos obtenidos con tanto esfuerzo no sirvan para nada en el mundo, que las universidades restrinjan más sus filtros de acceso, que la población se proletarice más ó de plano se hunda en la depauperación extrema. El regreso Unheimlich de la desesperanza antes de los valores de la modernidad. Si pudiéramos poner en términos de lenguaje la maldición moderna que nos aterroriza más que a la Alicia de Carroll, sería ésta: "Damas y caballeros: ¡Bienvenidos al nuevo siglo! ¡Bienvenidos al mundo de la incertidumbre!




PUBLICADO PREVIAMENTE EN CARTA PSICOANALÍTICA.

Documental sobre Jacques Lacan