lunes, 17 de noviembre de 2014

Comentario a la entrevista de Jean Allouch en Calí, Colombia realizada por Johnny Orejuela (17 de abril de 2009).

¿Quién puede dudar de la calidad de algunos de los trabajos de Jean Allouch?
Él viene cada año o cada dos a México a impartir seminarios que versan sobre temas diferentes, pero cuyo recuento por amigos no me ofrece la curiosidad por volverme a inscribir en sus exposiciones, y eso sería motivo para otro artículo que excede los propósitos del tema que hoy trataré. Recuerdo haber tenido 25 años  (eso hace tiempo), y descubrirlo a través de un brillantísimo artículo publicado en 1977 por la APU en su revista, intitulado: Una terna freudiana: acto, acting out y acción, que me sirvió para aclarar mis ideas, acerca de un tema sobre el que hice mi tesis de licenciatura y que con el paso del tiempo he seguido trabajando (una muestra de eso, es el artículo aparecido hace años en Acheronta 11 sobre el tema) y por el que me empeño en construir un libro (explicito que estas letras, las escribo a simple título personal sin representar a nadie y por mi propia inquietud).
También leí algunos de sus libros con verdadero entusiasmo, las 213 ocurrencias con Jacques Lacan, que me introdujeron a la clínica lacaniana de primera mano y que resultan un documento invaluable para relacionarse con la práctica de su maestro y con un estilo de trabajo que resulta – hoy así lo pienso – induplicable, lo que eso quiera decir, para quien lo quiera entender. Así llegaron a  mis manos otros de sus libros Letra por letra. Traducir, transcribir y transliterar (1984), El doble crimen de las hermanas Papin (1984), en colaboración con Erik Porge y Mayette Viltard. Luego vinieron Marguerite, Lacan la llamaba Aimée, (1994), Erótica del duelo en el tiempo de la muerte seca, (1995). En los últimos tiempos, revisé para un libro que ya publiqué, el menos afortunado El psicoanálisis ¿es un ejercicio espiritual?: Respuesta a Michel Foucault (2007), y no obstante la admiración que me causa su trabajo, no me puedo  considerar un lector de Allouch y menos un seguidor puntual de sus ideas.
Asistí a un par de sus seminarios en la Ciudad de México, y me pareció un hombre difícil con el qué discutir o charlar, escoltado por la transferencia sin límite de sus seguidores, y sin ser miembro de su escuela y no haber tenido antes ningún contacto con él, a pesar de tener amigos en común. En uno de sus seminarios, se cruzó conmigo en el pasillo, y pronunció mi nombre mirándome de frente, lo tomé como una deferencia que demostraba que se había tomado la molestia de preguntar quién le había hecho algunos cuestionamientos. En realidad, no me interesa tener contacto con él, y me siento contento con algunas de las relaciones y amigos que tengo en el medio psicoanalítico nacional e internacional para ambicionar su amistad.
Recientemente en la Red me encontré una 
entrevista realizada por Johnny Orejuela y Vanessa Salazar al conocido analista en  Colombia (publicada por la revista científica Guillermo de Okham en su volumen 7, número 2. julio - diciembre 2009) que de hecho aparece en su propia página personal http://www.jeanallouch.com/pdf/104 , por lo que supongo que son palabras de las que estará orgulloso o que piensa que representan fielmente su pensamiento. Les pido que las lean antes de que tomen contacto con mi artículo, pues es importante que sean puntuales en el seguimiento de sus afirmaciones, cómo yo lo he tratado de ser.  
Siendo un escritor menos prolífico, un analista mexicano más modesto en sus alcances, soy muy cuidadoso en lo que digo y lo que publico, me gusta que cuando alguien toma contacto con lo que escribo o lo que digo, no caiga – en lo posible – en confusiones o equívoco, aún así se producen deslices, es imposible que no fuese así. Por eso me sorprendió la entrevista que quiero comentar en detalle, porque me parece que nadie lo ha hecho y porque es importante hacerlo.
Johnny Orejuela, a quien no tengo el gusto de conocer, se toma la molestia de hacer una entrevista comprometida y su actitud me parece muy abierta, de curiosidad e inquietud ante los temas que le plantea a Allouch y de verdadero aprecio por lo que puedan ser sus palabras. La primera pregunta versa sobre las diferencias entre el psicoanálisis en América Latina y París, a lo que el interpelado responde de una manera curiosa para ser un hombre que ha viajado en primera clase mcuhas veces a diferentes lugares de nuestra América, para impartir su enseñanza. Nos dice que no puede hablar del asunto, a pesar de que la elp se fundó prácticamente en México (fui casi testigo del asunto) y él ha venido muchas veces a mi país, para presentarse ante auditorios de casi mil personas cada vez, dónde siempre se le acoge con respeto, diría reverencia y en algunos casos hasta veneración. Sin embargo, él no puede opinar, su casa es París que parece ser el centro del mundo para el psicoanálisis e incluso el lugar dónde llega a citar con cierta laxitud dos veces al año a algunos de sus pacientes del resto del mundo. Lo demás es lo de menos, él así lo establece y subraya. Por otro lado, creo que eso de ser el centro del mundo en materia del psicoanálisis, lo deben pensar por igual en NY, Houston, Buenos Aires, Londres, y no sé dónde más.
Frente a la pregunta sobre la relación entre el psicoanálisis y la universidad, responde con desparpajo a una cuestión que para muchos de nosotros es una interrogante vital con un: no hay ninguna relación. El discurso universitario, se opone al discurso analítico y no puede dictarse un curso sobre Lacan porque sus conceptos y planteos parecen intransmitibles. La respuesta no me parece nada convincente, si se dice que no hay transmisión posible de esos conceptos, pues el psicoanálisis se convierte en una especie de culto ocultista que sólo es transmisible a través de sociedades secretas o el análisis mismo. Esto es cierto a medias, un conocimiento profundo de nuestra teoría y método sólo puede obtenerse a través de un análisis personal, pero el panorama de discusión del psicoanálisis con otras disciplinas es algo que viene sucediendo desde su nacimiento. Y si el psicoanálisis quiere o pretende ser una disciplina o un saber no religioso, debe estar dispuesto a discutir su práctica y validez frente a otros discursos, además de aportar sus propios conocimientos hacia el análisis de fenómenos y prácticas humanas.
Por otro lado, me parece que en vida de Lacan mismo, él estuvo bastante contento, cuando se abrió un espacio en la Universidad por allá de 1968, y a invitación de Foucault, dictó varias conferencias en espacios universitarios, que desembocaron al tiempo en la creación de departamentos en la Sorbona en Paris VII y Paris VIII.
Probablemente coincidiríamos con él, si dijese que la Universidad no es el espacio ideal para la transmisión del psicoanálisis. La institución universitaria (por lo menos en México), no pide a quienes dan clases sobre psicoanálisis que sean analistas y hayan pasado por el largo proceso formativo que representa situarse en este lugar. Lo que pide son licenciados, maestros y mejor doctores (lo que hoy parece una licencia para cometer distintos abusos) y cualquiera de ellos puede decir que es psicoanalista, neurolingüista o conductista, vamos, lo que sea sin tener que probarlo, erróneamente con el título universitario se valida una posición analítica  a partir de una práctica que no lo es, que solamente es académica. De hecho, vivimos en mi país, el fenómeno de que muchos hoy se digan psicoanalistas sin que nada sólido avale sus palabras.
Pero aún si negásemos la idoneidad de la Universidad como medio de transmisión del psicoanálisis, no podríamos desdeñar la presencia en la universidad de innumerables colegas que han realizado un trabajo de análisis en extensión, que ha acercado a gran cantidad de alumnos sin brújula y con el camino perdido, al estudio de nuestra disciplina para volverlos psicoanalistas.
Allí tenemos como muestra gente tan distinta que ha hecho presencia en las universidades como Serge Cottet, Francois Regnault, Elizabeth Roudinesco, Didier Anzieu en París; Juan Carlos Cosentino, Diana Ravinovich, Sara Vasallo, Michel Sauval, Guillermo Pietra y Alfredo Eidelztein en Buenos Aires. Y en México, han estado otros como Erich Fromm, Armando Suárez, Marie Langer, Santiago Ramírez y Bertha Blum Grynberg; yo mismo he estado involucrado con otros  – en escenarios diversos – como Luis Tamayo, Griselda Sánchez, Rodolfo Álvarez del Castillo, Susana Rodríguez, Ana María Fabre, María del Carmen Pardo, Fernando González, Juan Diego Castillo o Luis Fernando Macías (no puedo mencionar a todos los amigos y me disculpo), en hacer una labor de difusión, información y hasta formación (¿por qué no?) dentro de las universidades. Lo digo, porque no creo que su opinión o trabajo tenga que valer más que el de los demás, se acostumbra ser muy diplómatico y no citar nombres, pues lo siento por mis amigos, pero es una forma de recalcar el valor de un trabajo que me parece precioso. 
Y es que la universidad a diferencia de lo claustros, las religiones, y las sectas masónicas, e incluso las instituciones psicoanalíticas, precisamente tiene una intención de transmisión y claridad que sin rituales ni sacrificios imposibles, reproduce las ideas de la Ilustración que hacen accesible a la mayoría de las personas la ciencia, la filosofía y las artes. Me parece por otro lado, inútil y absurdo defender este tipo de proyecto que no necesita abogados y que se sostiene por sí solo, como una necesidad de las democracias; con todos sus defectos posibles de encontrar, y que aparece amenazado hoy día, por los planificadores de competencias, los economistas del estado en busca de eficiencia y rentabilidad, y todos esos asesores de gobernantes que quisieran ver a la universidad como una simple fábrica.
Allouch, más adelante, llega a decir que Lacan no tuvo alumnos, a pesar de que parte del valor que le concedemos a su propio discurso se basa precisamente en haber estado cerca del maestro. Se burla del entrevistador, cuando habla de su propia experiencia de enseñanza en la universidad, lo que por lo menos, es descortés. Resulta – por otro lado – lógico, para quien afirma que no hay alteridad, no poder escuchar lo que el otro tiene que decir y hacer sorna. Supongo que alguno de ustedes, apasionados lectores, me puede mencionar alguna cita de Lacan al respecto, que hable de que “no hay alteridad”, cada quien toma de un autor lo que le parece y  convence, personalmente me quedo con el Lacan que escribió El tiempo lógico y el aserto de certidumbre anticipada. Un nuevo sofisma
[1] dónde la alteridad aparece como fundamento de la lógica del deseo, idea que será desarrollada más adelante por el mismo Lacan, moviendo esa dinámica hacia la construcción del objeto @.
Al ser interrogado más tarde, después sobre la afirmación de que el psicoanálisis sería una experiencia espiritual, nuevamente en lugar de responder, decide volverse a burlarse del entrevistador: lo que dije está ahí como lo dije, no hay más. Pueden leerlo, está escrito hasta en español.
¿Por qué el estilo grosero de Lacan tiene que reproducirse así? ¿Hay que imitar al maestro hasta en el mínimo detalle? ¿Nos considera idiotas el autor? Lo hemos leído y no tenemos por qué estar de acuerdo con él. Es más, la afirmación de que está en español, es una burla a nuestro interés y a la promoción de la traducción por una editorial como Cuenco de Plata: Se las pongo fácil y hasta está en su idioma… Señor Allouch, precisamente es el idioma de Cervantes, no nos hace ningún favor al brindarnos una traducción de su obra, es usted por otro lado, quien debiese sentirse agradecido de las múltiples invitaciones a Latinoamérica que ha recibido, dónde viaja siempre en primera clase por su propia exigencia. Por otro lado: ¡Triste posición de un autor que no tiene nada que decir o aclarar sobre su obra! Me parece una actitud por demás antifreudiana, porque cómo sabemos, la generosidad del profesor, está consignada en su amplísima correspondencia con sus alumnos y gente fuera del medio analítico, que le escribió haciéndole preguntas, en la que observamos cómo accede a intercambiar ideas y platicar sus inquietudes con la gran calidez que siempre le caracterizó.
Le pregunta luego el entrevistador, acerca del estilo de vida swinger. A mí particularmente el tema no me interesa, pero es una pregunta válida. El entrevistado dice: No sé de qué me está hablando. Señor Allouch, no hay que practicar esas costumbres para opinar sobre el asunto, simplemente hay que leer el periódico y estar informado, abrir el internet y ver que efectivamente las costumbres sexuales de la moral burguesa tradicional, han ido cediendo su lugar a otras más elásticas. No es algo que convenga juzgarse moralmente, pero si es pertinente que el asunto sea estudiado por aquellos que les importa la genealogía de la sexualidad.  Por otro lado, está probado que el psicoanálisis puede trascender el diván, lo hizo Freud muchas veces, allí está como botón El malestar en la cultura. Los psicoanalistas tenemos que abrir los ojos a la realidad y ver a través de las ventanas de nuestro consultorio, eso es intersubjetividad, y es lo que hace posible la lógica social. Un psicoanálisis al borde de los acontecimientos sociales, de la historia y la política, no puede sino estar destinado a convertirse en un cacharro descompuesto, una herrumbre del basurero de la historia.
Lacan no trabajó solo, allí están las fotos con sus alumnos (algunos de ellos sonrientes que después lo abandonaron por razones de sobrevivencia o desacuerdo), y los trabajos que se publican en Scilicet en los que los obliga a renunciar incluso a sus nombres al publicar, pero en los que él no deja de firmar la introducción al primer número. No venga a contarnos una historia que no sucedió M. Alouch, su seminario fue brindado a personas como Merlau – Ponty, Paul Ricoeur, etc. e incluso en los Escritos mismos hay una intervención de un extraordinario filósofo: Jean Hyppolite. También sabemos que buscó la amistad de Foucault, Derrida, etc. Para estar solo, este hombre estuvo muy rodeado, cortejado, si se produjeron desencuentros fue quizá por el lamentable carácter que tenía M. Lacan y que se ha convertido en un fetiche con el que se han identificado muchos de sus imitadores.
Nos dice usted: La primera generación de psicoanalistas que estuvo cerca de Lacan no son lectores de él, ni produjeron nada. Supongo que trata de ser provocativo en lo que dice, así puede venderse una imagen y un discurso al público, pero una mirada más crítica a su afirmación, simplemente nos decepciona de usted. Lo que usted afirma, personalmente me parece ingrato e indigno. Ahí está Françoise Dolto, a quien según sé Lacan siempre tuvo cariño y respeto. Laplanche y Pontalis, analizantes y alumnos suyos a los que les pidió mentir sobre su análisis, frente a cierta comisión de la IPA que determinaría el futuro de Lacan en la institución, y que se negaron a hacerlo, pero que a pesar de alejarse de la figura del maestro, se convirtieron indudablemente en serios analistas que encontraron su propia voz. También están Perrier y Granoff, Safouan, Castoriadis y Piera Aulagnier, además de tantos otros que sí discutieron con él y a su modo lo refutaron, desde sus posiciones particulares. Me parece a mí que también, la historia que nos cuenta respecto a su editor François Whal es falsa, es un hombre al que Lacan le debe mucho, y en gran parte – a pesar de lo difíciles que algunos aún consideran sus textos – la inteligibilidad de su discurso es gracias a este gran hombre. Whal no era para nada un mediocre filósofo, ni un sumiso secretario cómo los que buscan los profesores universitarios, sino un editor extraordinario que también fue el printer de Derrida, además de estar involucrado con la fundación de Tel Quel, y tener la amistad de personas como Roland Barthes y Philippe Sollers. A pesar de ser latinoamericanos, conocemos un poquito de la historia del movimiento intelectual francés, aunque usted de por sentado que somos ignorantes del tema y algunos tomen incuestionablemente su palabra como verdad.
Por otro lado, para alguien que ha afirmado: la posición del psicoanálisis, digo, será foucaultiana o el psicoanálisis no será más
[2] , decir que Foucault no se tomó la molestia de leer a Lacan, resulta sorprendente. Me parece que conoce usted poco la obra de Foucault, creo que si alguien se tomó el trabajo de leerlo y hasta tomó cierto entusiasmo con su trabajo hasta un poco más allá de mediados de los años 60’s (allí en Youtube hay una entrevista que lo demuestra, que le hizo Alain Badiou ), fue Foucault, quien después fue bastante crítico hacia el psicoanálisis y los psicoanalistas, sin perder el respeto por una práctica hacia la que siempre conservó ambivalencia. Por otro lado, si los psicoanalistas tenemos algo que aprender de Foucault, no es la nerviosidad de la que usted habla, la curiosidad que no le deja estar tranquilo, más bien debemos admirar su rigurosidad, su interés en la metodología, su impulso hacia producir un conocimiento abierto: universitario.
Dice usted: En general los profesores no producen nada, la mayoría de los descubrimientos en matemáticas se hacen entre los 20 y 25 años (risas –  estúpidas e incomprensibles para mí – del auditorio transferenciado con el expositor). Y más adelante: Al profesor su estatuto le impide la producción. Déjeme recordarle, Kant, por cierto, publicó la Crítica de la Razón Pura cuando tenía 57 años, incluso ya se había jubilado. Alexander Fleming tenía 47 años cuando descubrió la penicilina. Freud escribió (por aquello de la edad) a los 66 años el Más allá del principio del Placer. Y Murray Gell-Mann se desarrolló muy a gusto siempre en las universidades, para recibir el Nobel a los 40 años por el descubrimiento de las partículas elementales y ha proseguido su enseñanza hacia nuevas generaciones a edad bien avanzada. Encuentro demasiado complaciente a su público y lo lamento, creo que aquí también en México sufrimos del mismo mal hacia la gente que cómo usted viene de Europa o habla en francés sobre cualquier tema, sin necesariamente producirnos nuevos saberes... es nuestro pasado de conquistados el que se hace presente una y otra vez.
También dice: Conozco a muchos profesores que hubieran podido ser brillantes, productivos, y que terminaron siendo profesores (más risas). Hay mucha de malicia en su decir puesto que no sé por qué me sigue pareciendo a mí - después de 30 años - que el papel de profesor es o por lo menos debía ser muy digno, y su decir muestra un poco de ingratitud a quienes le invitan a sus universidades, también una idealización de lo que es un analista, como un ser extraordinario de luz equiparable a los arcángeles divinos. Nuestro trabajo es más modesto, señor Allouch, como analistas y como profesores también (Je le pansi, Dieu le guérit). Y escoge usted muy mal a Jung para embarrárnoslo como ejemplo,  alguien poco ético en su práctica, con una teoría hermética opuesta al psicoanálisis y que tuvo un pasado negro como presidente de la Asociación de Psicología Aria, pues siempre estuvo del lado del poder, como producto de su ambición.
Sobre sus afirmaciones acerca del almor (¿Por qué la retórica mata a la creación de verdaderos conceptos?), y de su dimensión de soledad, sin la puntualidad para mencionar la tinte trágica que nos subraya Denis de Rougemont en un libro (El amor en Occidente) que le encantaba a Lacan; parcialmente he de concederle la razón, pero con cierta tranquilidad, debo confesarle que usted habla desde una posición muy subjetiva, y no tendría por que ser tomado tan en serio. Por otro lado, afirmar que las mujeres están un poco más abiertas que los hombres a la alteridad, es volver a algunos de los esquemas biologizantes, escencialistas, que Freud formuló y de los que con tanto trabajo intentó desprenderse y nos cuestan hoy a nosotros abandonar. 
Por último, lo felicito por expresar sus ideas… supongo que finalmente cree en la alteridad… si está dispuesto a enunciarlas… pero también debe estar dispuesto  a recibir críticas.







[1] Lacan Jacques. El tiempo lógico y el aserto de certidumbre anticipada. Un nuevo sofisma  (Escrito para Les Cahiers d’art en 1945). Escritos I. Editorial Siglo XXI. 17ª  edición. México 1994.
[2] Allouch, J. El psicoanálisis, una erotología de pasaje. Litoral, Córdoba, Argentina 1998.



martes, 4 de noviembre de 2014

La serpiente y el arcoiris. Wes Craven, 1998. Cineclub CPM / CARTAPSI. Comentario de Julio Ortega B.




Para las Almas en pena.

– What do yo want? 
– I want to hear you scream!

Wesley Earl Craven mejor conocido como Wes Craven , es un guionista y director de cine norteamericano, conocido por ser el creador de numerosas películas, entre sus filmes de mayor éxito se cuenta la debatible Pesadilla en Elm Street (1984) y la saga exclusivamente con propósitos monetarios y sin ningún valor artístico de Scream, pero otros trabajos suyos son más valiosos, cómo: La última casa a la izquierda (1972), Las colinas tienen ojos (1977) y La gente detrás de las paredes (1991). Dicen también que se inició en el cine a través de una película porno en la que participó como actor. Forma junto a David Cronenberg y John Carpenter, una tríada esencial para comprender el camino que ha tomado el cine contemporáneo americano de ficción y terror.
En esta película La serpiente y el arcoíris (1998) escoge tomar un tema que hoy está muy de moda en el cine y la literatura (hasta el absurdo de libros atribuidos a un tal Seth Grahame-Smith), que no es otro que el de los zombies y nos fue recientemente ofrecido en la película de Brad Pitt: World War Z (2013), siendo también el tema del juego de video Resident Evil y sus varias secuelas en cine protagonizadas por Milla Jovovich. Pero en ese momento, no era un tópico habitual a pesar de que ya había sucedido el filme de culto Night of the living death (1968) de George A. Romero basada en la magnífica novela Soy leyenda (1954) de Matheson, que no hemos exhibido en nuestro cineclub por considerarla muy conocida, y que no fue la primera película sobre zombies, pues pueden rastrearse por ahí, un par de viejas películas de los 40’s y hasta existe un filme del clásico director Roger Corman; pero la película de Romero, por sus características es sin duda el origen, de muchas películas similares, curiosamente no hizo rico al  director, que perdió los derechos de su obra, esta extraordinaria película casi homemade, que aún hoy sigue siendo terrorífica.
Sin embargo, la película de Craven, toca el tema de una manera muy particular, haciendo hincapié en ciertos aspectos que habitualmente no son tocados por otras películas de terror y que la hacen una curiosidad atractiva y sorprendente.
Voy a leerles completa, la definición del Diccionario de Monstruos de Máximo Izzi[1], pues no tiene desperdicio:

Zombie: (Haití – Vudú) 1. Son las almas de los muertos por muerte violenta, que siguen viviendo en la tierra en forma de fantasmas durante todo el tiempo que habrían vivido en condiciones normales. La misma suerte corren las mujeres que mueren siendo vírgenes. Los brujos hábiles pueden encerrar en botellas a esa almas y venderlas, ya que en ellas se encuentra un notable poder.

2. Más frecuentemente, con la palabra zombie se indica una persona aparentemente (¿o realmente?) muerta, que un brujo hace regresar a una especie de vida vegetal para explotarla como un esclavo. La visión deformada que el cine ha proporcionado de estos seres, pintados como monstruosos muertos vivientes, sedientes de sangre, no podría estar más lejos de la versión original. El zombie auténtico, en efecto, se distingue por su total abulia y su plena sumisión a la voluntad ajena. Ciertamente, bajo el mandato de esta voluntad podría ser inducido a actuar con violencia; pero en general se utiliza exclusivamente como peón o esclavo. La mención más antigua se encuentra en una novela de 1697, de Paul Alexis Blessepois, llamado Pierre Corneille: Le Zombie du Grand – Perou ou la Comtesse de Cocagne; pero la creencia no se populariza sino hasta principios del siglo XX cuándo la HASCO (Haitian american sugar company), con el incremento de la producción de caña de azúcar, pagaba a precio de oro a quien era capaz de proporcionar operarios para la cosecha. Se dice que entonces los brujos vudú empezaron a suministrar este tipo de trabajadores, que no pretendían quedarse siquiera con un pequeño porcentaje de la jugosa paga.
El estado zombie resulta evidente, según afirman presuntos testigos, sobre todo en la mirada: “La cara era inexpresiva y la mirada fija. Los párpados eran blancos, cómo si los hubiera quemado el ácido” (Hurston, 1939); “La cosa más horrible era la mirada, o mejor la ausencia de mirada. Los ojos estaban muertos, como ciegos, carentes de expresión” (Seabrook, 1971). La innata mansedumbre del zombie se puede transformar en ferocidad sólo en el caso de que coma sal, lo cual inmediatamente le da conciencia de su estado y puede llevarle a vengarse cruelmente de su “patrón”.
El nombre zombie todavía no se ha explicado de forma unívoca: podría derivara del congolés nvumbi, cuerpo sin alma, o nsumbi, demonio, o bien de una “revisitación” criolla del francés les ombres; o de un vocablo del área caribeña, zemi, que indica el espíritu de los muertos o los objetos con los que carga dicho espíritu.
En tiempos recientes, ante los numerosos testimonios documentados de occidentales que afirman haber encontrado auténticos zombies, han tomado cuerpo algunas hipótesis para explicar que se trata a menudo, si no siempre, de seres subnormales, que son odiosamente explotados por personas sin escrúpulos. Seabrook piensa en alguna droga capaz de simular el estado de la muerte, que se le suministraría al futuro zombie; luego el brujo que lo ha drogado lo desenterraría y lo utilizaría como esclavo; el escritor recuerda que el Código Penal de Haití, en vigor hasta 1952, todavía prevé penas específicas para un crimen de esta índole.
Hoy en día los experimientos realizados por el norteamericano Davis, parecen dar crédito a ambas hipótesis.
En efecto, la mayor parte de los casos estudiados por Davis resultan personas afectadas por graves deficiencias mentales, alcoholismo y epilepsia. Pero un cierto porcentaje parecería, en cambio, causado por la ingestión de un veneno nervino, la tetrodotsina, contenido en los peces de la familia de los Tetrodontílineos, capaz de provocar un coma profundo, que se puede confundir con la muerte (v. Draugar).

En la película en cuestión encontramos a un jovencísimo Bill Pullman haciendo el papel de un antropólogo aventurero a lo Indiana Jones, que ha sobrevivido al encuentro con un brujo del Amazonas y que es contratado por una compañía que podría ser la Bayer o la Johnson y Johnson, para que vaya en busca de la fórmula que hace zombies con la intención de recrearla en el laboratorio para hacer el bien (sin mirar a quién) y producir medicamentos que salven de la muerte.
Son momentos en que no se habla de biopoder a pesar de que para Foucault,  ya era obvio por sus seminario sobre Defender la sociedad , Genealogía del racismo de 1975 - 1976 y en el mismo año 76, su Historia de la sexualidad: La voluntad de Saber; que el control de los ciudadanos no se ejerce sólo a través de los manicomios y las cárceles, sino mediante la regulación de las investigaciones médicas sobre criterios de economía, rentabilidad de la inversión y aplicación práctica de esos productos médicos a los enfermos, sin importar necesariamente la búsqueda de la salud del paciente. En el biopoder, la medicina, la economía y el control de los cuerpos se mezclan para dar como consecuencia un resultado que no es otro que la docilización de los sujetos  a un orden impuesto, establecido desde fuera e independientemente de su voluntad. Los cuerpos necesitan ser amoldados a las necesidades del nuevo capitalismo que no parece ser protagonizado por una clase dominante en específico, sino que constituye sólo una pirámide absurda de gente infeliz desde la punta a la base en busca de una eficiencia del dispositivo sin importar la suerte de los sujetos.
Pero en nuestro filme, podemos ver a un buen e inocente antropólogo, que no busca otra cosa sino esa substancia mágica, sin cuestionarse los propósitos con que será utilizada. Lo que en realidad va a mostrarnos este filme involuntariamente, es el enfrentamiento del Occidente con otras culturas, en este caso la Haitiana, que ciertamente, sufrió una de las dictaduras familiares más crueles, empezando por Papa Doc, médico y político que gobernó primero en 1957 y luego asumió el trono del poder desde 1964 hasta 1971, y cuándo llegó su muerte dejó el puesto a su hijo Baby Doc quien asumió su cargo a los 19 años convirtiéndose en el dictador más joven de toda la historia, y se mantuvo hasta su derrocamiento en 1986. Todo esto es la melaza mítica, cruel que compone el trasfondo político mágico de Haití, lugar dónde el hambre, la miseria, la esclavitud y la explotación se mezclan cómo si fueran ingredientes lógicos que debieran componer la cultura caribeña (Cuba escapó a ese destino, para buscar otro). Por mi parte, recuerdo a ustedes que es el mismo sitio dónde transcurre una de las mejores novelas de Alejo Carpentier: El reino de este mundo, dónde hace propio de la esencia latinoamericana lo mágico y a la desmesura afroantillana la argamasa de individuos sorprendentes que viven vidas extravagantes atravesadas por el mito, la religión pagana, la magia y los dioses egoístas. El inconsciente  parece estar presente en la superficie sin ser un borde escondido y la realidad es un sueño que a veces se convierte en pesadilla. El erotismo está siempre presente de manera fácil y la sangre abunda caprichosamente, cómo parte de un salvajismo que mezcla la violencia con la lubricidad, sin que medie demasiada distancia entre estos terrenos.
De hecho, el suplicio, el miedo de la víctima, su indefensión, proporciona a los infames esbirros de la dictadura ( los Tontons Macoutes la milicia que aparece en el filme, y que originalmente fue inspirada por los camisas negras fascistas), excitación, un placer inexplicable que no puede ser cambiado por dinero o ningún tipo de favor. Nada más positivamente terrorífico que el sadismo de un salvaje torturador, un perverso sin límites, que busca el sufrimiento del otro. Craven lo ha captado con fineza y los fantasmas del mito se equiparan en estatura con la crueldad humana diurna del sádico. Las escenas son espantosas y nos tocan en lo profundo del corazón, tras de los acontecimientos de Ayotzinapan dónde el gobierno es capaz de matar a sus mejores jóvenes, dónde los policías se convierten en demonios infernales y no hay forma de escapar a sus abusos como no sea por la muerte ¡Qué palabra tan inútil es la crueldad! Otro vocablo roto es: sometimiento.
La violencia de parte de quienes se supone deben cuidarnos es sin duda la más atroz e irracional, pues revela un estado de caos y bestialidad difícil de resistir. Las tumbas aparecen y aparecen, cuerpos y más cuerpos, huesos, restos humanos, que se dice “afortunadamente” no son los de los normalistas… pero entonces: ¿No deberíamos de asustarnos más? ¿De quién son esos cuerpos? La figura del capitán Dargent Peytraud, no es muy diferente de algunos policías cómo los que protagonizaron este incidente de Guerrero, y me recuerda personalmente, al comandante Miguel Nazar Haro, agente de la CIA y cruel torturador que dirigió la guerra sucia contra los movimientos de izquierda que surgieron después del ’68 y que regenteó durante muchos años la Dirección Federal de Seguridad para al jubilarse, comandar una banda de robo y tráfico de autos norteamericanos en México, y volverse asesor de seguridad de regímenes sangrientos como el de Guatemala y el de Honduras, vínculo de negociantes con narcotraficantes, para finalmente fundar con sus hijos empresas de seguridad personal que aún siguen operando, ninguna diferencia entre el agente de justicia y el criminal. Puedo decirles que a pesar de que emergieron muchas pruebas en su contra, nunca fue enjuiciado y él siempre afirmó que estas acusaciones eran producto de una conspiración comunista.
La película no es sólo de terror, sino podría entrar dentro de la categoría de thriller psicológico y nos muestra a este hombre blanco, norteamericano topando con una cultura extraña, siniestra, negra y obscura que está habitada por la magia, no debemos olvidar que Papa Doc era considerado casi un Dios. El panorama no es sólo de terror sino de espanto frente a la violencia salvaje de Estado, pues sabemos que la tortura y la muerte de los enemigos de estos dictadores, era la práctica habitual para combatir a la oposición.
El filme tiene el mérito de introducirnos también, en costumbres y hábitos completamente desconocidos para nosotros que ejercen un efecto fascinante y hasta hipnótico por su fuerza natural y extrañeza. Las escenas de la procesión son auténticas, el arroyo sanador y muchos de los bailes lo son también. Aún vivimos en la magia en muchos sentidos, la ciencia como ideal, es sólo una quimera de los incautos.
La presencia de la Doctora Cathy Tyson (Marielle Duchamp) es uno de los elementos que da más fuerza a la trama, pues su belleza exótica negra, cautiva a causa de  su sensualidad y salvajismo,  singularmente su personaje nos hace saber que también ella a pesar de ser una científica, no puede escapar a la magia que le rodea,  su ser femenino se encuentra atado a la naturaleza de la selva. El ontos animal jaguar de Pullman se une a la serpiente, la madre tierra, bajo el arcoiris del arroyo. El racismo acaba en la cama siempre. 
La muerte por otro lado, es la principal adversaria, ese final del túnel que nos espera a todos nosotros y que no podemos evitar, parece evitable por la nervina, al mismo tiempo nos condena a purgar entre la vida y la muerte, a no ser lo que fuimos, a volvernos esclavos del otro, pareciera que la salvación de la muerte nos conduce siempre a males aún peores. Nuestro ser parece estar condenado a ser para la muerte a reserva de convertirnos en habitantes del infierno.
Curiosamente cómo lo menciona el diccionario, la práctica de crear zombies parece haber estado ligada justo al capitalismo y pareciera recordarnos que todo aquello que toca Occidente con su lógica de explotación da lugar a la perversión de las costumbres locales y la crueldad más despreciable.
Bill Pullman parece triunfar en principio y tras de muchos esfuerzos en los que mide sus fuerzas con los primitivos, obtiene la preciada tetrodotsina de Mozart (en la que ha tenido que participar para su elaboración) sólo a cambio de la fama y un reloj, cómo se sabe, los primitivos de la América Caribeña son simples y estúpidos, fáciles de engañar a cambio de cuentas de vidrio, por los nuevos conquistadores norteamericanos.  
Sin embargo, en una cena de celebración de los negociantes, la esposa del empresario Alan es poseída por Peytraud, haciendo patente la inutilidad de la racionalidad frente a la magia. Pullman vuelve a Haití, dónde es enterrado vivo y finalmente salvado por un exzombie que se apiada de él. Viene el golpe de Estado, la emancipación del pueblo, simultáneamente a su escape de la muerte. La magia negra es vencida por el deseo de libertad y la democracia. Las escenas de la televisión son auténticas (es un acierto el incluirlas) y se combinan con las de la filmación. Sabemos que la película por su tema, no pudo filmarse del todo en Haití y terminó de realizarse en República Dominicana, la pesadilla no estaba muy lejos todavía como para remover las tumbas.
Pullman regresa a la sede de los Tontons Macoutes buscando a Marielle. Ha adquirido poderes tras de sobrevivir a la muerte. El espíritu de su amigo Lucien y su alma de jaguar derrotan a Peytraud, Marielle es salvada por la magia del hombre blanco mezclada con la del hombre primitivo. Todos parecen estar contentos… quien parece beneficiarse más con todo al final no es la feliz pareja, ni siquiera el pueblo, sino la farmacéutica que contrató al antropólogo.



[1] Izzi Massimo. Diccionario ilustrado de los monstruos. Alejandría, Barcelona 2000.

lunes, 27 de octubre de 2014

Mesa Derechos Humanos, Derechos Humanos y Psicoanálisis. Organizada por la Sociedad Freudiana de la Ciudad de México.

Pequeños videos y grabación del evento realizado en la sede de la Sociedad Freudiana de la Ciudad de México. 24 de octubre de 2014. 

Un tema ineludible y de actualidad, que intenta iniciar un diálogo con la gente comprometida con la lucha social y la defensa de los derechos humanos, de los psicoanalistas de la nueva Asociación.





https://www.flickr.com//photos/juliusjob/sets/72157648595849818/show/

viernes, 26 de septiembre de 2014

SEMINARIO DE PSICOANÁLISIS “ Leyendo a Freud con Lacan, repensando la clínica “



 

SEMINARIO DE PSICOANÁLISIS

“ Leyendo a Freud con Lacan, repensando la clínica “

 

 

Tema 1: Técnica Psicoanalítica

“ En Psicoanálisis, nunca es obvia

la respuesta a cuestiones técnicas”

S. Freud.

 

Una de las vías de acceso a Freud, es a través de sus escritos técnicos. Lacan invita a través de uno de sus primeros seminarios a realizar una lectura comprometida de éste tema, que constituye una base, para desarrollos posteriores en el estudio de la obra Freudiana. Leer a Freud para pensar lo que dice Lacan, es la invitación para trabajar en éste seminario a través de las siguientes lecturas:

 

Viernes, horario de 5:00 a 6:30 p.m.

 

Sesión 1

3 de Octubre de 2014

 

“ El método Psicoanalítico de Freud” y “ Sobre Psicoterapia” Sigmund Freud. Obras Completas. Amorrortu editores. Tomo VII  Pág. 233 a 242. Y 243 a 257.

 

 

Sesión 2

10 de Octubre de 2014

“ Apertura del Seminario, el momento de la resistencia” “ Introducción a los comentarios sobre los escritos técnicos de Freud”  Seminario 1 de Jacques Lacan Los Escritos Técnicos de Freud. Pág. 11 a 35.

 

 

Sesión 3

17 de Octubre de 2014

“ Las Perspectivas futuras de la terapia Psicoanalítica” y “ Sobre el Psicoanálisis Silvestre” Sigmund Freud. Obras Completas. Amorrortu editores Tomo XI Pág. 129 a 142 y 217 a 227.

 

 

Sesión 4

31 de Octubre de 2014

“ Primeras Intervenciones Sobre el Problema de la resistencia” Seminario 1  de Jacques Lacan Pág. 37 a 51.

 

 

Sesión 5

7 de Noviembre de 2014

 “ El empleo de la Interpretación de los sueños en Psicoanálisis” y “ La dinámica de la Transferencia” Sigmund Freud. Obras Completas. Amorrortu editores. Tomo XII Pág. 83 a 92 y 93 a 105.

 

 

 

Sesión 6

21 de Noviembre de 2014

“ Las resistencias y las defensas “ Seminario 1 de Jacques Lacan Pág. 53 a 65.

 

 

 

Sesión 7

28 de Noviembre de 2014

“ El yo y el otro yo “ Seminario 1 de Jaques Lacan Pág. 67 a 86.

 

 

Sesión 8

5 de Diciembre de 2014

 “ El olvido de los sueños “  Sigmund Freud. Obras Completas. Tomo V Amorrortu editores. Pág. 507 a 527.

 

 

Sesión 9

9 de Enero de 2015

“ La negación “ Sigmund Freud. Obras Completas. Tomo XIX. Amorrortu editores. Pág. 249 a 257.

 

 

Sesión 10

16 de Enero de 2015

 “ Sobre la Verneinung en Freud “  Seminario 1 de Jacques Lacan Pág. 87 a 101.

 

 

Sesión 11

23 de Enero de 2015

 “ Análisis del discurso y análisis del Yo “ Seminario 1 de Jacques Lacan Pág. 103 a 115.

 

Imparte: Gustavo Fuentes

Sede: Sociedad Freudiana de la Ciudad de México, A.C.

Dirección: Av. México Contreras #700

                 Colonia San Jerónimo Lídice

                 DelegaciónMagdalena Contreras

                 C.P.10400

Teléfono: 56511374

Dirección electrónica: SfreudianaMX@gmail.com

 

Seminario completo pago anticipado. $5,000 pesos

Pago por cada seminario $600 pesos

Depósito a favor de Sociedad Freudiana de la Ciudad de México, A.C.

Banco: BBVA Bancomer

Número de cuenta: 0196056881

Referencia:1014003

 

 

 

miércoles, 3 de septiembre de 2014

Presentación del libro Foucault ante Freud de Julio Ortega. LIBRERÍA PROFÉTICA, PUEBLA.

Presentación en PUEBLA: Foucault ante Freud de su servidor. Todos invitados! Participan:  Juan Carlos Canales Fernández, Faustino Sánchez y Julio Ortega. La cita es este viernes 11 de septiembre a las 19:00 horas en PROFÉTICA CASA DE LECTURA.

jueves, 14 de agosto de 2014

Fragmento conferencia de Raymundo Mier: Importancia del estudio de la subjetividad para la psicología 13/01/14. Doctorado de Investigación en Psicología. IIPUV: Universidad Veracruzana.


Raymundo Mier dictando su conferencia en el contexto de la presentación de los trabajos de investigación de las tesis del Doctorado en Investigación en Psicología. Instituto de Investigaciones Psicológicas. Universidad Veracruzana (le acompaña en la mesa: Ricardo García). 



lunes, 11 de agosto de 2014

Textos de Psicología. Introducción al Psicoanálisis (Para lectura solamente y no para uso indiscriminado, descarga o impresión).

Se trata de copias privadas de los textos, exclusivamente para uso educacional. Queda prohibida la venta, comercialización o distribución. Si usted puede financiar el libro le recomendamos que lo compre en la librería o en todo caso lo busque en su biblioteca pública. No se obtiene con este enlace ningún tipo de beneficio económico. Si las leyes de su país prohíben este tipo de préstamo, absténgase de usar esta biblioteca virtual.

sábado, 7 de junio de 2014

Presentación del libro: Proceso de Constitución del método psicoanalítico de José Perrés.



Presentación del libro de José Perres. Significativo momento de la institución en su 40 aniversario. La primera coedicion UAM-CPM y precisamente de un libro de nuestro querido y siempre recordado colega , maestro y amigo. José Perres ha dejado una profunda huella en nuestra memoria institucional . Es una de nuestras genealogías.

lunes, 2 de junio de 2014

Comentario al libro La traza de lo invisible de Alejandro Montes de Oca. Publicado por la UAM y el CPM.





Kafka. La atroz condena de la literatura.
Estudio psicoanalítico acerca del sujeto, la escritura y la creación.
De Alejandro Montes de Oca Villatoro. 2ª edición 2013.
Publicación entre el Círculo Psicoanalítico Mexicano y la Universidad Autónoma Metropolitana.

Kafka expresa la tragedia mediante lo cotidiano y lo absurdo mediante lo lógico.

Albert Camus.



El libro sobre Kafka de Alejandro Montes de Oca, nos plantea un examen teórico, sobre la base del psicoanálisis y ciertas influencias estructuralistas expresas, que toma como objeto de estudio la obra de uno de los más grandes escritores del siglo XX que vivió al margen de la vida muchas veces, encerrado en sí mismo – sufriendo de amor e incertidumbre que en él parecían enlazados –, y que desde esa sombra exhalada por su mismo aliento, mira con pasmo, como aquél niño tímido e ingenuo que observa con los ojos desmesuradamente abiertos en una actitud de extrañeza: el mundo desconocido.
Ese modo de ver las cosas, tan natural en Kafka, nos cuesta trabajo a los seres mezquinos que miramos el universo y adivinamos siempre un orden franco en las cosas, como si fuesen naturales, la crueldad, la ingratitud, la indiferencia, y finalmente la barbarie que nos caracteriza a los humanos en esta sociedad patriarcal capitalista, que apenas nacía en sus desalmadas extensiones cuando empezó a escribir su obra.  Hace un par de meses en una clase en Psicología, les puse como ejemplo de relaciones complicadas entre un padre y un hijo a Kafka, la respuesta de mis alumnas me dejó asombrado, nunca habían leído al autor, no sabían quién era, ni de su importancia… todo me pareció kafkiano y francamente entré en una depresión acerca de mi papel como maestro frente a las nuevas generaciones.
Sus letras tienen características muy particulares que Alejandro Montes de Oca nos hace patentes en su libro, dónde nos explica cómo la escritura es una forma de existencia indispensable para el autor, en dónde más allá de lo imaginario se juega en lo real, a través de lo simbólico que implica la escritura. Quizá estas coordenadas sean también las que marcan la sublimación artística de todo autor, que se salva a sí mismo de su soledad y a veces, amargura, a través de la palabra escrita. El autor nos dice que su obra se divide en cartas, cuentos y novelas, notas de diario. Hoy sabemos que – por increíble que parezca, pues habla de una creatividad verdaderamente genial – , también tuvo su faceta de dibujante cómo bien lo muestra la cuidada edición de sus dibujos publicada por primera vez  en Praga por Vitalis, en una edición de 2006, al cuidado de  Niels Bokhove y Marijke van Dorst que ha sido reproducida en 2011 por Editorial Sexto Piso.
La faceta de dibujante de Kafka y su temprana vocación por el dibujo surgió, según cuenta el editor de la edición original, Niels Bokhove, al contemplar en el escaparate de una tienda dos cuadros que le dejaron una fuerte impronta. Éste nos señala un significativo ejemplo de la función de las artes plásticas en la prosa de Kafka, la figura del pintor Titorelli en El proceso, en quien proyectaba su ideal de convertirse en un escritor reconocido.
Franz es el hijo de un autoritario y todo poderoso padre, que vemos reflejado en su Carta al Padre de noviembre de 1919. Ese hombre mediocre, tirano frío, será el punto de frustración y límite para su vida, al mismo tiempo que, la manga que aprieta su ser, inyectándolo hacia una productividad sin límites.
La obra de Kafka es un diagnóstico casi científico, parafraseando a Camus, de nuestra realidad absurda, alejada de la búsqueda del bienestar común y  en la que, cómo se muestra en sus letras, los protagonistas parece que anticipadamente están muertos al inicio de la historia.
La vida de Kafka, creo que hay que subrayar, es de frustración, dolor, penuria, temor y sufrimiento, en dónde hay que destacar como un rasgo fundamental – y me parece que Montes de Oca pasa por alto este nudo –, su origen judío, Freud tiene esa misma raíz, aún cuándo no pareciera haber influido como una norma religiosa imperativa, en ambos que se consideraban más bien alemanes en su cultura. Sin embargo, podemos rastrear en sus rizomas no sólo ocultos sino superficiales, rasgos como: la búsqueda  en la naturaleza de una realidad oculta, la fe en la imaginación como constructora de edificios de la Razón, la construcción de una semántica de la verdad, cierto falocentrismo manifiesto, un sentido de lucha expreso y sobre todo, la idea – a veces frágil –, de anhelar alcanzar un puerto de esperanza al final del camino.
Su biógrafo Ernst Pawel, nos recuerda los frecuentes sucesos antisemíticos en Bohemia, la provincia Austro-húngara dónde él creció a finales del siglo diecinueve. Es cierto que no fueron particularmente seguidores de esas costumbres en su familia, pero en esos momentos en ese espacio, la identidad de un judío de Praga era algo que era irrecusable. De hecho, Kafka mismo se volcó hacia el estudio del hebreo en 1923 cuando ya se encontraba gravemente enfermo, cómo queriendo volver a sus orígenes, puesto que murió en junio de 1924. Y sus tres hermanas, así como su querida Milena Jesenská, murieron todas en los campos de concentración entre 1942 y 1944. El mismo triste destino que las cuatro hermanas de Freud que permanecieron en Austria y acabaron muertas por los nazis.
Esta sociedad de Viena, es una comunidad que a principios del siglo XX, forjará e implementará, pensamientos radicales como el anarquismo, el comunismo y el sionismo, para finalmente ceder en los años 30’s  al fascismo que perseguirá ante todo a los judíos, pero perseguirá también a los gitanos, y eslavos, por su origen étnico, hasta arribar a una cruel política de exterminio que hoy conocemos como el Holocausto y cuya herida debemos mantener abierta para que la huella de esos acciones no sea olvidada para las generaciones siguientes.
Franz Kafka, pertenecía a una familia judía de clase media de Praga. A la muerte de dos hermanos en la infancia, pasó a ser el hermano mayor, papel de gran responsabilidad en un ambiente . Su hermana Ottla, la más joven de sus tres hermanas, fue la más allegada a él de toda la familia.
Se ha dicho que Kafka, se identificaba firmemente con sus antepasados maternos por su espiritualidad, distinción intelectual, conocimiento rabínico, excentricidad, disposición melancólica y delicada constitución física y mental. Sin embargo, no sentía especial afinidad con su madre, mujer sencilla consagrada a sus hijos. Ella, estaba subordinada a su avasallador e iracundo marido y a su exigente comercio, compartía con éste la falta de comprensión de la improductiva y quizá insana dedicación de su hijo a las “anotaciones literarias de [su] ... nebulosa vida interior.”
La figura del padre de Kafka se imponía sobre su labor y sobre su existencia. En su fantasía, este almacenista, patriarca grosero y práctico de carácter dominante, que no adoraba más que el éxito material y el ascenso en la escala social, parecería perteneciente a una raza de colosos imbatibles, pero esa idealización, no es otra cosa que producto de fuertes sentimientos ambivalentes, dónde el odio inconsciente a su carácter forma una parte destacada de su admiración.
El conflicto con el padre está también, directamente reflejado en el relato Das Urteil (El Juicio, 1916). También, el mismo problema se proyecta en mayor escala en las novelas de Kafka, que refieren, con una prosa lúcida y engañosamente sencilla, la desesperada lucha contra un poder implacable, el cual puede perseguir a su víctima (como en El Proceso) o el cual se busca para pedirle en vano su aprobación (como en El Castillo) y que sin embargo permanece distante, como la figura silenciosa de un Dios omnipotente al que le gusta jugar con los hombres como si fueran hormigas confundidas.
Hay que destacar que nunca pudo separarse del todo de su relación con el padre y su familia, no logrando encontrar su propio camino, permaneciendo así en una proximidad claustrofóbica que le alejará del mundo, le privará de la relación con otros seres humanos y le impedirá encarnarse en el rol de un hombre verdadero en su propia vida, huyendo del compromiso de una relación definitiva o de una proximidad con las mujeres que amó, manteniéndose a una distancia sufriente, que acabó por matarlo a él y a precarias relaciones que entabló con dificultad. Aún resuena en mi cabeza esa frase del diario, dónde habla de sus dificultades para asumir la sexualidad: “El coito como castigo por la felicidad de estar juntos. Vivir en lo posible de manera más ascética que un soltero, esa es la única posibilidad para mí de soportar el matrimonio. ¿Pero ella?”, escribía.
Las raíces de la ansiedad y desesperación de Kafka, se relacionan estrechamente con la  dependencia de su padre y la familia, con quienes eligió vivir en condiciones de apretada proximidad la mayor parte de su vida de adulto. La fuente de su desesperanza radica en un sentimiento de aislamiento de la comunión con la mayor parte de los seres humanos, lo que hizo su mundo fantástico tanto o más real que su propia cotideaneidad.e
La magnífica página en internet Kafka Project nos revela que  fue un niño tímido, lleno de culpabilidad y obediente, un estudiante aplicado en la escuela elemental y en el Altstädter Staastsgymnasium, un exigente colegio de secundaria para la élite académica. Allí fue respetado y estimado por sus maestros. Pero, en su interior, se revelaba contra la institución autoritaria y su humanismo aparente pero, a fin de cuentas, deshumanizado, en que predominaba la memorización y el aprendizaje de las lenguas clásicas.
La oposición de Kafka a la sociedad establecida se hizo aparente cuando, de adolescente, se declaró socialista y ateo. A lo largo de su vida expresó simpatías razonadas por los socialistas; asistía a reuniones de los anarquistas checos (antes de la 1ª Guerra Mundial) y, en años posteriores, demostró marcado interés y simpatía por un sionismo socializado. Aún entonces era en esencia un individuo pasivo y políticamente no comprometido. Por su condición de judío, Kafka estaba aislado de la colonia alemana de Praga a la vez que, como intelectual moderno, se encontraba igualmente desconectado de su propia herencia judía.
El aislamiento social y el desarraigo contribuyeron a su infelicidad personal a lo largo de toda su vida. Aún así, Kafka llegó a trabar amistad con varios intelectuales y literatos judíos alemanes de Praga y, en 1902, conoció al que será su mejor amigo y quien rescatará su obra póstuma del olvido: Max Brod. Este artista literario menor fue el más íntimo y solícito de los allegados de Kafka y, con el tiempo, resultó ser el promotor, salvador y exégeta de los escritos de Kafka así como también su biógrafo más influyente.
Los dos hombres se conocieron cuando Kafka, sin mayor interés, cursaba derecho en la Universidad de Praga. Recibió su doctorado en 1906 y el año siguiente encontró empleo permanente con una empresa de seguros adquiriendo un empleo deseado por muchos y sin embargo, desagradable y triste de ejecutar para Franz. Pasó largas horas cubriendo las exigentes demandas de la Assicurazioni Generali y no podía dedicarse a escribir. Es así como en 1908 Kafka halló un cargo en Praga en el Instituto de Seguros de Accidentes de los Trabajadores del Reino de Bohemia. Allí permaneció hasta 1917, cuando la tuberculosis lo obligó a pedir intermitentes permisos por enfermedad y, por último, a retirarse (con una pensión) en 1922. En su trabajo se le consideraba incansable y ambicioso; en poco tiempo pasó a ser la mano derecha de su superior y era estimado y querido de cuántos trabajaban junto a él.
Kafka parecía una persona agradable, inteligente y llena de humor pero encontraba su labor en la oficina rutinaria y la agotadora doble vida a la que ésta lo obligaba (con frecuencia, la escritura consumía sus noches) como una extrema tortura, y su neurastenia perturbó sus relaciones personales más profundas. Las incompatibles inclinaciones de su personalidad, compleja y ambivalente, hallaron expresión en sus relaciones sexuales. La inhibición afectó penosamente sus relaciones con Felice Bauer, con quien estuvo comprometido en matrimonio dos veces antes de su ruptura definitiva en 1917. Más tarde, su amor por Milena Jesenská Pollak también se vio frustrado. Su arte, cómo dice Marthe Robert, se volvió su religión y agregaría, apoyándome en Montes de Oca, su única esperanza para salvarse a sí mismo, cosa que no logró. Su salud era precaria y el trabajo en la oficina lo agotaba. En 1917 se le diagnosticó tuberculosis e inició entonces sus largas temporadas en sanatorios.
Hay ciertas coincidencias en su literatura con su vida, interesantes para nosotros sus lectores. Por ejemplo, el protagonista de La Metamorfosis es un viajante de comercio, es decir, comerciante como el padre, no un sujeto frente al Otro. En El Proceso, el protagonista no es cualquier hombre sino uno llamado José K. con la K fatal de Kafka. Y en la obra inconclusa, análoga en muchos sentidos a El Proceso, con el título de El Castillo, el protagonista se llama K. En la primera el personaje trata de alejarse de la burocracia, en la segunda el actor principal intenta acercarse al dispositivo, en ambos casos, el fracaso les espera. 



En 1923 Kafka se desplazó a Berlín para escapar a la familia paterna y dedicarse a escribir. Allí encontró nueva esperanza en la compañía de una joven judía nacionalista, Dora Dymant, pero su estadía en Berlín debió ser interrumpida por el declarado deterioro de su salud el invierno de 1924. Tras un breve período final en Praga, donde acudió Dora Dymant para acompañarlo, murió en una clínica cerca de Viena.
Me hubiera gustado que Alejandro se hubiese metido más, en su vida familiar, en sus temores de niño, y el ambiente frío, sombrío de su hogar. Que hubiera remarcado el anticristianismo implícito en su obra, su judaísmo denegado, la discriminación racial del Imperio, su  retórica llena de lugares extraños que hacen una alusión a la extrañeza misma del mundo, a su otredad siniestra. El fenómeno Kafka, me parece a mí, es un acontecimiento social propio de su zeitgeist, no un milagro personal, sino la consecuencia de una época cetrina que desembocó en dos guerras mundiales.
Desearía que hubiese menos teoría lacaniana tratando de comprender esa obra alérgica a la teoría, profundamente vital y directa, Hanna Arendt, ha dicho que Kafka prescinde de todo experimento y manierismo, escribiendo en un lenguaje claro y sencillo como la vida cotidiana.
Montes de Oca ha preferido tomar el camino de la poesía y de la pasión para hacer una exégesis, una descripción de su obra, que debo decir, alcanza momentos verdaderamente sublimes pues Alejandro es un hombre dotado para la palabra. Es un libro que deleitará a quienes han leído a Barthes, Lacan, Michaux y André Gide, aquellos que también se han deleitado con La pregunta sin respuesta de Charles Ives.
Notamos en sus letras un amor por el escritor checo, que le hace posicionarse desde el mismo autor, desnudando y desanudando al hombre que tallaba las letras que hoy leemos con admiración y reverencia. Me parece que la dimensión subjetiva es la que más le importa en este caso, y la mortificación implícita en el ejercicio de la escritura de este hombre atormentado.
Su celebración  de la escritura de Kafka nos lleva a través de su amor a Felice, en una delineación de su angustia frente a un objeto que él mismo se ha hecho inalcanzable. Lucha consigo mismo por alcanzar el objeto amado, y castigo por su pecado por desear lo inalcanzable. Nos dice Montes de Oca: La escritura lo aparta del trabajo y lo obliga a no dormir para consagrarse por entero a esta pasión que lo posee y lo aparta de la convivencia en sociedad hasta llevarlo a la muerte. La escritura, en suma, lo lleva a escribir, literalmente, desde la muerte. El bicharraco es él como escritor, que no es decir, que es Kafka, o más justamente, es metáfora del sujeto que no escritor emerge por su literatura, y tal desafío deberá ser pagado con la vida.
La desesperación en Kafka, se vuelve vital en el sentido kierkegaardiano: Temor y temblor. Abandono de lo individual y en consecuencia: apertura a lo infinito.


Documental sobre Jacques Lacan