miércoles, 17 de septiembre de 2008

Dieciséis de septiembre de 2008.


El sueño del México en ruta hacia el progreso, terminó con un par de estallidos y despertamos al día siguiente en un país de pesadilla, en el que no sabemos quién o quiénes lanzaron dos bombas sobre la multitud deseosa de celebrar las fiestas patrias y echar desmadre. Frente a la tragedia los mismos manejos políticos de siempre: ocultamiento, engaño y después, cuando ya no hay más remedio, revelación de la cruda verdad. Pero al principio, se dijo que había sido un polvorín, un accidente con fuegos artificiales, y no sé qué más pendejadas.
Se dice que fue el crimen organizado o el narcotráfico. La verdad, es que el acto es tan absurdo, violento y falto de sentido, que no sabe uno qué pensar y si alguna vez se descorrerá la cortina sobre las motivaciones obscuras de estos hechos. Eso sí, la retórica de los políticos sin importar el partido, se revela completamente idiota para enfrentar el horror. El empaque de sus discursos y la forma tan refinada con que escogen sus palabras da asco. No se les nota enojo, pasión o rabia en sus rostros, sino la oportunidad de lucir sus artes oratorias y ver cómo sacar provecho del asunto.
Está bien visto que las manifestaciones contra la violencia, de blanco y con velas, no resuelven nada. En retrospectiva, me da gusto no haber asistido a ninguna (de todos modos, no tengo ropa blanca), creo que me sentiría más deprimido y con más coraje que hoy. Ya no tenemos nada que envidarle a España, Irak o Afganistán.
¿Qué hay qué hacer?
Quizá sería mejor callar y actuar, en lugar de llenar con palabras vacías el espacio de duelo. Encontrar a los culpables e imponer de una vez por todas la pena de muerte.
¿Y por qué no? Legalizar casi completamente la venta de armas como en los Estados Unidos. Para que éstas no estén sólo al alcance de los malhechores sino de los ciudadanos comunes. También: ¿legitimar las drogas corrientes, como en ciertos países europeos? Son ideas sueltas, en realidad no sé bien qué habría que hacer, para equilibrar este barco que llamamos país y que se bambolea demasiado.
Los medios de comunicación censuran el hecho y en la tele aparecen policías, militares y fuerzas especiales, protegiendo las calles. Pero uno se siente con más miedo al verlos, que seguro. No dan ganas de tener más hijos y uno piensa en los sobrinos pequeños, en los posibles nietos… ¿Qué clase de país les tocará vivir?

1 comentario:

BigBossAZF dijo...

Se le lee muy enojado...

Es cierto, la violencia en el país esta llegando a niveles que antes nunca se nos hubiera ocurrido, por lo menos no a mi... pero ahora... creo que para los de arriba nosotros que ni nos apellidamos Aramburuzavala o Slim no somos más que estadísticas para justificar las incursiones militares en todo el país y convencernos, como usted menciono una ves en clase, que es más importante nuestra seguridad que nuestra libertad.

Documental sobre Jacques Lacan