miércoles, 4 de julio de 2012

LA IMPUGNACIÓN. Columna de Sergio Aguayo 04/07/12

Estuvo fuera de lugar el protócolo celebratorio del priismo y las felicitaciones hechas por los jefes de estado. Menospreciaron el discurso pronunciado por Leonardo Valdés la noche del domingo. Dio las cifras del conteo rápido y recordó algo elemental: los “resultados legales son los que arrojará el cómputo de los 300 consejos distritales” y las cifras finales las dará la Sala Superior del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación. Lo hará a más tardar el 6 de septiembre después de revisar las inconformidades. Así pues, en las próximas semanas los equipos de Andrés Manuel López Obrador armarán los expedientes que, como en el 2006, probablemente terminen integrándose en un solo recurso (“madre” se le llamó en el 2006). Es legal que Andrés Manuel López Obrador exija el esclarecimiento de las irregularidades. Son ridículas las críticas que se le hacen cuando las impugnaciones son normales después de cada elección;  entre el 1996 y el pasado 30 de junio los partidos presentaron al Tribunal Electoral 1,022 juicios de inconformidad. Es legítimo que la impugne porque se multiplican los indicios de que hubo irregularidades; tengo meses machacando este punto y presentando información de diverso tipo. Alianza Cívica ha estado documentando una tendencia a la alza en la compra y coacción. En la federal de 2003, el 3 por ciento de los electores la padecieron; el pasado domingo esa organización desplegó observadores en 21 estados y, según una encuesta levantada con una muestra estadística representativa, el 28.4 de los electores estuvieron expuestos al menos a una práctica de compra y coacción. Las redes sociales y el internet hierven con evidencia que deberán ponderar los partidos de izquierda mientras arman sus expedientes. Es difícil que la impugnación proceda porque, como me comenta el abogado especializado en asuntos electorales, Joel Reyes Martínez, no existen precedentes de que el Tribunal haya modificado los resultados de una elección con tanta diferencia en puntos. Se desprende la importancia de contar con un documento impecable en su lógica y soporte fáctico. Si el Tribunal termina desechándolo al menos quedará un registro histórico de los agravios contra la democracia cometidos por Peña Nieto y algunos poderes fácticos ante la pasividad de los árbitros electorales. Por eso, me quedé desagradablemente sorprendido cuando me enteré, gracias a fuentes confiables de la izquierda partidista, de los errores y omisiones cometidos por los tres partidos de izquierda y Morena. No realizaron estudios propios con la metodología adecuada para documentar los excesos en gastos de campaña, la parcialidad de algunos medios  o la compra y coacción. Sus expedientes sobre esos temas, me dicen, se armarán con lo recopilado este domingo y, en el caso de lo sucedido con anterioridad,  con la evidencia reunida por el IFE sobre el comportamiento de los medios, con notas periodísticas, con denuncias ciudadanas o con investigaciones independientes. Otra barbaridad es que se despreocuparon en combatir los ilícitos documentados por organismos independientes. En las elecciones federales del 2009 Alianza Cívica encontró que tres distritos del Estado de México tenían la mayor incidencia de compra y coacción en el país: Valle de Chalco con 56.8%, Toluca con 42.3% y Ecatepec con 38 %. Pese a que conocieron esos estudios la izquierda mexiquense no elaboró programas especiales para frenar o reducir el festival de abusos, tal vez porque no querían que surgiera evidencia de que ellos también los practican. Estaría finalmente una repetición de lo sucedido en el 2006: falló la coordinación entre los tres partidos y Morena y una de las consecuencias que eso tuvo es que, según  la misma fuente, sólo cubrieron un 63 por ciento de las casillas con representantes de partidos de izquierda (el dato requiere verificación).  El panismo y las izquierdas aceptaron competir con reglas impuestas por el PRI, el gran maestro de la prestidigitación electoral. Por eso rinden malas cuentas a los ciudadanos que les dimos el voto confiando en que lo defenderían. Me irritan ahora esas denuncias virulentas porque pienso en la displicencia con la cual han defendido nuestros votos. Las cúpulas partidistas rebosan satisfacción por ser la segunda fuerza, ¿sabrán representar a sus electores o volverán a dilapidar la energía social despertada? Es correcto que López Obrador lleve esta elección a tribunales que deben dar certidumbre democrática corrigiendo las irregularidades demostradas. Es incomprensible la reticencia de AMLO a la autocrítica porque, si esta corriente quiere cambiar al país y representar a sus electores, tendrá que transformarse a sí misma. Y rápido.

Colaboraron Rodrigo Peña González y Maura Roldán Álvarez

http://www.sergioaguayo.org/html/columnas/Laimpugnacion_040712.html

 


6 comentarios:

Anónimo dijo...

Todos los partidos hacen publicidad para convencer a los votantes de que voten por ellos.
¿Cómo se puede hablar de "compra de votos" en una democracia donde se supone que cada individuo es libre de votar? Si alguien es "convencido" de votar por algún candidato, ¿deja de estar en libertad? ¿Qué significa "comprar un voto" si el individuo es LIBRE para venderlo o hacer lo que quiera. Sólo la ignorancia o la pobreza podrían hacerlo, pero entonces, ¿cómo puede un ciudadano ser votante libremente en una democracia? ¿Cómo se le da a todo el mundo la posibilidad, el "derecho" de votar "libremente?
Todo eso es una estupidez. Todos los partidos hacen lo posible por ganar. Somos los ciudadanos los que votamos o no, venderíamos supuestamente nuestro voto por conveniencia o idelogía.

Anónimo dijo...

"Convencer al electorado" es distinto de prostituirlo... Y precisamente una democracia supondría convencer sólo con argumentos, no con estrategias publicitarias estilo Goebbels o Coca - Cola. Mucha gente se dejó corromper por miseria e ignorancia, disimular o minimizar el hecho, es validar la deshonestidad de los políticos y el fraude electoral.

Humberto Martínez dijo...

Suponer que no haya, o son "malas", las estrategias publicitarias es una ingenuidad. ¿Goebbles o Coca-cola? ¿En nuestro tiempo? El punto precisamente es ese cuando se habla de una democracia en la que se supone que los individuos ciudadanos son aptos para votar libremente. ¿Son válidos los ciudadanos que se corrompen por "miseria o ignorancia". ¿En qué consiste entonces la dmocracia que le da el derecho de votar a individuos "ignorantes", "sin ninguna educación" o "prostituible"?
¿Por qué los políticos que emplean todas las estrategias de publicidad como se hace en las sociedades contemporáneas del mundo civilizado y democrático serían "deshonestos" y no los ciudadanos que pueden elegir por quién votar? ¿No pueden los ciudadanos distinguir ningún mal de ningún bien? ¿Quiénes son los responsables aquí? ¿Está la gente capacitada para ejercer libremente su derecho al voto si no tiene ni los medios para vivir o es totalmente ignorante de saber por qué votar o por quién?
Ya se ha dicho lo suficiente sobre lo contradictorio que es hablar de fraude, pero lo que es grave es la miseria intelectual de la gente "convencida" de una trasnochada ideología de izquierda que ve la paja en el ojo ajeno y no ve el arbusto que le tapa sus ojos. Todo un fraude pero en donde ganamos. El DF tiene un clientelismo desde hace tres gobiernos con un populismo abierto, regalías y canonjías disfrazdas y corruptas peores que cualquier estrategia publicitarias.
El punto es que cuando se está convencido irreflexivamente, sin autocrítica, de una posición la persona está tan ciega y es tan corrupta como el pobre ignorante o pobre, y el caso es que también, aunque no lo acepte, ha sido "corrompido".
La cosa es más compleja, es el tipo de civilización en el que estamos viviendo y el sentido que le damos a la llamada "civilización de la democracia".

Vicent dijo...

Disculpe que me inmiscuya en esta conversación pero he de decir que el señor Humberto Martínez da la razón a Karl Marx pero desde la clase "con" en cuanto que cada individuo, cada grupo se identifica o no contra su contrario o falso "enemigo" económico, intelectual, político, etc.
Lo que tiene tener el poder de los mass media puede calificarse como tener las armas de cada clase para llevarse el gato al agua, todos sabemos que primero sentimos, luego hacemos y después y en último término se piensa (según las últimas investigaciones del discurso científico, mucho antes descubierto por Freud).
Por eso y sólo por esta razón Marx expuso su teoría de las clases, que usted podrá estar de acuerdo o no, no le quito su sentimiento. Pero el mío que es el de comer sin haber posibilidades para ello, me hace no tener otra posibilidad que robar la comida (pues lo simbólico del dinero es fundamental en sociedad para comer, vestir, alumbrarse, beber, comer, y en último término distraerse: Lucha de clases, izquierda.

Ahora claro está la derecha ha de luchar con sus armas, televisión, dinero, medios de comunicación, etc.
Si quiere llámele ricos y pobres, arriba, abajo, etc.

Pero claro, cada uno es un mundo y diferente, y lo que nos hace humanos el sentimiento, con lo cual todo lo que yo pueda argumentar si usted no lo siente no lo hace suyo. Yo siento hambre, yo no tengo dinero, yo lucho contra la clase que lo tiene para robárselo.
Más claro ¿Dios? ¿agua? ¿o quizá café? pero ni malos ni buenos, contrarios.

Vicent dijo...

Más claro y simplificado:
ocho amigos y yo vivimos en las tierras del papá de Pepito, somos 10 niños.
Pepito tiene un bocadillo y yo no.
Pepito tiene dos años más que yo.
Tengo hambre. siento.
llamo a José y a Manuel y a 6 más.
Le quitamos el bocadillo a Pepito. actúo.
_Pepito ¿quieres que lo repartamos?
_No. El bocadillo es mío tengo hambre, plantad trigo.
_Es que las tierras son de tu papá Pepito. pienso.
Pepito llama en su socorro a los Medios de comunicación, es decir a su papá y nos hace vomitar el bocadillo y nos da una paliza.
_Repartamos la comida papá de Pepito
_Es mi comida niño soberbio.
Y sigue, sigue y seguirá sin fin, nunca yo seré Pepito, porque me amo como soy, pero algo ha quedado en mi estómago del bocadillo vomitado y a cada transgresión que Freud explica de una forma, Marx de otra y Nietzsche de otra diferente algo queda en mi estómago y puedo seguir vivo.

Vicent

Vicent dijo...

Aunque es lo que le quería decir al final, nunca el papá de Pepito me comprenderá a mí ni a los tres que pude reclutar para robarle el bocadillo a su hijo, ni yo comprenderé totalmente al papá de Pepito.
El marco para no ya comprenderse, sino tolerarse es la democracia, con reglas justas.

Vicent