jueves, 10 de julio de 2008

Hospital Juan N. Navarro en peligro.


Las noticias me empezaron a llegar filtradas por la opinión de otros colegas. Alberto Sladogna (Blog: http://clinicadoctrina.blogspot.com/) fue el primero en comunicarme a principios de éste julio de 2008, a través del correo electrónico, su oposición a que el Hospital Juan N. Navarro se cerrase y se lo agradezco.
Entonces, me di cuenta de que no sabía prácticamente nada del asunto, pues no compro La Jornada, ni el periódico local (dónde, por supuesto, tampoco aparecería la noticia) todos los días y tampoco recurro a ver en el Internet las noticias que se van generando porque no acabo de confiar en un filtro que hace más importantes las travesuras de Paris Hilton, o lo bonita que es nuestra bandera, que una reunión de los G8 o el atentado al avión del candidato presidencial norteamericano Barak Obama (¿Fue eso? ¿No?).
Su texto exponía de manera sucinta, que la reubicación del centro Hospitalario equivalía al cierre del hospital y a una victoria más del poder biomédico que caracteriza el común ejercicio del abordaje de la salud mental en nuestro país y dónde escasa cabida tenemos los psicoanalistas mexicanos.
Me imaginé algunas cosas horribles cómo las que podemos esperar de nuestros funcionarios y la camisa de fuerza psiquiátrica, que no me acababan de ser claras. Me puse entonces, a investigar un poco más el asunto. Escribí a otros colegas para preguntarles qué estaba pasando y dediqué un tiempo a rastrear el conflicto en la Red.
Parece que durante el gobierno panista (conservador, para no decir inepto) del surrealista Vicente Fox, el hospital se intentó cerrar en un par de ocasiones. Una nota del periódico firmada por Ángeles Cruz Martínez (La Jornada 22.01.06) relata la ansiedad e incertidumbre de los
trabajadores ante el eventual traslado del Hospital. El Psiquiátrico Infantil en poco más de 40 años había atendido a más de 100 mil menores de 18 años con algún trastorno mental, y la mayoría de sus servicios tenía lista de espera, la cual llegaba a ser de hasta un año.
El entonces director Félix Higuera – quien consideró una prioridad en el presupuesto, eso sí, remodelar la dirección general con vidrios polarizados y alfombras nuevas – , informaba a los dirigentes sindicales sobre el proyecto; les dijo que se aplicaría en el mes de febrero, con el traslado de las áreas administrativas al espacio que hasta el año pasado ocupaban un centro de capacitación y bodegas de la Secretaría de Salud (Ssa) en la colonia Arenal, muy cerca del deportivo de la Federación de Sindicatos de Trabajadores al Servicio del Estado y del predio donde se construía el Instituto Nacional de Medicina Genómica (Inmegen).
La unidad médica atendía entonces a más de 45 mil niños al año, y el espacio que ocupa amenazaba ser cedido para la construcción de una nueva torre de hospitalización del Instituto Nacional de Cancerología, según lo confirmó a los trabajadores Enrique Camarena Robles, subdirector adjunto de los Servicios de Atención Psiquiátrica de la Ssa.
No era la primera vez que se intentaba dicho traslado. La primera había ocurrido poco más de dos años antes, cuando la Ssa estaba en busca de un predio para el Inmegen. El entonces titular del Consejo Nacional contra las Adicciones, el Dr. Guido Belsasso, notificó a varios de los médicos sobre la decisión. El proyecto se suspendió luego de que se descubrió que Belsasso incurrió en el delito de tráfico de influencias y fue descubierto de manera escandalosa por Jaime Avilés en un diario (La Jornada 18.08.03).

Este segundo empujón que se quiso propinar a los trabajadores y enfermos del hospital de enfermos mentales a una bodega, se realizó a pesar de que la Organización Voz Pro Salud Mental había declarado (La Jornada 09.10.2005) que alrededor de 15 millones de mexicanos tienen alguna enfermedad mental y 28 por ciento de la población había padecido, en algún momento de su vida, algún trastorno de este tipo. Tratándose de un problema de salud grave que se atiende con apenas 0.85 por ciento del presupuesto del sector salud.
Éste hospital psiquiátrico infantil es único en América Latina. Fundado en 1966 por la doctora Matilde Rodríguez Cabo para sacar del manicomio de La Castañeda, a los niños con trastornos cerebrales y de conducta, es un centro de investigación y una escuela que actualmente opera pese a las limitaciones de presupuesto, con lo cual cientos de pacientes de todo el país quedarían desatendidos entonces, tal y cómo ahora se pretende.
Instalado desde su fundación sobre una superficie de 42 mil metros cuadrados, el Juan N. Navarro cuenta con un personal de 50 médicos psiquiatras, cantidad que contrasta con el hecho de que hay "alrededor de 200 psiquiatras infantiles que trabajan en consultorios particulares o instituciones públicas" en el resto del territorio nacional, según compañeros del líder gremial presentes en una entrevista hecha por Jaime Avilés (La Jornada 30.01.06). Según los sindicalistas, entonces: " (brindaba) servicio terapéutico a unos 830 pacientes infantiles cada día, sin mencionar los talleres para familiares adultos que asisten a las terapias de apoyo". Está organizado en cuatro unidades: una para adolescentes varones, otra para adolescentes mujeres, otra para pacientes agudos que requieren de atención prolongada y una más para adolescentes varones con problemas específicos de farmacodependencia, y también precisaron: "Estos últimos son tratados con fondos de un programa pagado por la Unión Europea".
Los padres de los enfermos y el personal del hospital realizaron entonces una movilización activa con manifestaciones diversas, que desembocó en las oficinas de los burócratas subalternos al Dr. Julio Frenk que les confirmaron los planes y la falta de presupuesto para llevarlos a cabo. La directora de Cancerología en ese momento, la Dra. Mohar Betancourt (La Jornada 09.02.06) declaró que las instalaciones de su centro eran insuficientes y que debía buscarse modernizar los servicios, aunque rechazó que existiese la intención de despojar a trabajadores y pacientes del psiquiátrico infantil, agregaba, también entonces: "Si no hay eso, por supuesto que no queremos arrebatarle el terreno y dejarlo en condiciones más limitadas. Queremos que se optimice el servicio que presta el Juan N. Navarro y, al mismo tiempo, el del Incan. Todos somos médicos, pertenecemos al mismo sistema de salud y tenemos el mismo compromiso social con los más pobres del país" y si no podía llegarse a un arreglo: "tendremos que seguir con lo que tenemos y pensar en otras opciones para mejorar nuestros servicios, pero sin llegar a ninguna confrontación''.
Finalmente, vino la respuesta oficial y extraña – por las declaraciones previas de otros funcionarios – del titular de la Ssa, el triptofanito Dr. Julio Frenk para decir que el hospital se mantendría abierto y que nunca hubo intención de cerrar el hospital ni cancelar sus servicios, sino de modernizarlo, como parte del plan de racionalización de servicios y recursos en lo que sería la nueva Ciudad de la Salud, en la zona de hospitales de Tlalpan (La Jornada 18.02.06). Resaltaba en la conferencia de prensa en que irrumpieron los padres de los pacientes mentales, que uno de los problemas mayores de la zona era la falta de estacionamientos. Sus declaraciones, reforzaban el dicho de los directores de recursos humanos y de los hospitales federales de referencia que – dos días antes –, habían firmado un comunicado en que se señalaba que "en ningún momento se había pretendido cerrar el hospital, en virtud de la importancia que representa que ese nosocomio proporcione sus servicios de manera integral y multidisciplinaria al cien por ciento de la población que lo solicite".
Hoy día los acontecimientos nuevamente se precipitan y las palabras que habían proferido los funcionarios en defensa de sus puestos y ante el descontento general de trabajadores y usuarios de los servicios hospitalarios, han caído en el olvido.

Quizá sea ese el destino de la salud pública (y educación) en general, ser una renta incómoda para el gobierno de la cuál trata de desembarazarse ó a la cual intenta aplicar criterios de operatividad industrial.
En este momento, el actual político en turno en la secretaría de la Ssa del gobierno de Calderón, el Dr. José Angel Córdova Villalobos
[1] (médico cirujano, maestría en administración pública y severo crítico de la promoción del condón como preventivo para las enfermedades sexuales, promotor de la abstinencia en la planificación familiar. Excélsior[2] 11/01/07), afirma que el edificio se está “cayendo” (La Jornada 14.06.08) y que debe cerrarse para que en ese predio se construya una torre, ampliación del Instituto Nacional de Cancerología y un estacionamiento para dichas instalaciones. Descartó la posibilidad de construir un hospital nuevo, como lo exigen los trabajadores, porque en el presupuesto de este año no están previstos recursos económicos para este fin. No obstante, dijo, es un tema que se va a analizar para el próximo año. “Vamos a ver, de acuerdo a las necesidades porque también tenemos que optimizar los recursos, según la demanda de servicios. Los hospitales tienen que mantener una ocupación de 70 por ciento”.
Declaraciones nada extrañas saliendo de quien encabezó las manifestaciones en contra de la píldora del día siguiente, y que en una entrevista con Ángeles Martínez (La Jornada 25.11.06) aseveró:
P: ¿Está usted comprometido con el derecho a la salud, incluidos los sexuales y reproductivos?
Córdova: Es sólo el derecho a la salud, porque si le llamamos derecho a cada cosa, habría derechos digestivos o respiratorios. El derecho a la salud debe ser completo y pasa integralmente por una información y educación para la salud...
Todo esto parece descabellado en grado superlativo y si no fuese tan serio el asunto darían ganas de reír a carcajadas. Estamos frente al más importante acontecimiento en psicología y salud, medicina y cuidado de las enfermedades mentales de nuestro país, y para muchos de nosotros la cuestión ha pasado de noche, siendo tan grave. La lógica que parece imperar es la redituabilidad financiera y política del tratamiento a éste tipo de enfermos. Resulta más barato tratar a un enfermo de cáncer seguramente que a uno mental, y la recuperación de ambos en un análisis horizontal, debe arrojar como más sustentable (palabra favorita del neoliberalismo) el tratamiento a unos que a otros.
Nuevamente hay que mandar a la nada a los locos, van a la Stultifera Navis a vagar sin rumbo, no es casual que la primera vez que se quiso reubicar a los niños, se les intentó enviar a lo que fueron archivos y bodegas. No son productivos, no son comprensibles, es una renta inútil la inversión en su tratamiento, quizá ni siquiera pueden considerarse enfermos, ni tener derecho a atención, porque son desechos de la sociedad en los que debe invertirse lo mínimo.
¿Por qué un enfermo de cáncer es más importante que uno mental? Se piensa quizás, que lo único que gastan es recursos que pudieran utilizarse para el tratamiento de otras enfermedades (físicas y reales) que no representan ningún tipo de duda para la mente simple y que nadie pondría en tela de juicio que deben tratarse, por ser un patente riesgo de salud para cualquiera de la población, a diferencia de la locura que ataca solo a los menos aptos para la sobrevivencia.
Ésta clase de pensamiento pragmático, sin embargo, equivale a quitar el pan a un hambriento, para darlo a otro. La metáfora no es afortunada, porque en realidad se trata de un derecho y no una limosna, aquello de lo que gozan los pacientes que van al hospital. Sería más pertinente decir, que se despoja de un derecho a un sector de la población en beneficio de otro. No hay ninguna razón por la que deba quitarse un servicio que está marchando y adjudicarle ese espacio a otro tipo de enfermos, sobre todo, cuando se dice que no hay presupuesto alguno para el tratamiento de pacientes mentales. Un manifiesto de los trabajadores y padres de familia, hace notar que: “El estigma, la discriminación y el desconocimiento de los problemas de salud mental se reflejan también en las políticas de salud y las decisiones de asignación de recursos y prioridades”.
Estos criterios que hoy rigen toda la administración pública y social, van en contra del concepto de Estado benefactor tal y cómo se ha concebido y desarrollado en algunos países europeos, a favor del modelo norteamericano que privilegia el negocio de las aseguradoras sobre la salud y atención social del ciudadano.

Y dejemos al margen, por no tener los datos a mano, de lo que costará el proyecto de la nueva torre y a quién ha sido ya adjudicado el contrato que con tanto empeño se quiere llevar a cabo.
Las necesidades de Cancerología son reales y urgentes, pero no deberían cubrirse descobijando a otros y desplazando de su sitio a un hospital que debiera ser, más bien, atendido en sus necesidades. Y la construcción de estacionamientos como una necesidad primaria, habla de un proyecto urbanístico inadecuado, que sigue promoviendo el uso del automóvil particular en el DF.
Al parecer, la propuesta para la reubicación del Hospital Juan N. Navarro, es una construcción vertical con oficinas sin infraestructura para consulta y hospitalización, que reduciría significativamente el número de camas, amén de que limitaría las facilidades para realizar el trabajo de diagnóstico, atención, docencia e investigación que actualmente se realizan.

Bernardo Bidart, coordinador general de hospitales de la Secretaria de Salud, dio a los padres de familia, seguridades de que la nueva sede del hospital será más amplia, más segura y de mejor calidad, que la que actualmente tiene el "Juan N Navarro". Los manifestantes señalaron que no entienden como se puede decir que será más amplio cuando el terreno de la nueva sede tiene 20 mil metros cuadrados, que es la mitad de lo que actualmente tiene el psiquiátrico infantil y reduce a 60, las 120 camas que actualmente operan en el hospital (El Universal 04.07.08).
Quizá sea duro decirlo, pero se trata de la misma lógica del plan que en la Alemania nazi decidió la esterilización primero, y la muerte después, de los minusválidos, locos y retrasados mentales de las instituciones de salud, tal y cómo nos lo mostró la impactante película Amén (2002)) de Costa – Gavras. En ese caso se llevó al extremo eficiente, sin ninguna duda, el mencionado criterio administrativo de rentabilidad y sustentabilidad tan caro a nuestros administradores.









[1]A sus 54 años de edad, José Ángel Córdova se describe como un hombre espiritual, “pero eso no quiere decir que sea muy religioso”. Su vida profesional y política ha sido formada en Guanajuato.
Fue presidente del Consejo General del Instituto Electoral del Estado de Guanajuato, del periodo 1997-2002 y director de la Facultad de Medicina de la Universidad de ese estado, de 1990 a 1997. De diputado federal en la pasada legislatura, en la que presidió la Comisión de Salud, pasó a ocupar el máximo cargo de la Secretaría de Salud (Universal 17.01.08).
[2] Córdova habla de las críticas que ha oído, leído o intuido a la promoción abierta del uso del condón. Y dice "Creo que debe privilegiarse, sobre todo, lo que es educación, debe privilegiarse la promoción de la salud y deben privilegiarse las acciones que tienen más impacto Se le pregunta cuáles son, y responde:
"Es que de repente hay acciones que más que prevención parecían hacer porción de prácticas de mayor riesgo. Por ejemplo, dentro de las campañas de no discriminación había algunas que parecían más promover el homosexualismo, que evitar la discriminación a los homosexuales y dices, bueno, ¿quién hizo estos spots?, ¿se trata de no discriminar o se trata de promover algo? Creo que en este sentido hay que ser muy críticos y el objetivo de hacia quién va dirigido, qué se trata de hacer, debe ser muy claro".

1 comentario:

Anónimo dijo...

SE TE AGRADECE TU ATENCION HACIA ESTE TEMA TAN SATANISADO POR LA IGLESIA Y OLVIDADO POR LOS LLAMADOS SERES "HUMANOS" PALABRA QUE NI ELLOS CONOCEN SU SIGNIFICADO.
YO TENGO ESQUIZOFRENIA Y ME DA RABIA VER COMO TIENEN A LOS INTERNOS LOS EXPLOTAN Y HUMILLAN , YA SEAN NIÑOS O ADULTOS VIVIENDO EN CONDICIONES INHUMANAS Y EN MUCHOS CASOS ADULTOS Y NIÑOS CONVIVIENDO JUNTOS.
PERO ALGUN DIA TERMINARA.....

Christopher Bollas: Mental pain

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