domingo, 29 de noviembre de 2009

SECTOR 9: Xenofobia y racismo en un futuro no imposible.

District 9 (Neill Blomkamp, Nueva Zelanda 2009)

Los cortos prometían una buena película de science fiction, entretenida y con ciertos toques de originalidad. El apoyo para la producción por parte de Peter Jackson, era una recomendación importante, a pesar de que el director se trataba de un desconocido nacido en Sudáfrica.

La verdad, es que para mí fue una verdadera sorpresa encontrarme con este filme, que resultó ser el mejor de science fiction que he visto desde el Quinto Elemento (1997), o The Matrix (1999), y a la altura de clásicos extraordinarios como The thing from Another World (1951), The day the Earth stood still (1951), o Blade Runner (1982), destinada a ponerse al lado de estas películas, como una obra de arte extraordinaria, con un discurso filosófico y político pasmoso que ofrecer, además de diversión.

Me emocionó mucho que aún haya nuevos directores, como éste de apenas 33 años, con ingenio e inventiva, que saben afrontar las dificultades que suponen los costos de producción limitados en un gran proyecto como lo es District 9, y que haya también personas como Jackson que estén dispuestos a apoyar a los jóvenes aún en contra de los obstáculos de una industria complicada que antepone siempre las ganancias económicas al arte.

Al parecer el proyecto original, era conseguir el financiamiento de la franquicia del juego Halo, para producir la primera película del director Blomkamp, pero de alguna manera el asunto no prosperó y el proyecto alternativo que Jackson apoyó sin restricciones, fue precisamente la película de la que hoy hablamos, con un presupuesto de 30 millones. Puede parecer mucho para nuestros estándares, pero si tomamos en cuenta que otras películas de science fiction estrenadas este año costaron considerablemente más (Surrogates 80 millones, Terminator 4 nada más que 200 millones y la inútil nueva versión de The day the Earth stood still 80 millones de U.S. dollars), sin convencernos del todo… Surrogates estuvo a punto de ser una buena película por el guión tan original, pero necesitaba otro director, Michael Rennie como Klaatu era insustituible… tendremos que aplaudir abiertamente a District 9 y darle la mayor de las calificaciones posibles.

La película basada en un corto extraordinario de 6 minutos del mismo director Alive en Joburg (2005) invierte el argumento natural de las películas de science fiction, al contar una historia en la que los aliens se convierten en los seres perseguidos, discriminados y atormentados por los humanos, en un movimiento social discriminatorio que combina racismo y xenofobia. Viendo el corto, uno puede darse cuenta de que muchas de las ideas estaban ahí esperando por una oportunidad de desarrollarse y hacer la gran película que finalmente llega a la pantalla grande.

La historia parece simple. Hace 30 años llegó una nave espacial alien y se posó sobre Johannesburgo, fue investigada por los humanos y en ella se encontraron desnutridos, hambrientos y enfermos a los langostinos (cómo se les llamará despectivamente), que fueron bajados a tierra, primero atendidos con la habitual politiquería hipócrita de los buenos anfitriones y luego marginados, arrumbados en una ciudad perdida, en una favela dónde comparten su suerte con otros marginados que son prácticamente delincuentes: los nigerianos.

Destaca que son manejados, no ya por el gobierno, o las Naciones Unidas, cómo sucedía en el corto de 2005, sino por una empresa privada (MVU) que ahora se hace cargo de la seguridad y cuyo principal interés es apoderarse a cualquier costo y sin ningún freno moral de la tecnología alienígena. El orbe del futuro es un mundo cruel, aún lleno de pobres, de policías y soldados mercenarios despiadados que a la menor provocación usan su entrenamiento para la crueldad y el terror. Tras de muchos años de no lograr su objetivo, los empresarios deciden moverlos, para llevarlos a otro lugar mucho peor, que suponemos puede ser un campo de concentración y exterminio como los que usaron los nazis al aplicar la solución final.

El encargado de la operación, es el yerno (Wikus Van De Merwe) de un alto ejecutivo de MNU, escogido sin que del todo sepamos, si se debe a razones de favoritismo o simplemente de encontrar un responsable fácil de culpar si fracasa la maniobra. Su servilismo a la compañía es evidente, pero también se muestra su deseo de realizar sin violencia la operación, en contra de los soldados destacados que están en el campo.

Los aliens deben ser desalojados y firmar su acuerdo a cambio de una lata de comida de gato o simplemente notificados en un simulacro legal que sólo busca justificar un acto a todas luces injusto. No tienen ya armas los extranjeros para defenderse, porque se las han confiscado o han tenido que venderlas a los nigerianos para sobrevivir todos estos años. La película está contada al principio en un tono semidocumental que hace las escenas no muy pulidas a propósito y que juega con la interiorización en el problema por parte de un grupo de reporteros, tomando como base entrevistas a científicos, compañeros de trabajo de la empresa, historiadores, sociólogos, habitantes de Johannesburgo, y tomas en el campo del Sector 9, también… escenas de la familia Van De Merwe.

En el curso de la maniobra Wikus topa con unos aliens, más inteligentes que los demás que son considerados idiotas, han decantado y producido un líquido que serviría de combustible para una embarcación comando que serviría de centro control a la nave nodriza, permitiéndoles regresar a su casa. Puede uno imaginar que sería lo lógico si mandásemos una nave espacial a otra galaxia, la mayoría de los astronautas serían obreros que no sabrían componer la astronave, tal y cómo usted o yo no sabemos arreglar el radiador del auto.

Al tratar de desalojarlos, se enfrenta a uno de ellos y luego se encuentra con el cilindro que contiene ese carburante biológico que se dispara de alguna manera, produciendo una reacción que le llevará a transformar en corto tiempo su cuerpo en una mezcla biológica entre humano y alien.

Al ser descubierto por sus jefes y compañeros, se le traslada a un lugar secreto dónde se realizan experimentos estilo Mengele, que no tienen otro propósito que encontrar el secreto del uso de sus armas, escondido todos estos años. Al parecer sus armas sólo pueden ser disparadas por el ADN vivo de los aliens y ellos se han negado a usarlas en un arranque ético del que los humanos carecen. Los científicos laboran afanosamente como viles esbirros del patrón, al estilo que Wernher Von Braun, Walter Schreiber, o Hans Ziegler trabajaron primero para los nazis y luego para los norteamericanos, en ese laboratorio secreto en el que se acuerda hacer pedazos a Wikus con la anuencia de su suegro. Los nigerianos que parecen salvajes sin orden, quieren en realidad obtener el mismo fin que los científicos pero a través de la magia. Difieren en sus métodos pero su meta es la misma, controlar las armas y dominar la fuerza que ellas acarrearán.

Se descubren los peligros de dejar en manos de las empresas trasnacionales el interés público, al estilo que hoy estilan gobiernos como el mexicano, y el engaño político de los acosadores humanos que demuestran ser menos compasivos que los aliens, quienes se muestran ingenuos y hasta estúpidos en relación con la malevolencia de los terrestres.

Los humanos son mentirosos, brutales, sanguinarios, desalmados. Sobreponen a la obtención del poder y el éxito económico, cualquier consideración.

El padre miente a la hija, los medios a la población, el gobierno a sus ciudadanos. Nadie puede llegar a saber la verdad en este embrollo y Wikus, se alía con el alienígena nombrado por el humano y más que humano nombre de Christopher, para recuperar el cilindro e intentar volver a su estado normal. Sharlto Copley que por primera vez actúa, se encuentra no sólo convincente sino perfecto en el papel de un hombre que va descubriendo la porquería en que ha estado metido y la inhumanidad de sus empleadores, compañeros y familiares, incluso es acusado de haber sido contagiado de un virus que provocó su mutación al tener comercio sexual con alienígenas.

Sobre la marcha, rescatan el combustible extraño, pero el cambio deberá ser pospuesto a fin de que el alien ayude a sus semejantes. La noticia disgusta al mestizo y en medio del conflicto son capturados por los soldados. Después, Wikus pasa a mano de los nigerianos, siendo ayudado por una armadura y Cyberobot manejado por el hijo de Christopher.

Al final, de pronto, Wikus se encontrará ayudando a los aliens sin que sea por razones del todo personales o de mutación biológica, sino por una identificación humanitaria y de justicia con el desposeído, el alien proletario, el descalzo marginado, la víctima de la injusticia. La conclusión es sorprendente y tierna, deja algo para los humanos pero no demasiado.

La película magnífica, expresa que un langostino puede tener más humanidad que un terrícola al servicio de los intereses capitalistas. Nos muestra en escenarios reales que auténticamente han sido usados por marginados, el grado de desvergüenza al que pueden arribar los poderosos frente al desamparo de los desprotegidos. Al parecer gran parte del argumento fue inspirado por la infancia del director ocurrida en Sudáfrica durante la política del apartheid, pero a mí particularmente me recordó la triste situación de los kurdos, y sobre todo de los palestinos que viven hacinados en su propia tierra y expuestos a las agresiones y caprichos del criminal e injusto Estado de Israel.

¡Qué gran película! Deseamos ver más de este increíblemente talentoso director en el futuro.