jueves, 7 de abril de 2011

Leonardo Tenorio: el PRI.

Tras repetir trece veces al frente del Poder Ejecutivo -Legislativo y Judicial- el PRI entregó un país en quiebra, con recursos naturales hipotecados, la administración pública petrolizada, sin soberanía alimentaria, sin ciudadanía, sin elecciones libres - sobre todo en los estados -, paramilitarizado…

El PRI proscribió – y mantuvo proscritos durante su dictadura de casta - los derechos políticos de los habitantes de la ciudad de México al impedir la elección de Jefe de Gobierno y delegados.

El PRI dio a luz a una retórica horrorosa -por la solemnidad hipócrita con que se practicaba - y esquizofrénica –por la manera en que sus actos la desmentían-, en abierto desafío a la inteligencia humana y a la dignidad de la ciudadanía, a la cual mantenía bajo control mediante su sistema de clientelas, mediante la monopolización de la vida pública y mediante la represión y la guerra sucia.

El PRI se esmeró en impedir el enriquecimiento colectivo y permitió el enriquecimiento ilegal de personajes atrabiliarios, cuyas carreras políticas acogió y fomentó.

El PRI fue por el mundo – con cargo al erario - divulgando una imagen falsa de México.

El PRI imposibilitó la impartición de Justicia.

Ni un solo día del reinado del PRI hubo libertad de expresión.

El PRI ha socavado la dignidad ciudadana de sus miembros y simpatizantes al someterlos al acarreo, a la cargada, al dedazo, a la misma corrupción, al crimen.

El PRI saboteó la emergencia de la ciudadanía y fomentó en cambio la figura del representante profesional, con fuero vitalicio, sólo esporádicamente sujeto a la ley, modo de vida que aun goza de prestigio y levanta suspiros entre los más descarados y ambiciosos de nuestros vividores.

El PRI arruinó la industria cinematográfica mexicana.

El PRI arruinó la agricultura mexicana y fomentó entre los suyos el latifundismo.

El PRI se solazaba de monopolizar la inteligencia nacional, cuando sólo monopolizó la lambisconería.

El PRI llevó al poder (a la Presidencia de la República) a quienes combatieron con las armas a Francisco I. Madero.

El PRI abdicó la poca legitimidad que la veneración hipócrita de algunos principios de la revolución todavía le significaba, dedicándose a combatirlos descaradamente, pero sin dejar de invocarlos, ya no uno por uno, sino –imaginariamente- agrupados todos en el asombroso pleonasmo de ‘la justicia social’.

El PRI confiscó a los trabajadores el derecho a organizarse y falsificó su voluntad sustituyéndola por la voluntad de los patrones, haciendo burlonamente de viejos decrépitos y millonarios respetables “líderes” “obreros”.

El PRI falsificó los sucesos del pasado para acomodarlos de modo que la usurpación que venía practicando de la voluntad nacional tuviera una justificación.

El PRI – directamente el PRI - creó grupos paramilitares que dispararon contra la ciudadanía y contra el mismo ejército en diversas ocasiones.

El PRI practicó de modo campante el asesinato político de sus adversarios y de su propia gente.

El PRI permitió el espionaje norteamericano en embajadas extranjeras.

El PRI tomó parte en intentos – fallidos y exitosos - de derrocamiento de gobiernos extranjeros.

El PRI generó el legítimo desprestigio del ejército al hacerlo combatir contra los rivales políticos de partido.

El PRI auspició y auspicia los sultanatos de los Gobernadores de los Estados, intocables, infalibles, ínclitos: caciques de los que depende su maquinaria electoral y su estructura clientelar, entre otros negocios.

El PRI provocó la emigración de decenas de millones de mexicanos a los EU.

El PRI se robó el retiro (calculado por investigadores de la UNAM en “septillones” de pesos) de los braceros que entre 1940 y 1964 trabajaron en los Estados Unidos. El 10 por ciento del salario –durante veinte años- de al menos 5 millones de trabajadores.

El PRI saboteó la aplicación de la Constitución política de los Estados Unidos Mexicanos.

El PRI nos restregó en la cara representantes falsos, ataviados como guaruras, peinados con mole, que nadie había designado a no ser el presidente en turno.

El PRI se asoció con los narcotraficantes en el negocio del narco y en el de la política.

El PRI declinó ejercer el monopolio de la violencia física legítima propia del Estado en vastas regiones del país, dando origen al sistema de “plazas”.

El PRI convirtió las legislaturas estatales en lugares ignominiosos y, por lo demás, desprovistos de todo poder, salvo el poder cumplir las órdenes del gobernador.

El PRI devastó los recursos naturales del país.

El PRI vetaba ciudadanos para que no ocuparan cargos de elección popular.

El PRI fomentó el uso privado de los bienes públicos entre sus miembros distinguidos, incluida la Diana Cazadora original y cientos de miles de objetos y propiedades e instalaciones y presupuestos.

El PRI hizo que México fuera el primer lugar en consumo de coca-cola.

El PRI no hizo ni hace nada por evitar que los mexicanos se hundan en la superstición y el fanatismo religioso, al contrario, y es que sus clientelas son las mismas que las de las religiones, y sus mecanismos, hartos parecidos.

Todos los ex presidentes del PRI se hicieron ricos.

El PRI espió a los ciudadanos con fines no sólo políticos, sino de sola extorsión.

El PRI eliminó del espectro de lo humano a los pueblos indios.

El PRI hizo que en México existieran algunos de los municipios más pobres del mundo.

El PRI creó uno de los mercados de prostitución al aire libre más grandes del mundo en La Merced.

El PRI terminó de aniquilar el ecosistema de la ciudad de México mediante la sobrepoblación y otras violencias.[1]

El PRI creó el ‘liderazgo’ de Elba Esther Gordillo, de Fidel Velázquez, de Napoleón Gómez Urrutia, multimillonarios todos. Y aniquiló el de Othón Salazar, el de Demetrio Vallejo, el de Valentín Campa y muchos otros por negarse a defender los intereses de los patrones.

El PRI asesinó en mayo de 1962 a Rubén Jaramillo y a toda su familia para evitarle incomodidades al presidente Kennedy durante su inminente visita a México.

El PRI creó el Partido Verde con el objeto de sabotear la existencia de un verdadero partido verde mexicano, que sigue siendo urgente.

El PRI firmó, de manera ilegal, convenios internacionales, y sobre todo ‘cartas de intención’ por medio de las cuales renunció a la conducción del país y enajenó la soberanía nacional en el más elemental de los sentidos al poner las políticas públicas en manos de intereses ajenos a los intereses de la república.

El PRI ha saboteado la “transición democrática”, e incluso ha tratado de falsificarla, llegando a alucinar que ya ocurrió y que se la debemos.

El PRI no se lavó las manos ni siquiera en agua sucia, como se lo recomendaron. El PAN le ofreció hacerlo y se las lavó en agua puerca y con las patas.

El PRI no es Partido (es una manera de ser); no es Revolucionario (es claramente reaccionario) y no es institucional… O quizá sí. Estas son sus instituciones: el dedazo, la cargada, el fraude, el reparto de despensas, el albazo, el carro completo, la operación tamal, el ratón loco, el carrusel, el chayote, el coscorrón, la Suprema Corta…

El PRI no ha mostrado vergüenza por ninguna de estas prácticas.


[1] Al comenzar la revolución la ciudad de México tenía 700 mil habitantes.

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