jueves, 1 de enero de 2009

Tiempo, vida... años que pasan.



Ayer 31 de diciembre de 2008, celebró su cumpleaños mi tía Irene. Hoy tiene 86 años. Es una mujer que fue muy bella y lúcida (la primera foto es de 1944), hoy una anciana hermosa, de magnífico humor, que todo se le olvida, pero que se conserva bromista frente al mundo, a pesar de que uno pensaría que no tiene o tendría muchas razones para estar así después de todo lo que vivió.

Sin embargo, se mantiene sana, optimista y contenta... sin por cierto, haber necesitado de un Dios para vivir tranquila con los demás y consigo misma.
Pienso en mi futuro, en los años que vendrán... ¡¿Cuánto es lo que una persona llega a vivir?! ¿Cuánto es lo que vale también la pena vivir? Antes de que que las enfermedades, el deterioro del cerebro y del cuerpo en general le afecten a uno hasta que se olvide uno de quien es, de lo que fue y deje de importarle lo que será... Freud en el Malestar en la Cultura decía que uno de los tres motivos que se oponen para que uno alcance por completo la felicidad es precisamente el propio cuerpo (los otros dos son: la naturaleza y ¡el prójimo!).

Quizá son preguntas que ella nunca se hizo, y no necesitó hacerse... tuvo una carrera tan profesional como la pudo tener en su momento, fue como enfermera directora hasta de un hospital en la montaña allá por Naolinco, también construyó más de dos casas hasta dónde yo tengo memoria, tuvo una vida afectiva rica... fue querida y amada por muchas personas. Su único hijo tuvo una carrera universitaria que le llevó hasta el doctorado en musicología y ser concertista de Bellas Artes.
Hoy vive cuidada... cerca de familiares... sin más preocupaciones que escoger entre cenar pan dulce o atole con tamales.
¿Es esto la vida? ¿Acaso no es más compleja o más simple?
Ella parece bastante feliz... esperemos que yo llegue la mitad de bien a esa edad, si es que llego. Me parecen éstas, gratas imágenes para comenzar un incierto año...


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