lunes, 19 de octubre de 2009

El exorcista: 4 y 4 bis.


Había visto hace poco The Exorcist (William Friedkin 1973), probablemente una de las más aterrorizantes películas de la historia del cine. La versión modificada que hoy se ofrece al cinéfilo como sin cortes. Contiene más de 10 escenas que en el estreno no aparecieron y que la hacen aún más impresionante, por ejemplo, Linda Blair bajando por las escaleras con el cuerpo literalmente volteado en una posición imposible que horroriza al espectador. Al parecer, fueron eliminadas a última hora por las críticas de los productores sobre el director, que pensaban había hecho una película demasiado grosera y ruda, en la que incluso se veían los cables si uno ponía atención.

La película fue un completo éxito de público y crítica, probando una vez más que los productores y juicios de las compañías fílmicas no son precisos y suelen equivocarse.

Verla después de 25 años o algo así, no le quita nada de su poder. Sigue siendo un filme extraordinario que en su momento se convirtió en una vivencia que no todos podían experimentar y que causó además de repulsión, varios infartos. Friedkin había hecho un clásico más en su carrera después de filmar French Connection (1971), y se situaba con esta película como uno de los directores contemporáneos más importantes de la industria.

Se me ocurrió el domingo, mirar en la televisión, la secuela No. 4 (Dominon: Precquel to the Exorcist, 2005) de lo que se volvió una franquicia a nombre de W. P. Blatty, autor de la novela original. La exhibían por enésima vez, pero no había tenido la oportunidad de verla completa y compararla con su casi gemela (Exorcist: The beginning ,2004) que personalmente me había gustado mucho. Sí, porque de la película que muestra a Stellan Skarsgård, como el padre Merrin (personificado en el filme de Friedkin por el inmortal Max Von Sidow), trabajando en África, muchos años antes de su “reencuentro” con el mismo diablo en el sereno Georgetown… hay dos versiones muy diferentes.

La primera es del extraordinario y poco convencional director Paul Schrader que realizó la película por encargo de Morgan Creek Productions, en Hollywood. Él es conocido por su trabajo también como guionista y escritor, habiendo dado como productos trabajos tan excepcionales como el guión de Taxi Driver (1976) o la extraordinaria segunda versión de Cat people (1982)… y no olvidemos el admirable y obsesivo proyecto fílmico Mishima: A life in four chapters (1985), que le puso fuera de la gran industria fílmica por su dedicación y parsimonia en la realización.

Al parecer, justo al terminar la película fue despedido, por la compañía que tembló ante la posibilidad de que el filme fuese un fracaso de taquilla y estaba convencido de que la dirección había sido muy a la estética Schrader sin atender a los supuestos requerimientos comerciales.

La película fue planeada de una manera particular, la fotografía es del grandísimo Vitorio Storaro (Apocalypsis now, 1979), quien realizó un trabajo extraordinario de luces y sombras, color e imágenes que hace a ésta y la otra película realmente perturbadoras. Al parecer los productores no pusieron mucha atención en el guión que se le proporcionó al director, si hubiesen tomado más interés en examinarlo, estarían al tanto del tipo de película que iba a realizar. El caso es que, pensaron que había manufacturado una película no tan espeluznante como la que deseaban.

Entonces se contrató a Renny Harlin, un director hábil − más artesano que artista − , que ha realizado un montón de películas de acción y suspense, entre las que se cuentan Die Hard 2 o Night on Elm Street 4. Es un caso único, al parecer, en la misma industria de Hollywood. Se transformó el guión y se cambiaron cuestiones fundamentales de la historia, amén de que se relevó a un par de actores de encarnar a ciertos personajes.

La versión que se ofreció primero al público fue la segunda, cuenta la historia de un sacerdote desencantado de su oficio (ante el silencio de Dios en la 2ª guerra mundial, y su indecisión frente al poder), que ha dejado su profesión para trabajar en sus intereses arqueológicos en Kenya, África. Él va en busca de una reliquia por la que le van a pagar pingües beneficios. Allí se encuentra con una doctora (Izabella Scorupco) que atiende a los nativos en un pequeño poblado en una colonia inglesa.

Esta versión está llena de referencias a la obra de Friedkin y guiños al espectador, no así Dominon que podría verse independientemente de no conocer la historia original. A diferencia de Schrader, ahonda menos en el dilema moral que representa para Merrin su encuentro con los nazis. Mientras que Schrader hace de esta escena el núcleo de su pérdida de fe, y autoconfianza, Harlin la toma como un hecho importante para la configuración del personaje, pero no un recuerdo fundamental que modele su vida. Schrader toma la dimensión humana del personaje, su vacilación será el inicio de una ruta de culpabilidad y pérdida del sentido de la vida, sus demonios le persiguen y son en los que él profesa más que en el Mal mismo que se aprovecha de su hesitación. Harlan hace una historia dónde se confrontan de forma más sencila el Bien y el Mal, una batalla con muchas víctimas y muertos. Stellan Skarsgård está genial en las dos versiones y se involucra plenamente en los dos proyectos, asumiendo a su personaje distinto en ambas realizaciones.

Harlin inclina más la película hacia Indiana Jones que hacia Sophie’s Choice. No significa esto que su visión desmerezca frente a la de Schrader. Es desafortunado el final de Dominon, dónde Merrin logra vencer a las fuerzas del Mal y evita la masacre de los soldados, así como la muerte de la doctora Rachel, que pasa en la historia a ser una especie de Madre Teresa. Y afortunado el final de la película de Harlin dónde no puede evitarse la catástrofe y la sangre corre como río, pues impresiona más el poder del Mal (otro nombre del deseo) frente a la impotencia y castración del hombre.

La película de Schrader construye poco a poco a un personaje (Cheche), que será fundamental en el guión. Un paciente deforme, lastimado, con un leve retardo mental, pasa a ser poseído y convertirse en una figura del mal con connotaciones orientales, que se muestran claramente en su cuerpo demoníaco flotando con las piernas en flor de loto como si fuera una especie de Buda. Es la lucha de Occidente contra Oriente, la que también está en juego en ambas películas. Aunque por otro lado, también está presente (más en Schrader) la dimensión anticolonialista − muy impresionante −, que equipara a los nazis con los soldados ingleses. Fuera de los uniformes, el idioma y la geografía son los mismos animales imperialistas que desprecian y sacrifican sin tiento alguno a sus conquistados.

Cheche vence al padre Francis que fue personificado por un endeble Gabriel Mann, y uno desea que salga bien pronto de escena. Le da a Merrin en la historia de Schrader, la oportunidad de volver atrás y enfrentar con valor a los nazis, sólo para hacerle comprender que la Voluntad de Dios es malvada o impotente ante el Mal, parece haber leído a Epicuro con cuidado y le rearguementa con su prueba contra la existencia de los Dioses. Le invita así a unirse a él y cambiar de bando, Merrin es obstinado, el amor al prójimo le da fuerzas y desecha la lógica diabólica para prevalecer en su fe por un Dios bueno.

Cheche no está en el guión de Harlin, que adopta como figura poseída por el Mal a un niño de rostro ingenuo y contento: Joseph (Remy Sweeney). No hay en esta elección más intención que producir la sorpresa, el miedo y la indignación del espectador. Es un resorte fácil, pero efectivo. Merrin en la versión de Harlan lo libera fácilmente, pero no puede evitar que el demonio se corra como síntoma hacia el cuerpo de su amada. Los efectos especiales de la versión de Harlin son más toscos, y algunos de ellos no acaban de convencer, suponemos que no fue totalmente su culpa pues quizá trató de aprovechar al máximo los restos de la primera película anterior. No debe ser fácil trabajar con la pedacería de otro, y en un set que fue originalmente planeado para otro proyecto.

A mí personalmente, me gusta más el casting que coloca a Izabella en el papel de Sarah pues amén de ser una mujer más bella y seductora, parece en todo sentido más humana. En la versión de Schrader, Clara Bellar encarna a la doctora Rachel y no convence del todo, como objeto del deseo de Merrin. Uno se pregunta qué habría pasado si la versión de Schrader hubiera incluido a Izabella, creo que habría ganado en estética pero también en vigor, porque ella proyecta una personalidad mucho más fuerte y sensual, menos agónica.

Yo prefiero el giro argumental que convierte en demonio a la doctora y que termina con la muerte de ella como única liberación posible del demonio. También hay implícita la afirmación de que la liberación del deseo y la sexualidad, es conseguible sólo al alcanzar la muerte.

El final de Harlin hace que Merrin enfrente a su patrón con dignidad y que se vuelva hacia la Iglesia. Muerta su amada, no le queda más remedio que seguir el camino de la fe y dedicar su vida a la lucha contra el Mal. El final de Schrader es más sencillo, simplemente vuelve de regreso a su vida de cura. Hay quienes ponderan la versión de Schrader sobre la de Harlin, al punto de pensar que la segunda es una verdadera porquería innecesaria... innecesaria tal vez... pero no porquería, a mí me resulta muy entretenida.

Los dos filmes fueron un fracaso de taquilla, no así de crítica. Las opiniones se dividen y la mayoría concede a Schrader mayor trascendencia estética y moral, su versión fue liberada después del fracaso del repuesto. Para Blatty la versión Dominon es la definitiva. Quizá Harlan haya actuado más con recetas probadas, pero tampoco produjo un filme despreciable. Recomiendo ver ambas (asumiendo que no son obras perfectas), incluso en el orden cronológico en el que fueron hechas, así entiende uno mejor los cambios que introduce Harlan que toman en cuenta las elecciones de Schrader. En este caso, no se cumple el dicho: nunca segundas partes fueron buenas.





2 comentarios:

mimi calores dijo...

Hola, descubrí su blog buscando algo sobre Cronenberg, también posteo un comentario en esa entrada. Esta entrada me parece muy interesante. Concuerdo con usted en la visión que se plantea de lucha entre oriente y occidente. ¿Consideraría usted que es una forma de afirmar a occidente como el bueno? Ya que el mal está localizado en África y también hay una satanización de la sexualidad en las dos primeras pelis no?? Y hay una necesidad de afirmación de EU como el imperio "bueno" frente a los alemanes e ingleses "malos" verdad?

Espero su respuesta. Muchas gracias.

JULIO ORTEGA B. dijo...

La lectura de que los "buenos" son los occidentales es más que posible, también la de que los EU son más "civilizados" que los alemanes y los ingleses. La sexualidad aparece en ambas como un lugar peligroso, que es preferible evitar... concuerdo con sus comentarios y los agrego a la crítica. Saludos y gracias por visitar el Blog...

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